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14Abr/13

CERRÉ LA PUERTA. BAJÉ LAS ESCALERAS… ANA MARIA MOIX, ÚNICA

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Lo descubrí con la frente apoyada en el escaparate…

Lo descubrí con la frente apoyada en el escaparate
de la pastelería y en los ojos blancos, increíbles, le reconocí:
Era Hitler y estuve a punto de decírselo: te ves más viejo
desde la última vez. Pero me pareció tan triste
que hice como si no le conociera.Cerré la puerta. Bajé las escaleras. Tropecé con el sereno…

Cerré la puerta. Bajé las escaleras. Tropecé con el sereno….

Cerré la puerta. Bajé las escaleras. Tropecé con el sereno
y se rompió el silencio. Le supliqué con un gesto que no lo dijera
y lo dijo: «Hoy no vienen, señorita; no les toca «. Y aún no habia
vuelto yo la esquina oí como le iba con el cuento al guarda de la
taberna: «Está loca esa chica. Cada día, a las doce,
baja para abrir la puerta a los muertos». Tuve que retener
a tío Jacobo que quería retarle a un duelo. Tío Jacobo murió
antes del 36 y no estaba acostumbrado a la mala educación de los
serenos para con las señoritas.

Tenía muchas ganas de incluir en el blog algún trabajo de la poeta Ana María Moix (Barcelona, 1947, 2014), porque me gusta, porque sigo su obra, porque siempre dijo cosas muy interesantes porque era inteligente, porque no se callaba y porque abrir un libro de ella es una delicia. Su paraíso poético me fascina. Estas dos poesías que incluyo aquí son dos de mis preferidas.

En un artículo de julio de 2012 que recogía Publico.es la escritora hablaba sobre la crisis en el mundo de la cultura y decía cosas tan interesantes como éstas. Aseguraba que el mundo de la cultura está en crisis desde hace treinta años porque «se ha bajado los pantalones» ante el mundo del dinero y el que manda es «el señor de la calculadora», mientras al intelectual se le ha «tapado la boca» con cifras de ventas y subvenciones. «Ahora toda la culpa la tiene la crisis económica, que, sí, es brutal, pero la crisis del mundo cultural viene precisamente de la época de la abundancia», opinó la narradora.

Moix ha publicado «Baladas del dulce Jim» (1969), «Call me Stone» (1969) y «No time for flowers» (1971), así como la recopilación «A imagen y semejanza» (1983). Fue la única mujer incluida en la antología «Nueve novísimos poetas españoles» (1979) por José María Castellet.
Como narradora ha publicado, entre otras obras, «Julia» (1970), «Ese chico pelirrojo al que veo cada día» (1971), «La maravillosa colina de las edades primitivas» (1981), «Las penas» (1982), «Las virtudes peligrosas» (1985) y «Vals negro» (1994).
En 2002, y después de un silencio editorial de ocho años, la autora catalana reunió diez relatos en el volumen «De mi vida real nada sé». Ese mismo año, la editorial Lumen lanzó al mercado la «Biblioteca Ana María Moix» para reeditar la narrativa completa de la escritora.
Moix es ganadora de los siguientes premios:
Premio Vizcaya de Poesía 1970 por «No time for flowers»
Premio Ciudad de Barcelona 1985 por «Las virtudes peligrosas»
Premio Ciudad de Barcelona 1995 por «Vals negro»

Siempre pendiente de sus amigos, de proteger la obra y la memoria de su hermano Terenci Moix, nada pendiente de sus trabajos, de su legado, así la describen los que la conocieron.

10Abr/13

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

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“Nunca hubo una muerte más anunciada. Después de que la hermana les reveló el nombre, los gemelos Vicario pasaron por el depósito de la pocilga, donde guardaban los útiles de sacrificio, y escogieron los dos cuchillos mejores: uno de descuartizar, de diez pulgadas de largo por dos y media de ancho, y otro de limpiar, de siete pulgadas de largo por una y media de ancho. Los envolvieron en un trapo, y se fueron a afilarlos en el mercado de carnes, donde apenas empezaban a abrir algunos expendios.”

Nada más de lo que se ha dicho se puede decir del gran Gabriel García Márquez (Araca, Colombia 1928). Así es que si ustedes aún no conocen su obra, cosa que dudo, aquí les dejo mi comentario sobre el Premio Nobel de Literatua basándome en su libro “Crónica de una muerte anunciada”. Quizás sea un buen principio, leer este libro antes de meternos de lleno en su reino de Macondo y en otras maravillas literarias por él escritas. Conocerle así, en su estado más periodístico, puede ser interesante.
Abrir este libro les garantiza buen periodismo y buena literatura ¿Alguien da más?
García Márquez el genio de las palabras, de las frases, de la literatura y el periodismo.

Santiago Nasar va a morir. El que siempre sueña con árboles se va a morir. Él no lo sabe. Y se ha vestido de blanco por si tenía, hoy, ocasión de besarle el anillo al obispo que anda de visita por estos lugares.
Su madre creía que aquel día llovió y Victoria Guzmán aseguró que el sol calentó más temprano que en agosto.
Los gemelos Vicario están preparados con sus cuchillos. La novia no era virgen y se dice que Nasar es el culpable de que no lo sea. El esposo la devuelve a casa de los padres, y ya está el honor por los suelos, y eso se paga, vaya si se paga.

“Ella se demoró apenas el tiempo necesario para decir el nombre. Lo buscó en las tinieblas, lo encontró en la primera vista entre los tantos y tantos nombres confundibles de este mundo y del otro, y lo dejó clavado en la pared con su dardo certero, como a una mariposa sin albedrío cuya sentencia estaba escrita desde siempre.
Santiago Nasar- dijo.”

04Mar/13

UN VIEJO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR. LUIS SEPÚLVEDA

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A veces uno encuentra un tesoro. ¿Han leído alguna vez el cuento griego «El tesoro está en la viña»? Cuando yo estudiaba griego en el instituto lo tuvimos que traducir un día y ese día comprendí lo avariciosos que somos y lo simple que es el ser humano. La cosa va de que un padre deja unas tierras a su hijo diciéndole que allí encontrará un tesoro. El busca y busca y nunca encuentra. Nunca encuentra a pesar de que el tesoro es la propia tierra, que si la trabaja, le dará muchas ganancias ya que es un viñedo. Ahí estaba el tesoro aunque el agujereó toda la tierra.
Pues eso, que a veces uno va a su propia biblioteca y busca y busca pero nunca encuentra. Pero los grandes tesoros existen en novelas pequeñas como ésta. «Un viejo que leía novelas de amor» de Luis Sepúlveda (Chile 1949) es un tesoro, es grandiosa, una novela increíble, que, me atrevo a decir, leyéndola, podemos ser mejores personas. Y Sepúlveda tampoco rebuscó mucho, se fue a lo sencillo, a lo natural, al principio, a la belleza de la tierra, de los animales, a la unión del hombre con la naturaleza. Y criticó al que la ataca al paisaje, al que caza con orgullo, al que hace daño de forma gratuita.
Y todo esto… ¿en boca de quién lo puso?
Lo puso en boca de Antonio José Bolivar Proaño, por sabio, por viejo, por sensible. Y este viejo sabio, es el mismo que leía novelas de amor en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar.
El conoció la selva con ellos, el respeto al hermano, a las plantas, a los animales. Leyes de indígenas que hay que respetar. Después supo que debía volver a su lugar, pero nadie le quitaba ya lo que aprendió. ¿Qué blanco acaso podía cazar al fiero tigrillo como él? Nadie.
«Aprendió el idioma shuar participando con ellos de las cacerías. Cazaban dantas, guatusas, capibaras, saínos, pequeños jabalíes de carne sabrosísima, monos, aves y reptiles. Aprendió a valerse de la cerbatana, silenciosa y efectiva en la caza, y de la lanza frente a los veloces peces.
Con ellos abandonó sus pudores de campesino católico. Andaba semidesnudo y evitaba el contacto con los nuevos colonos que lo miraban como a un demente.»
Pero a la selva vienen los hombres blancos codiciosos, que buscan oro o pieles o vete tú a saber qué, y lo destrozan todo. Creen que la selva es suya cuando la única ley y principios que con ellos llevan son las escopetas. Pero…no saben que una hembra a la que han matado a sus cachorros no sabe de escopetas y mata sin piedad. Eso solo lo sabe el viejo, el viejo que lee novelas de amor.
¿Qué quién se las trae hasta El Idilio?
Un dentista, Rubicundo Loachamín.
«El doctor Rubicundo Loachamín visitaba El Idilio dos veces al año, tal como lo hacía el empleado de Correos, que raramente llevó correspondencia para algún habitante. De su maletín gastado sólo aparecían papeles oficiales destinados al alcalde, o los retratos graves y descoloridos por la humedad de los gobernantes de turno.
Las gentes esperaban la llegada del barco sin otras esperanzas que ver renovadas sus provisiones de sal, gas, cerveza y aguardiente, pero al dentista lo recibían con alivio, sobre todo los sobrevivientes de la malaria cansados de escupir restos de dentadura y deseosos de tener la boca limpia de astillas, para probarse una de las prótesis ordenadas sobre un tapete morado de indiscutible aire cardenalicio.
Despotricando contra el Gobierno, el dentista les limpiaba las encías de los últimos restos de dientes y enseguida les ordenaba hacer un buche con aguardiente.»
¿Qué quién es el jefe de El Idilio?
Un alcalde, que no tiene mucha idea de nada, y menos de la selva, y menos sensibilidad para respetar la naturaleza. Pero para eso está el viejo, para ponerle las cartas sobre la mesa, para hacerle saber que no siempre el gringo tiene razón. Que cazan por cazar, que se adentran en la selva sin saber y que los shuar no son los malos de la película.
«Deje que los shuar se marchen. Tienen que avisar en su caserío y en los cercanos. Cada día que pase tornará más desesperada y peligrosa la hembra, y buscará sangre cerca de los poblados. ¡Gringo hijo de la gran puta! Mire las pieles. Pequeñas, inservibles. ¡Cazar con las lluvias encima, y con escopeta! Mire la de perforaciones que tienen. ¿Se da cuenta? Usted acusando a los shuar, y ahora tenemos que el infractor es gringo. Cazando fuera de temporada y especies prohibidas. (…) Pobre gringo. La muerte tiene que haber sido horrorosa. (…) Entonces lo meó, marcándolo, y debió de andar en busca del macho cuando los shuar lo encontraron. Déjelos ir, y pídales que avisen a los buscadores de oro que acampan en la ribera. Una tigrillo enloquecida de dolor es más peligrosa que veinte asesinos juntos.»

«Y estaban también los gringos venidos desde las instalaciones petroleras.
Llegaban en grupos bulliciosos portando armas suficientes para equipar a un batallón, y se lanzaban monte adentro dispuestos a acabar con todo lo que se moviera. Se ensañaban con los tigrillos, sin diferenciar crías o hembras preñadas, y, más tarde, antes de largarse, se fotografiaban junto a las docenas de pieles estacadas. (…)
Antonio José Bolivar se ocupaba de mantenerlos a raya, en tanto los colonos destrozaban la selva construyendo la obra maestra del hombre civilizado: el desierto.»
¿Que a quién llaman cuando hay un problema?
Llaman a Antonio José Bolivar Proaño, ese que lee despacito, ese que se aprende las frases de tanto masticarlas, ese que se imagina Venecia y sueño con amores que duelen, ese amor, el de verdad, el que duele.
Ese que sabe adentrarse en la selva, y matar tigrillas y respetar todo a la vez.
Llega el día de la caza, pero pronto todos abandonan, incluido el alcalde, y en mitad de la selva, con la soledad, con los recuerdos y el miedo como únicos compañeros, el viejo sigue y reflexiona y una vez más se alza como el más sabio y bueno.
«Tú no eres un cazador. Muchas veces los habitantes de El Idilio hablan de ti llamándote el Cazador, y les respondes que eso no es cierto, porque los cazadores matan para vencer un miedo que los enloquece y los pudre por dentro. ¿Cuántas veces has visto aparecer grupos de individuos afiebrados, bien armados, internándose en la selva? A las pocas semanas reaparecen con fardos de pieles de osos hormigueros, nutrias, meleros, boas, lagartos, pequeños gatos de monte, pero jamás con los restos de un verdadero contrincante como la hembra que esperas. Tú los has visto emborracharse junto a los hatos de pieles para disimular el miedo que les inspira la certeza de saber que el enemigo digno los vio, los olió y los despreció en la inmensidad selvática.»
Sepúlveda ha sido un viajero incansable. Visitó los desiertos de los saharauis, la selva amazónica y hasta las celdas de Pinochet.
Con este libro, traducido a 14 idiomas, ha recibido numerosos premios internacionales.
El mismo Sepúlveda a declarado que «se ha separado del realismo mágico y se plantea, de una manera creíble, la magia de la realidad.»

27Feb/13

LO QUE LES PONE TRISTES A LOS NIÑOS

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Yo pregunté a los niños que cosas son las que les ponían tristes.
Ellos me respondieron así:
-Unas rosas aplastadas en medio de la calle.
-Un pájaro que canta encerrado en su jaula.
-Una madre que no vuelve.
-Un padre llorando.
-Un abuelo que no sonríe.
-Un invierno sin nieve y sin regalos.
-Un verano sin sol y sin helados.
-Una caja con juguetes olvidados.
-Un animal en el zoo.
-Una mariposa sin polvillo mágico.
-Una playa sucia.
-Un armario sin chocolate.
-Un amigo enfadado.
-Una noche con sueños malos.
-Una semana sin sábados.

Son algunas de las cosas que me respondieron, y resulta que son demasiadas. Demasiadas para un niño.

17Feb/13

EL CARTERO DE NERUDA. SKÁRMETA

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Mario Jiménez está cansado de ser pescador. Cuando se convierte en cartero de isla Negra su vida cambia. La única persona a la que debe entregar correspondencia es a su admirado poeta Pablo Neruda. El joven espera con «ardiente paciencia» a que algún día, el gran escritor le dedique un libro o entable una pequeña conversación con él. Con el tiempo, su paciencia se verá correspondida. Y lo que nunca podría haber soñado se cumple. La amistad entre el poeta y el pescador será, cuando menos, peculiar.
Este pequeño resumen del delicioso libro » El cartero de Neruda. (Ardiente paciencia)» de Antonio Skármeta (Antofagasta, Chile 1940), por gracioso, por tierno, por bien escrito y por ser ya una obra maestra de la literatura latinoamericana debe ser abierto en alguna ocasión. Les encantará.
La novela nos sitúa en el Chile de los 70, cuando Salvador Allende gana las elecciones y se convierte en el primer marxista votado democráticamente. Esta época convulsa queda muy bien reflejada en el libro, en las conversaciones que mantienen los dos hombres, y en la recreación, como no, de la vida de Neruda.
Mientras el poeta habla de su posible elección para la Presidencia de la República, o de su nueva candidatura al Premio Nobel, Jiménez le habla de amor. Porque el cartero se ha enamorado.Se ha enamorado de Beatriz, la hija de la dueña de una hostería. Y se ha enamorado de verdad. Además, Jiménez quiere ser poeta.
Así lo escribe Skármeta, así le contesta Neruda.
«¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guatones.»

El poeta intenta explicarle lo que es una metáfora, en otra ocasión:
«¡Metáforas, hombre!
-¿Qué son esas cosas?
El poeta puso la mano sobre el hombro del muchacho.
-Para aclarártelo más o menos imprecisamente, son modos de decir una cosa comparándola con otra.
-Deme un ejemplo.
Neruda miró su reloj y suspiró.
-Bueno, cuando tú dices que el cielo está llorando. ¿Qué es lo que quieres decir?
-¡Qué fácil! Que está lloviendo, pu.
-Bueno, eso es una metáfora.
-Y ¿por qué, si es una cosa tan fácil, se llama tan complicado?
-Porque los nombres no tienen nada que ver con la simplicidad o complicidad de las cosas. Según tu teoría, una cosa chica que vuela no debería tener un nombre tan largo como «mariposa». Piensa que «elefante» tiene la misma cantidad de letras que «mariposa» y es mucho más grande y no vuela concluyó Neruda exhausto».

El pescador, el cartero quiere ser poeta. Neruda le dice lo siguiente:
«-¿Y para pensar te quedas sentado? Si quieres ser poeta comienza por pensar caminando (…) Ahora te vas a la caleta por la playa y, mientras observas el movimiento del mar, puedes ir inventando metáforas.
-¡Deme un ejemplo!
-Mira este poema: «Aquí en la Isla, el mar, y cuánto mar. Se sale de sí mismo a cada rato. Dice que sí, que no, que no. Dice que sí, que no, que no. Dice que sí, en azul, en espuma, en galope. Dice que no, que no. No puede estarse quieto. Me llamo mar, repite pegando en una piedra sin lograr convencerla. Entonces con siete lenguas verdes, de siete tigres verdes, de siete perros verdes, de siete mares verdes, la recorre, la besa, la humedece, y se golpea el pecho repitiendo su nombre.»

Hay en este libro mucho humor, mucha dureza y mucha dulzura. Los pasajes en los que la madre de Beatriz le echa en cara a Neruda que sus poemas son los culpables de que el pescador haya enamorado e incluso desnudado a su hija, son muy graciosos. La dureza la tenemos en la propia muerte de Neruda y la dulzura y la dureza unidas, por ejemplo, cuando Neruda se hace embajador en París y le pide al cartero lo siguiente:

«Quiero que vayas con esta grabadora paseando por isla Negra, y me grabes todos los sonidos y ruidos que vayas encontrando.(…) Mi salud no anda bien. Me falta el mar. Me faltan los pájaros. Mándame los sonidos de mi casa. (…) Y ándate hasta las rocas, y grábame la reventazón de las olas. Y si oyes gaviotas, grábalas. Y si oyes el silencio de las estrellas siderales, grábalo. París es hermoso pero es un traje que me queda demasiado grande. Además, aquí es invierno, y el viento revuelve la nieve como un molino la harina. La nieve sube y sube, me trepa por la piel. Me hace un triste rey con su túnica blanca. Ya llega a mi boca, ya me tapa los labios, ya no me salen las palabras.»

La novela guarda muchas sorpresas y reflexiones interesantes. Fue adaptada al cine por Skármeta en 1983. Fue una cinta premiada internacionalmente.
La vida de Skármeta es rica e interesante. Les invito a conocerla también.
Algunos de sus libros más conocidos son: «Soñé que la nieve ardía», «Match- Ball» o «La insurrección».

09Feb/13

CUANDO HITLER ROBÓ EL CONEJO ROSA. LA VIDA DE JUDITH KERR

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«Cuando Hitler robó el conejo rosa» es una de las novelas sobre la II Guerra Mundial, el alzamiento de Hitler al poder y en definitiva el Holocausto, más bonitas que he leído nunca. En principio, es una novela para el público juvenil, pero yo siempre he creído que esa barrera es difícil de señalar, qué es una lectura para adultos y qué es una lectura para adolescentes. Hay novelas juveniles que a los adultos les vendrían muy bien leer por como están planteadas, por volver un poco a nuestra propia juventud y por los temas que tratan. ¿Por qué no echarlas un vistazo?
La última sorpresa que me he llevado ha sido esta obra de la escritora e ilustradora Judith Kerr (Berlín 1923).
Anna una niña alemana de nueve años, de origen judío, vive feliz en Berlín en una familia acomodada. Su padre es un periodista de prestigio y su madre se dedica a su familia, sin ninguna otra preocupación. Anna vive como cualquier otra niña. Va al colegio todos los días, juega con sus amigos a deslizarse en trineo, le gusta pintar, escribir, jugar con su hermano Max, dos años mayor que ella…
Los nazis están a punto de ganar las elecciones en Alemania, por lo que la familia se plantea huir a Suiza. El padre de Anna, aunque es admirado en su país, es también buscado por los nazis por sus ideas políticas. Así es que no les queda otro remedio que emprender una nueva vida, primero en Suiza y después en París para acabar finalmente en Londres.
Anna se convierte en una refugiada con todas las consecuencias que eso conlleva, alegrías, penas, esfuerzo, inquietud, curiosidad…Eso es lo que narra Kerr en esta obra. Es una novela autobiográfica. Esta es una de las razones por las cuales llega inmediatamente al lector. Es clara en su exposición, dura en el contenido, precisa en su forma.
En Suiza, se instalan en el Gasthof Zwirn, una pensión humilde de un pueblo cercano a Zurich.
Pero las cosas no irán bien en Suiza, el padre de Anna tiene muchas dificultades para publicar sus artículos. La única solución será marchar a París. Anna y Max tienen dificultades para aprender francés pero tras algunos meses con una tutora, ambos asisten a un colegio francés, en el que Anna conocerá a Colette, que se convertirá en su mejor amiga.
Pero en París nadie quiere publicar los artículos del padre de Anna.
La historia acaba con el viaje de la familia a Londres, en busca de un futuro mejor.
Hay personajes entrañables, como el tío Julius, al que Anna está muy unida, la familia Fernand,…
Aquí voy a dejar algunas citas de la novela en la cual se puede ver como en los ojos de los niños, incluso la peor de las situaciones, puede ser desde irónica, a tierna, desde dura a dulce.

Anna y Elsbeth hablan a la salida del colegio sobre Hitler.

«-Es otro retrato de ese señor, dijo Elsbeth. Mi hermana la pequeña vio uno ayer y se creyó que era Charlie Chaplin.
Anna contempló la mirada fija y la expresión severa. Luego dijo:
-No se parece en nada a Charlie Chaplin, como no se en el bigote.
Leyeron el nombre que había debajo de la fotografía.
Adolf Hitler.
-Quiere que todo el mundo le vote en las elecciones, y entonces les parará los pies a los judíos, dijo Elsbeth. ¿Tú crees que le parará los pies a Rachel Lowenstein?
-A Rachel Lowenstein no la puede parar nadie, respondió Anna. Es capitana de su clase. A lo mejor me para los pies a mí. Yo también soy judía.»

Un día el padre de Anna les dice esto a sus hijos:

«Hay judíos dispersos por todo el mundo, explicó, y los nazis están diciendo mentiras horribles sobre ellos. De modo que es muy importante que la gente como nosotros demuestre que eso no es verdad.
-¿Y cómo podemos demostrarlo?, preguntó Max.
-Siendo mejores que los demás, dijo papá. Por ejemplo los nazis dicen que los judíos no son honrados. De manera que no basta con que seamos igual de honrados que los demás, tenemos que serlo más.
(…)
-Tenemos que ser más trabajadores que los demás, continuó papá para demostrar que no somos holgazanes, más generosos para demostrar que no somos tacaños, más amables para demostrar que no somos groseros.
Max asintió con la cabeza.
Puede parecer que es mucho pedir, ,añadió papá, pero yo creo que merece la pena, porque los judíos son personas estupendas, y está muy bien ser judío.»

Max y su amigo Gunther están hablando en una ocasión de los nazis. Ellos lo toman todo como un juego.

«-¿Qué tienes ahí?, preguntó Anna.
-Es una insignia. Hoy hemos tenido una pelea fenomenal en el colegio: los nazis contra los socis.
-¿Y quiénes son los nazis y los socos?
-A tu edad ya deberías saberlo, dijo Max, que acababa de cumplir los once años. Los nazis son los que van a votar a Hitler en las elecciones. Los socis somos los que vamos a votar en contra.
(…)
Era una chapa pequeña de esmalte rojo, con una cruz negra con los brazos doblados.
-Se llama una esvástica, dijo Gunther.
Todos los nazis la tienen.
-¿Qué vais a hacer con ella?
Max y Gunther se miraron.
-¿Tú la quieres?, preguntó Max.
Gunther negó con la cabeza.
-Se supone que no debo tratarme para nada con los nazis. Mi madre tiene miedo de que me partan la cabeza.
-No pelean limpio, asintió Max. Usan palos, piedras y de todo.
Dio la vuelta a la insignia, con repugnancia creciente:
-Pues yo desde luego no la quiero.
-¡Tírala por el water!, dijo Gunther.
Y así lo hicieron. La primera vez que tiraron de la cadena no se fue para abajo, pero a la segunda, justo en el momento en que sonaba el timbre para ir a comer, desapareció muy satisfactoriamente.»

«Cuando Hitler robó el conejo rosa» ganó en 1974 el Deutscher Jugendliteraturpreis.
La editorial Alfaguara lo tiene publicado en su linea de Clásicos. Las ilustraciones son de la propia Kerr y son preciosas.
«El diario de Ana Frank» es otra de las novelas que me apasionó sobre este tema y sobre la última y de las que más se ha hablado «El niño con el pijama de rayas», del escritor irlandés John Boyne tengo opiniones muy diferentes, pero eso lo comentaré en otro post. De momento les invito a abrir este precioso libro, les encantará.