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03Ene/13

JULIAN MATA. SERMON Y EXPLICACION DE LA DOCTRINA CRISTIANA EN VERSO

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Hay que reconocer que a todos los que nos gusta escribir, también nos gusta escuchar esto de que alguien en nuestra familia ya lo ha hecho antes y que, por esa razón, nosotros estábamos predispuestos a coger el bolígrafo ya que la genética puede más que nada en este mundo. Fantasías que, a veces, escarbando, escarbando se hacen realidad.
Recuerdo siempre a mi padre escribiendo poesías infantiles para nosotros, porque a él también siempre le ha gustado escribir. Nos las hacía a mi hermano y a mí y nos encantaban. Las conservo aún, claro, como el más preciado de mis tesoros. Y, un día, fue mi padre el que me dijo que a su abuelo, al que siempre le gustó escribir había publicado un sermón, una especie de explicación de la doctrina cristiana en verso. Y fue un verano, yo tendría unos dieciocho años, cuando un primo de mi padre me dio una fotocopia del texto que, parece ser, fue publicado por la imprenta «La Aurora» de Priego de Córdoba, en Córdoba. No he vuelto a investigar sobre esto, y tampoco se quien tendrá el original. Si alguien sabe algo y lee este post le estaría muy agradecido si se pusiese en contacto conmigo. Creo que fue un libro donde publicaron varios autores, entre ellos mi bisabuelo, Julian Mata, así se llamaba.
Aquí les voy a dejar, en recuerdo a él, un extracto de ese trabajo titulado «Sermón y explicación de la doctrina cristiana en verso» que yo he leído tantas veces. El finaliza explicando que es un simple cortijero, que así se hacen llamar los que vivían en los cortijos, que vende leche y que bien o mal ha escrito el sermón.

«Todos queremos comer,
beber y no trabajar,
todos queremos tener,
todos queremos mandar.
Todos quisiéramos ser
reyes para dominar
y tener debajo del pié
a toda la humanidad.
Debíamos de pensar
en pedirle a Dios del cielo
pero el pensamiento está
solamente en el dinero
y en vivir con falsedad.»

Ahora hablando ya de los mandamientos, me quedo con el noveno que él explica así.

«El noveno no desear
ninguna mujer ajena,
el que se llega a casar
es que la escoge por buena,
si a otra pone en su lugar,
¿no es un dolor y una pena?
¿no es un pecado mortal?
¡Cuántas almas se condenan
tan sólo por variar!
Lo mismo mujer que hombre,
porque es un partido igual
todo lo que no está en orden
siempre resulta muy mal.»

Después habla de los cinco sentidos que él interpreta así:

«Los cinco sentido corporales
estos que viéndose están
son cinco y no son iguales.
La vista es el principal
la vista es el que más vale.
Los ojos son para ver,
el oído para escuchar
y la nariz para oler,
la lengua para gustar
lo que uno se va a comer.
Los dedos son para tocar,
los dedos son los que tocan:
entran en la oscuridad
y toquen la leña o la ropa
saben si es recia o «delgá».»

Desde aquí mi homenaje a mi bisabuelo, Julian Mata. Gracias por darme ilusiones para un sueño.
Y desde aquí también, quiero escribir alguna de esas poesías que mi padre escribía para mi hermano y para mí cuando éramos pequeños, gracias papá.
Esta habla de los peligros que puede traer el progreso, y se titula así «El progreso». Es una de mis preferidas.

«Yo nací en un pueblecito
entre pinos y castaños
donde pasaba los días
cuidando de mi rebaño.
Por allí pasaba un río
con sus aguas cristalinas
donde crecían los barbos
las truchas y las anguilas.
Un día por allá pasaron
importantes industriales
que empezaron a montar
grandes fábricas y naves.
La gente no conocía
lo que podía traer eso
pero ellos nos decían
que había llegado el progreso.
Los vecinos se colocan
y empiezan a trabajar
pero aquella grande industria
comienza a contaminar.
Se van muriendo los peces
por echar lodos al río
y secándose las plantas
que allí siempre habían crecido.
El ganado ya no come del pasto
porque no hay nada,
ni pueden beber el agua
porque esta contaminada.
Los pájaros ya no pían
y el cielo se ha puesto oscuro
porque de noche y de día
sólo se respira humo.
Pues si esto es el progreso
yo no quiero progresar,
yo me quedo con el río,
el ganado y el pinar.

Esta otra se titula «El pastor»:

Ya caminan los pastores

para cuidar su rebaño.

Entre tomillo y romero,

el camino van buscando.

Allí montan sus cabañas

para poder soportar

las bajas temperaturas,

tormentas y temporal.

Y así pasan el invierno,

sin nadie con quien hablar,

sólo ven los corderillos

entre las rocas brincar.

Se van yendo los días,

las semanas y los meses

hasta que la primavera llega

y la nueva hierba crece.

Apoyado en su cayada,

el pastor sigue observando

como saltan sus corderos

y como pace el rebaño.

02Ene/13

UN PASEO POR LOS SUEÑOS DE INKA MARTÍ Y SU CUADERNO DE NOCHE

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Aguas verdes con peces rojos, el ataque de un águila a un hombre, una ciudad colonial en la India, una barca roja navegando por un lago, un laberinto, un desván donde se cultivan rosas, un rey que va tocado con un sombrero como un cucurucho, libros que caen del cielo, un caballo tatuado, monjes tibetanos, ratas hinchadas y un bebé carbonizado, delfines en una alberca, muchas, muchas serpientes…y mucho, mucho más, recuerdos de abuelos en Münsterland y aguas de todo tipo. ¿Quién se puede resistir a entrar en los sueños de Inka Martí?
Ediciones Atalanta publicó en abril del año pasado, un precioso libro escrito por esta bella e inteligente filóloga, escritora y periodista, titulado «Cuaderno de noche» donde Martí (Barcelona, 1964) comparte con los lectores los sueños que ha tenido a lo largo de algunos años.
En el libro se asegura que la autora «no se sirve de ninguna visión nocturna para elaborar una forma artística. Su poética consiste en ofrecer un testimonio veraz de cómo discurre la vida en sueños, pues todo lo recordado pasó al papel, nada más despertar, sin variaciones ni añadidos; y así, de los cerca de mil sueños que Inka Martí fue registrando entre diciembre de 2000 y febrero de 2011, este breviario recoge sesenta y cinco escenas significativas de su universo onírico.»
Prologado por Jacobo Siruela, merece la pena pasearse por esos sueños, que nacen de la cabeza de esta escritora, hasta ahora más conocida dentro de la literatura infantil. Martí ha publicado dos novelas para niños «Otto» y «El cavaller de pedra».
Aquí tenemos un libro diferente que les sorprenderá. Podemos empezar el año dejándonos sorprender, ¿no?
Yo me quedo con este sueño, el que más me ha gustado. Se titula «La ciudad de cristal». Dejo aquí un fragmento:

«Me adentró en un gran bosque de árboles por un camino que bordea una montaña. Es un bosque muy oscuro y fresco; desde la hondonada llega el murmullo de un río. Entre los troncos surge un hombre que dice ser un estudioso de las aguas. Me muestra los frascos de cristal donde las guarda. Hay agua de río, agua de rocío robada a los pétalos de las flores y agua liberada de las telarañas; hay agua de lluvia recogida de los cuencos que a veces forman las raíces al pie de los troncos de los árboles y los huecos de las piedras.»

Quiero destacar que el prólogo de Jacobo Siruela, gran conocedor y estudioso del mundo onírico, es muy interesante. Recoge cosas como éstas:

«El sueño es un fenómeno psíquico muy delicado: le agrada esconderse de la luz del día. Vive totalmente separado del mundo diurno, como si fuera el envés de una hoja cuyo haz es la vigilia. La única manera de conectar ambos lados es recordar el mundo onírico. La memoria es el puente de unión, el cemento que los une. Pero los sueños se hacen cada vez más frágiles en su contacto con el día. Cada vez se distancian más de nosotros, cada vez hay menos personas que los recuerdan, como si estuviera atrofiando nuestra capacidad de memorizarlos por la falta de conexión con lo onírico.»

Jacobo Siruela publicó, en Ediciones Atalanta, un libro complejo y completo sobre el mundo onírico titulado «El mundo bajo los párpados» que también les recomiendo abrir si sienten curiosidad por este tema. Van a aprender mucho.

24Dic/12

LUCIE EN EL BOSQUE CON ESTAS COSAS DE AHI. PETER HANDKE

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«Lucie en el bosque con estas cosas de ahí» es la novela que quiero invitarles hoy a abrir. Es un libro precioso en el que, de manera magistral, se narra como Lucie, una niña de siete años, siente una admiración profunda por su madre y sin embargo una gran aversión por su padre, jardinero de profesión. Lucie no le entiende ni le quiere entender. No quiere adentrarse en el mundo de la naturaleza que el le brinda. Para Lucie, su padre, es un pesado que no para de decir frases larguísimas, sin sentido para ella, un hombre que tiene las uñas sucias y recoge setas en el bosque.

«Cuando abría la boca, lo que gracias a Dios ocurría muy pocas veces, era tremendamente premioso. Sobre todo era completamente incapaz de hablar con frases cortas, fáciles, comprensibles para todo el mundo, incluso para un niño. (…) ¿Por qué, por ejemplo, rastrillaba el jardín en un sitio donde no había ni una sola hoja caída de los árboles? ¿Por qué, al andar por una calle, de repente se daba la vuelta sobre sí mismo? ¿Qué es lo que volvía a buscar en todos sus bolsillos, cuando hacía sólo un momento había estado buscando en ellos de un modo tan exhaustivo, hasta el punto de haberlos vuelto del revés todos? Lo más molesto era que uno no sabía nunca qué pasaba con este hombre. Cuando la madre cerraba la puerta de golpe: sí, era ella, por fin, ¡su querida madre, tan guapa! En cambio, el padre cerraba la misma puerta, pero por regla general con el sigilo de un ladrón, hasta tal punto que a Lucie más de una vez le había entrado miedo y había gritado: «¿Quién es?». Sí, este «¿quién es?» se refería a su padre, que de vez en cuando daba un portazo más fuerte que el que hubiera podido dar nunca la madre.»

La novela narra esos desencuentros iniciales para luego servirnos en bandeja un entendimiento entre padre e hija muy bello.
Lucie vive en lo alto de una montaña desde la que puede ver un bosque, ese bosque donde están «esas cosas de ahí», las setas. O quizás «esas cosas de ahí» son otras muchas cosas, según el lector lo vaya entendiendo, o según que profundo le cale la lectura.
La novela escrita por el austriaco Peter Handke (Grieffen, 1942) tiene una sorpresa que no puedo desvelar, pero yo me quedo con la profundidad de algo simple. Algo tan sencillo y a la vez tan complejo como el amor de un hijo hacía sus padres. De niños vemos las mismas cosas de forma de diferente a como lo hacemos de adolescentes o adultos.
Yo que he tenido la suerte de, como Lucie, tener un padre amante de la naturaleza, con el que he pasado días enteros en los bosques mirando animales, observando insectos, oliendo la humedad de la tierra, tocando la rugosidad de la corteza de los árboles, admirando plantas, recogiendo setas,.. abrazando árboles,…me doy cuenta que también había muchas «esas cosas de ahí», que cuando tu padre te enseña una ardilla que trepa por un pino, o un nido, o se queda ensimismado mirando un montón de tierrecilla, o vete tú a saber que, está diciéndote muchas pequeñas cosas que son tan grandes como el propio bosque.
Pero esta novela, que es una novela de iniciación, nos da la alegría de poder leer,como antes he apuntado, como Lucie, al fin, entiende a su padre.

«Con el tiempo, en los escasos paseos por el bosque que Lucie daba con su padre, lo que más le extrañaba era esto: que el hombre se estuviera equivocando continuamente; continuamente se estaba agachando hacia este o hacia aquel tesoro o a esto y aquello que brillaba de un modo especial, y luego en realidad eso no era más que una piedrecita, una hoja, una bellota o bien otra cosa. Y además a ella lo que le extrañaba era también que el padre, a pesar de que hacía un rato que había reconocido su error, no se ponía otra vez a buscar en seguida sino que cada vez, tomándose casi el tiempo de una hora de clase, se quedaba parado delante de la hoja, del trozo de corteza, de la flor del bosque, de la pequeña almohadilla de musgo, daba una vuelta entera a aquello que había confundido, daba un paso atrás, y luego varios, y llegaba incluso a agacharse ante el objeto de su error y lo miraba a través de su lupa. Y Lucie se extrañaba más y más cuando su padre, en mitad de su búsqueda, interrumpía su zigzag por los bosques, se detenía y estaba una eternidad mirando hacia arriba, a las copas de los árboles, con preferencia hacia allí donde levantaban el vuelo las palomas torcaces, que precisamente eran típicas de estos bosques. Se quedaba quieto, de pie, miraba y escuchaba. Pero luego, de un modo igualmente repentino, interrumpía su observación y su escucha y se ponía a mirar y a escuchar hacia un lado completamente distinto.»

Me parece que la forma de contar las cosas que tiene este escritor austriaco son de una sencillez y de una belleza difícilmente comparable a otro escritor. Me ha recordado un poco a Herta Müller, por ese talento que me parece, comparten, a la hora de hacer de la sencillez un diamante literario. Y me pasa lo mismo con Stefan Zweig, del que pronto escribiré un comentario en el blog. Veo conexiones entre ellos tres. Y los tres me recuerdan que la literatura es algo maravilloso. Que las cosas más sencillas se pueden explicar, narrar, escribir, de una forma delicada y tremendamente elegante.

«¡Nunca acabas de buscar nada hasta el final!», dijo Lucie en lo que tenía que ser, provisionalmente, el último paseo que daba con su padre por el bosque. «Y tampoco acabas de mirar nada hasta el final. Y tampoco acabas de escuchar nada hasta el final. Nada de lo que haces lo acabas. Esto no es buscar. ¡Y por tanto tampoco es encontrar nada de verdad!.»

Y el padre le contesta entonces…

«El padre contestaba (atención, frase larga!): «Al estar confundiendo continuamente la cosa concreta que estoy buscando aquí con esto otro y con aquello, eso me da la oportunidad de examinar esto otro, la piedra, la hoja, la corteza, la raíz, el musgo, como nunca lo hubiera hecho sin mi confusión, es decir, sin mi error, con la consecuencia de que, ante mis ojos, tanto, por una parte, la cosa confundida, como ahora aquí este caracol amarillo de otoño, como, por otra, aquello con lo que yo a primera vista he confundido el caracol, buscando aquello, aparecen de un modo más preciso y más nítido: lo confundido, en este caso, el caracol, ante mis ojos corporales, lo buscado (aquello), ante mis ojos espirituales o interiores, lo cual, las dos cosas juntas, en razón de mi modo de mirar, doblemente agudizado (el dirigido hacia afuera, a la cosa presente; el dirigido hacia adentro a la ausente), lleva a un tipo de observación que el filósofo y científico Pitágoras llamaba OBSERVACIÓN POR EL ERROR y que sugirió a sus alumnos como el método más natural y mejor de comparar unas cosas con otras las cosas del mundo, de distinguirlas unas de otras y de reconocer en cada una de ellas sus características esenciales».

Peter Handke, es, sin lugar a dudas, un genio y un referente dentro de la literatura en lengua alemana, uno de los escritores más importante y populares en este idioma.
Entre los numerosos premios que ha recibido cabe destacar el Georg Büchner, equivalente al Cervantes de las letras alemanas.
Además de libros maravillosos ha escrito también guiones cinematográficos para Wim Wenders y dirigió la película «La mujer zurda» basada en su novela homónima.
El libro del que les he hablado pueden encontrarlo en Alianza Editorial. Viene ilustrado con unos dibujos estupendos y delicados del propio autor.

Me encanta este párrafo que el padre de Lucie clama en mitad del bosque ante el desconcierto de su hija, dice tanto…:

«Bandadas de palomas torcaces, aves continuamente en fuga, batir de alas como un matraqueo de ametralladoras, luego una salva, luego una risa reprimida, luego una lluvia de plumas desde los árboles de la fuga, luego las fugas se vuelven a interrumpir cada vez, quedarse quietas otra vez en el siguiente árbol, y todavía antes de quedarse quietas del todo ahí, volver a huir, esquirlas grises, azules en el cielo del bosque, arriba, en el cielo del bosque, ¿metralla?, ¿esquirlas de cuentos?, y otra vez desaparecidas en el siguiente arbolo de la fuga, así pequeñas, pequeñas fugas, y así breves, breves momentos de pausa siempre, y así el día entero y así el año entero huyendo, y siempre en círculo, en el mismo pequeño círculo del bosque, sin terminar nunca de huir, sin terminar nunca de descansar en todas esas fugas, salva de granadas de un batir de aleas, luego risa contenida de plumajes, luego plumas que caen, gris, azul, gris, azul, y por lo demás nunca un solo sonido de todas estas palomas torcaces, únicas aves del bosque de las cuales jamás se pudo oír un solo sonido, una sola llamada, un solo grito, una sola canción, un solo arrullar, nada más que el aleteo de la fuga, fugas en el lugar donde están, fugas que apenas llegan a lo que es la anchura de las alas, y huyendo de este modo es como sobreviven, porque los cazadores las buscan siempre en un sitio distinto, aves en fuga, dejadme huir con vosotras».

15Dic/12

TIEMPO PARA LEER. TIEMPO PARA LA FAMILIA. NAVIDAD

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La Navidad invita, y mucho, a la lectura. Pero yo propongo unas navidades en las que nos dediquemos a leer al lado de nuestros hijos, con ellos. Invirtamos tiempo en regalarles el mejor de los regalos, horas juntos, horas de disfrute en el bosque, en casa de los abuelos. Horas en las que podamos compartir muchas actividades con ellos, deslizarnos en trineo, ir al ballet, ver un teatro de marionetas, hacer galletas, preparar el árbol de Navidad, escribir la carta a Papa Noel,…y leer libros que nos hagan comprender mejor la vida y el mundo.
No es el estilo de mi blog recomendar libros sin realizar un previo comentario de ellos, pero voy a hacer una excepción para recomendar algunos clásicos que serán puro disfrute en estas fechas tanto para los niños como para los mayores que aún no se hayan acercado a estas joyas clásicas de la literatura.
Aquí les dejo la lista y les deseo unas felices fiestas al lado de sus familiares y amigos.
Hay, claro está muchísimas obras más, estupendas, de gran calidad y muy divertidas. Pero estos catorce libros, sólo son un ejemplo. Gracias.

-Las aventuras del Barón Münchhausen, de K. Bürguer (La narración es una maravilla y sus aventuras únicas)
-Mujercitas, de Louisa May Alcott («Aquellas mujercitas», también estupendo, para el que se quede con ganas)
-Canción de Navidad, de Charles Dickens (También es muy recomendable «Grandes Esperanzas» o claro «Oliver Twist»)
-Las crónicas de Narnia de C.S. Lewis (En concreto, me encanta el libro «El león, la bruja y el armario»)
-Nils Holgerssons, de Selma Lagerlöf (Un viaje maravilloso en ganso alrededor de la naturaleza)
-Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain (Un libro exquisito con mucho que decir)
-Charlie y la fábrica de Chocolate, de Roald Dahl (Divertido e inconfundible, como todo lo del gran Dahl)
-La historia interminable, de Michael Ende (Apasionante, que más se puede decir)
-Pippi Calzaslargas de Astrid Lindgren (Muy recomendables los capítulos de Pippi celebrando la Navidad)
-Corazón de Edmundo de Amicis (De una ternura y un realismo que dejan huella)
-Heidi, de Johanna Spyri (una gran historia con muchísimos valores ambientada en los Alpes, perfecta para estas fechas)
-Peter Pan, de James Matthew Barrie (el libro preferido de mi hijo, por ahora, y seguro que el de muchos que quieran descubrir el Pais de Nunca Jamás)
-Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll (libro delicioso, inteligente, lleno de personajes increíbles y aventuras locas como la fiesta del no cumpleaños)
-Mary Poppins, de P.L. Travers (maravilloso el libro, tanto o más que la película que todos recordamos)

Cuentos para los más pequeños (es mi selección porque son mis favoritos, pero hay otros muchos igual de interesantes y magníficos):
De Anderssen:

-La niña de los fósforos o La cerillera
-Las zapatillas rojas
-El soldadito de plomo
-La reina de las nieves
-El traje nuevo del emperador
-El último sueño del viejo roble (Cuento de Navidad)

De los hermanos Grimm:

-El enano Saltarin (Rumpelstiltskin)
-Hansel y Gretel
-Madre Nieve (Frau Holle)
-Rapunzel
-La cenicienta
-Los duendecillos (El zapatero y los duendes)

De Perrault:

-Piel de asno
-Caperucita roja
-Barba azul

Y claro, cualquier novela de la gran escritora Enid Blyton. La serie de «Los cinco» es una auténtica maravilla para leer en cualquier estación del año. Mi preferido: «Los cinco y el tesoro de la isla». Pero también son geniales todas las de «Las mellizas en Santa Clara» o «Torres de Malory».
Y…¿se acuerdan de Puck? Seguro que alguna lectora de mi edad si. También les recomiendo sus aventuras. Una chica danesa llamada Bente Winther. Es huérfana de madre y debido al trabajo de su padre tiene que vivir en un internado. Lejos de vivir una vida aburrida Puck se enfrentará a las más increíbles y divertidas aventuras. Para este tiempo por ejemplo, una aventura muy buena: «Puck en la nieve». Las historias están escritas por Lisbeth Werner.

No puedo acabar el post sin recomendar la novela del alemán E.T.A Hoffmann, perteneciente al movimiento romántico de la literatura alemana, «El cascanueces y el rey de los ratones», que seguro que habrán visto ya en ballet, pero leerla es una delicia.

«El Cascanueces y el rey de los ratones» es un cuento infantil en el que se nos muestran dos mundos: el real que corresponde al mundo confortable de la familia acomodada de la niña protagonista y, por el otro, el mundo imaginario, el de los juguetes que entran en guerra con el Rey Ratón, de Dulcilandia formado por seres de azúcar y castillos de mazapán.
La familia Stahlbaum se prepara para la fiesta de la víspera de la Navidad. Marie, su hermano Fritz y sus padres están celebrando la noche con amigos y familia, cuando entra el padrino misterioso, Pate Drosselmeier. Se saca deprisa un saco de regalos para todos los niños. Todos están felices, Marie no, no ha recibido un regalo todavía. Marie se acerca a Herr Drosselmeier pidiendo un presente. Parece que a él le faltan regalos, y Marie llora desconsolada.
El padrino, entonces, le regala un cascanueces, en la forma tradicional de un soldado en uniforme de formación. Por la noche, Marie se va a dormir y vive con su muñeco una aventura fascinante. Cascanueces cobra vida lo mismo que el resto de los juguetes. Entre todo ello, los ratones con su rey al mando los atacan y se enfrentarán con ellos en una increíble batalla.
Marie y el Cascanueces viajarán después, de forma mágica, al país de los dulces donde se encontrarán con el hada. Finalmente lleguan al castillo del Cascanueces donde le propondrá a Marie que gobierne todo el mundo mágico.
Fascinante el libro y el ballet de Tchaikovsky, que les recomiendo también para ir a ver con sus hijos.

20Nov/12

BERTOLT BRECHT. YA ES TARDE

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En estos tiempos que corren creo que es necesario abrir un libro de Bertolt Brecht y toparse con la poesía que les voy a presentar hoy y que muchos de ustedes conocerán ya. Aunque escrita en otra época y en otro contexto histórico, nos hace reflexionar sobre lo necesario que es pensar en los demás.
En nuestros días, la crisis que se ha instalado en nuestro país, parece, que para quedarse por mucho tiempo, nos debe servir, al menos, para hacernos mejores personas.¿Por qué? Porque la crisis es de todos, porque si alguien lo pasa mal todos lo pasamos mal. ¿A quién le gusta ver a su vecino, a su amigo, a su familiar triste, hundido, con un futuro incierto? ¿Por qué no podemos ser nosotros los próximos? Reflexionemos y pensemos lo afortunados que somos. Reflexionemos una vez más al lado de la literatura.

«Primero se llevaron a los negros,
pero a mí no me importó,
porque yo no lo era.

Enseguida se llevaron a los judíos,
pero a mí no me importó,
porque yo no lo era.

Después detuvieron a los curas,
pero como yo no soy religioso,
tampoco me importó.

Luego arrestaron a los comunistas,
pero como tampoco soy comunista,
tampoco me importó.

Ahora me llevan a mí,
pero ya es tarde.»

Bertolt Brecht (Augsburgo 1898, Berlín 1956), creador del teatro épico, fue uno de los dramaturgos y poetas alemanes más influyentes del siglo XX. Su vida está llena de exilios y huidas, como consecuencia del nazismo.

09Nov/12

LO NORMAL Y LO ANORMAL. MALALA

No se si ya alguien se acuerda de Malala Yousafzai. El bombardeo de noticias que nos llega cada día hace que lo que leímos hace unos pocos días como una noticia más que importante, al día siguiente ya no interese o interese mucho menos. Es normal. Pero es que hay noticias que tienen continuidad, y mucha, desgraciadamente.
Todo el año leemos noticias de niños muertos por la hambruna, niños muertos en guerras,…niños muertos cuando no tenían que morir y la normalidad de estas noticias nos deja indiferentes en muchos casos, por eso mismo, por su normalidad. Es normal.
Lo que no es normal es que una niña llamada Malala Yousafzai esté en el hospital Queen Elizabeth, en Birmingham recuperándose de un ataque perpetrado por integristas talibanes. La joven activista paquistaní de tan sólo 14 años fue atacada,con un balazo en la cabeza, por defender la educación femenina, el derecho a estudiar.
Si, si, eso que debería ser normal pero que desgraciadamente, en muchísimos países del mundo, aún, no es normal.
Fue tiroteada en su región natal, en Swat, al norte de Pakistán y, desde ese mismo momento, la noticia conmocionó al mundo, aunque el mundo ya sabe que esto puede pasar, aunque no sea normal que pase.
La joven paquistaní recibió el año pasado el Premio Nacional de la Paz por su defensa de los derechos humanos frente a los ataques de los integristas talibanes que dominaron el valle del Swat hasta una ofensiva militar de 2009.
¿Cuántas muchachas como ésta habrá en el mundo? ¿Cuántas mujeres habrá en el mundo que no puedan escribir esto que yo estoy escribiendo?
Las niñas serán mujeres, si les dejan, las niñas se convertirán en universitarias, si se lo permiten, las niñas defenderán sus derechos, si alguien les escucha. Porque no siempre la normalidad impera en el mundo, desgraciadamente.

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