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15Dic/11

NARRACIONES EXTRAORDINARIAS. EDGAR ALLAN POE

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Fortunato sabe de vinos, de amontillados, sobre todo. Su amigo lo sabe. Sabe que Fortunato no puede resistirse a saborear un buen amontillado. Y de fondo, el Carnaval y un disfraz de bufón y un gorro cónico de cascabeles. Y después de un gran paseo por las bodegas de los sótanos…quizás… una desagradable sorpresa.
«Un agravio queda sin reparación cuando su justo castigo alcanza también al vengador. E igualmente queda sin reparar cuando el vengador deja de mostrarse como tal o quien lo ha agraviado».
¿De quién hablo? ¿A quién merece la pena abrir hoy? Hoy y siempre al genial Edgar Allan Poe y sus «Narraciones extraordinarias». El relato con el que empiezo el post de hoy se titula «El barril de amontillado». Es uno de mis favoritos, pero hay tantos…y todos sublimes.
Que pasa después de la sorpresa….
«Me acerqué a la pared y repliqué a los alaridos del que chillaba. Les hice eco, los acompañé, los superé en volumen y fuerza. Esto es lo que hice y el que gritaba acabó por callarse.»
Me encanta esa primera persona que utiliza Poe. Te sumerge en la primera frase en el mundo especial que sólo el ha podido crear hasta la fecha, un mundo de miedos y sutilezas que te hacen mirar detrás de ti, por si acaso. Me ha pasado. Confieso que la primera vez que leí «El enterramiento prematuro» tuve que mirar para atrás. Tenía 17 años pero se que ahora, con 35, me va a volver a ocurrir cuando lo vuelva a leer y eso es porque Poe es un genio.
El dijo una vez: «Mi vida no ha sido más que capricho, ilusión, pasión, deseo de soledad, desprecio del presente, anhelo del porvenir…» Quizás todo eso dio como resultado este gran libro y todos sus otros trabajos igualmente excepcionales.
Por ejemplo, ¿hay mejor inicio para un relato que éste? «Debo confesar que soy nervioso, muy, muy nervioso, tremendamente nervioso; lo he sido siempre y lo sigo siendo.»
Es el inicio del relato titulado «El corazón delator». Este hombre nervioso no soporta el ojo del viejo, un ojo «azul pálido con una catarata en él.» Quiere matarle. No soporta más ese ojo. Pero su locura unido al latido de un corazón le darán su peor sorpresa.
«Luego volví a colocar las tablas con tanta habilidad que ningún ojo humano, ni siquiera el suyo, hubiese podido descubrir anormalidad alguna. Nada había que lavar, ninguna mancha, ni huellas de sangre en absoluto. Había sido yo demasiado precavido para eso. Todo había ido a parar a la bañera…ja, ja,..»
No puedo hablar de todos los relatos fascinantes que componen este libro: El retrato ovalado, Morella, El pozo y el péndulo, El enterramiento prematuro,… Sólo les invito a leerlos. Disfrutarán como nunca.
Les dejo con «El gato negro».
¿Son los gatos negros, como se cuenta, brujas disfrazadas?
«Desde mi infancia me hice notar por la docilidad y dulzura de mi carácter. Tan manifiesta era la ternura de mi corazón que me convertí en objeto de burla de mis compañeros. Sentía una pasión especial por los animales y, gracias a la complacencia de mis padres, poseía diversidad de «pets». Con ellos pasaba la mayor parte del tiempo y nunca me sentía tan feliz como cuando les daba de comer o los acariciaba.»
El gato negro era su preferido, pero….su carácter cambió debido al alcohol.
«Una mañana, a sangre fría, pasé un nudo corredizo alrededor de su cuello (…)al hacerlo así estaba cometiendo un pecado, un pecado mortal que ponía en peligro mi alma imperecedera pues la colocaba, si tal cosa es posible, más allá del alcance de la infinita misericordia (…)
Y ya saben, si quieren mirar para atrás les espera «El enterramiento prematuro». Que ustedes disfruten al genio de Boston nacido en 1809. Nadie fue a su entierro.

05Dic/11

EL TRAJE AMARILLO DE PAPÁ NOEL: UN CUENTO DE NAVIDAD

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¿Cree alguno de vosotros que Papá Noel puede ir vestido de amarillo repartiendo regalos a los niños? Pues no, claro que no, porque Papá Noel va siempre vestido de rojo, y siempre con su espesa y larga barba blanca y sus botas negras y su cinturón y una gran saco, por supuesto, lleno de regalos.
Lo que les voy a contar a continuación sucedió hace muchos años cuando a un duendecillo burlón, de esos que trabajan duro con Papá Noel para que los regalos de todos los niños del mundo estén listos el día de Navidad, se le ocurrió teñir su traje de amarillo, ya sabéis, pintarlo de otro color. El pensó que no pasaría nada, pero sucedió… ya verán lo que sucedió.
Llegó la víspera de Navidad y, aquella tarde, Papá Noel limpió a sus renos y les dio hierba fresca, puso a punto su trineo, metió todos los sacos llenos de regalos y fue raudo a vestirse a su habitación. Cuando abrió su armario, se puso muy nervioso al no encontrar su precioso y calentito traje rojo.
-¿Qué sucede aquí?, preguntó el anciano al duendecillo burlón. ¿Dónde pusiste mi traje rojo pequeño malvado?
Pero el duendecillo burlón no contestaba.
-¿Qué sucede aquí?, volvió a preguntar Papá Noel, ahora un poco más enfadado.
-¿Qué que pasa aquí?, dijo el duendecillo.
-Sí, ¿qué pasa aquí?
-De amarillo lo teñí.
-¡¿Queeee?!, exclamó enfurecido Papá Noel.
-¿Qué pasa aquí? De amarillo lo teñí, seguía diciendo burlonamente el duendecillo mientras reía sin parar. Teñí el traje de amarillo porque es más divertido, ja, ja, ja,..
Papá Noel se puso muy triste pero sabía que no le quedaba más remedio que coger su trineo e ir por el mundo repartiendo los regalos a los niños. El viaje era duro y largo por eso no podía ponerse de mal humor, ni malgastar las fuerzas peleando con el maldito duendecillo. Así es que, apenado, se vistió con aquel traje amarillo y comenzó su viaje.
Por el camino, pensaba que como ningún niño le vería, ya que todos dormían mientras el repartía los regalos, no pasaría nada. «Ellos no saben como voy hoy vestido, que tonterías pienso. Ellos saben que mi vestido es rojo y en cualquier caso, lo único que les importa son los regalos, no un viejo como yo que se queda atascado en la mitad de las chimeneas por las que intenta entrar. No hay porqué preocuparse si mi traje es amarillo.», se iba diciendo a si mismo como para tranquilizarse.
Casi cuando ya había dado la vuelta al mundo, cuando sólo le quedaba un país en el que dejar sus regalos, se metió en una chimenea muy grande, tan grande, que esta vez no se quedó atascado sino que metió tantísimo ruido al caer contra el suelo que Pedrito se levantó de la cama. Corrió escaleras abajo y vio a Papá Noel con su vestido amarillo. Pedrito gritó del espanto al ver así a Papá Noel vestido porque, por supuesto, no pensó que era Papá Noel, sino cualquier ladrón que había caído por la chimenea.
-Calla, calla Pedrito, le rogó Papá Noel al niño. Soy Papá Noel.
-¡Tú no eres Papá Noel!, exclamó Pedrito enojado. Papá Noel tiene un traje rojo, y el tuyo es amarillo. Como dice mi papá, tu eres un impostor, un ladrón.
-Que no, que no Pedrito, intentó explicarle Papá Noel. Mira, la cosa es muy sencilla de entender. Un duendecillo burlón pintó mi traje de otro color. Y no me ha quedado más remedio que repartir los regalos con éste.
Pedrito se callo. Le miró triste y le dijo que ya no quería sus regalos.
-Pero si da igual de que color sea mi traje criatura, dijo el viejo Papá Noel. Lo importante es que leí tu carta y te traigo justamente lo que me pediste. Aquí está tu tren eléctrico y tu robot preferido.
-Eso da igual, contestó Pedrito apenado.
-¿Qué da igual dices?, dijo Papá Noel. Yo creía que lo más importante para un niño es recibir sus regalos favoritos el día de Navidad.
-Lo más importante es que viene Papá Noel, contestó Pedrito con una sonrisa. Mira yo te había dejado leche caliente y turrón al lado de la chimenea.
-Ya lo he visto Pedrito, contestó el viejo. Muchas gracias.
-Eso es lo más importante, que Papá Noel viene desde el Polo Norte, dijo el niño. Papá Noel llega vestido de rojo, con su barba blanca, y sus botas negras, y su gorro con un pompón blanco, y su cinturón y su saco y es un poco gordinflón y viene en un trineo con ocho renos tirando de él y una campanilla que hace clín, clón, clín, clón. Pero tú…. tú no eres Papá Noel.
-Si lo soy, pero ya me voy, explicó el anciano. Lo siento Pedrito. Siento que no puedas comprenderlo, y siento que no te hagan ilusión tus regalos. Pero los traje con el mismo cariño que si hubiera llevado un traje rojo puesto.
-Adiós, me voy a la cama, dijo Pedrito.
-No te vayas aún, pidió Papá Noel al muchacho. Ahora quiero que mires por la ventana. Verás mi trineo con ocho renos tirando de él y esa campanilla que hace el ruido que tu sabes. Así entenderás que yo soy el verdadero Papá Noel.
-Pero los niños no pueden ver eso, sólo en los libros, explicó sorprendido Pedrito.
-Pues tu lo vas a ver porque yo te voy a permitir que lo veas, le dijo Papá Noel. El viejo metió su mano en uno de los bolsillos de su chaqueta y echó unos polvos mágicos sobre el niño. Pedrito se cubrió de miles de estrellitas doradas que chispeaban alrededor de él.
Cuando Pedrito se acercó a la ventana vio el trineo, y a Papá Noel volando por el cielo, y a los ocho renos que tiraban del trineo de madera y la campanita dorada que hacía clín, clón, clín, clón,…. y entonces fue completamente feliz.
Pedrito dijo adiós con la mano a Papá Noel con una gran sonrisa.
Entonces Papá Noel se dio cuenta de que Pedrito tenía razón, de que había dicho la verdad. Los niños soñaban con verle y no tanto con los regalos que iban a tener y eso le dio una gran satisfacción. El ya sabía que los niños no son egoístas, sólo son niños, y a los niños lo que más les gusta en el mundo es jugar y, por supuesto, poder ver a un Papá Noel vestido de rojo, montado en su trineo, con sus ocho renos y su campanita dorada haciendo clín, clón, clín, clón,….en mitad del cielo la víspera de Navidad.

30Nov/11

BOLLITOS DE MANTEQUILLA BIEN CALENTITOS. UN CUENTO PARA LOS MAYORES QUE NO ENTIENDEN NADA

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En una ocasión, la palabra Paz decidió abandonar el diccionario. Y no sólo el diccionario, decidió también abandonar el lugar que ocupaba en todas esas conferencias y cumbres que hacen los hombres poderosos de los países poderosos, y decidió irse de la boca de los hombres que la nombraban sin conocerla, y, en definitiva, tenía claro que desaparecería de todos los sitios molestos donde, únicamente, se la nombraba.
Así fue como, una mañana, los hombres poderosos, que tenían un montón de cosas que hacer, y entre ellas hablar de alcanzar la paz mundial, se llevaron tan horrible sorpresa. La palabra paz no estaba en ningún sitio, ni en sus papeles, ni en sus bocas, ni en sus folletos, ni en ningún papel abandonado, ni dentro de sus maletines ¡ni siquiera en el diccionario! ¿Qué iba a suceder entonces? ¡Esto era una catástrofe!
Ninguno de esos hombres poderosos se dio cuenta, después desayunar su café y sus bollitos de mantequilla bien calentitos, de que la catástrofe ya había llegado. Porque si ellos continuamente hablaban de paz era porque había una guerra, y si había una guerra no había paz. Y esto, cualquiera es capaz de comprenderlo. Sobre todo aquellos que no tienen bollito de mantequilla bien calentito para desayunar.
Pero, en cualquier caso, los hombres poderosos se reunieron, porque hay que reunirse para hablar de algo, aunque no sea de paz, y porque, cuando se reunían para hablar de paz, no siempre lo hacían porque les pareciese necesario, sino porque hay que ir a trabajar y hablar de algo. En cualquier caso, como digo, se reunieron, y, claro, hablaron de esta gran ausencia. Tomaban más cafés y fumaban y seguían comiendo bollitos de mantequilla bien calentitos, y llegaron a la conclusión de que no podían hacer nada. No podían hacer absolutamente nada, sólo seguir comiendo bollitos de mantequilla bien calentitos. Y eso exactamente fue lo que hicieron.
De repente, uno de ellos dejó de comer bollito y advirtió a los otros, que había que tener cuidado porque había muchos intereses de por medio, ya se sabe: petróleo,oro,…esas cosillas sin importancia que le dan tanta paz a uno. Que no podían seguir comiendo, ni bebiendo, ni fumando…, que debían hacer algo, que hay países y países, y que si en unos se querían matar pues que se matasen, porque ya se sabe, algunos son como bestias, otros están condenados a sus cargas culturales,… y bla, bla, bla, pero que si en otros se mataban también se mataba su bienestar, el bienestar de los hombres poderosos de países poderosos, claro está, y eso no podía ser así. Eso sería ¡una catástrofe!
Por eso, rápidamente, dejaron sus bollitos de mantequilla bien calentitos en los platos, y se pusieron manos a la obra. Y como el que hace un reparto colonial a base de escuadra y cartabón, comenzaron a delimitar sus intereses. Y lo hicieron bien, bien, pero que muy bien. Y ese día, durmieron tranquilos, pero que muy tranquilos, porque se dieron cuenta de que no les hacía falta hablar de paz, que ellos bien sabían ya lo que significaba. Todo el mundo sabía lo que significaba, y que ya estaba bien de tonterías. Que la paz en sí no existe, que la paz sólo existe si se quiere alcanzar. Así es que durmieron, como digo, muy bien, muy, muy bien, pero que muy bien. Aunque…. bueno, quiero pensar que alguno, de entre todos aquellos hombres poderosos de esos países tan poderosos, tuvo que ir a vomitar, de madrugada, algunos de esos bollitos de mantequilla bien calentitos que tanto, tanto, tanto les gustaban.

11Nov/11

GRACIAS A TODOS. NO CORREN BUENOS TIEMPOS

GRACIAS-A-TODOS

Un año más quiero agradecer, a todos los que visitáis alguna vez este blog de literatura, vuestra fidelidad, vuestros comentario y vuestro seguimiento.
El blog continúa con las mismas ganas de entonces y con la misma ilusión. Seguiremos conociendo autores nuevos, recordando a los mejores, sorprendiéndonos con sus trabajos y soñando con las lecturas.
Es muy reconfortante ver que ustedes y yo compartimos iguales inquietudes e iguales ganas de seguir conociendo y leyendo escritores fabulosos.
No corren buenos tiempos. La economía tiembla, las ilusiones se hunden, hay millones de parados y uno tiene la sensación de que estamos rodeados de frivolidades o que cualquier cosa que hagamos, que no sea luchar por lo básico, es una tontería. Por ejemplo escribir o leer un blog.
Pero no, siempre hay buenos y malos momentos en la vida. En los malos hay que agarrarse a lo bueno, a los pequeños placeres, como por ejemplo la lectura, y en los buenos luchar para que lo malo no toque otra vez a nuestra puerta.
A veces, no está en nuestra mano. A veces, deciden por nosotros. Vivimos en el tiempo de políticos sin vocación, sin motivación, sin ideales. Eso lo pagamos todos. Ellos deberían también leer más en vez de pensar, una vez han alcanzado el poder, como lucrarse. Siempre a costa de los demás.
El que sufre se hace más fuerte. El que está sano luchará hasta el final por alcanzar sus objetivos. Parece una tontería, pero la salud y el amor de los nuestros en los tiempos que corren son nuestra esperanza más cercana y más verdadera.
Vendrán tiempos mejores y disfrutaremos de ellos. Sin duda.
Muchas gracias a todos.

“Así pasa la gloria del mundo
sin pena
sin gloria
sin mundo
sin un miserable sándwich de mortadela”
Nicanor Parra

09Nov/11

UN NIÑO Y SU BARCO DE PAPEL

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Y comenzó a navegar.
Por capitán un guijarro
por tripulante una flor.

El mar no era mar alguno.
Tan sólo el estanque
de aquel parque.
Pero el horizonte,
en sus ojos,
no existía.

¡Ahora irá
hasta las costas de África!
¡Ahora irá
hasta los mares de China!
¡Mira, mira que rápido va!

Y seguía navegando,
ese barco de papel.
Dando vueltas
y otra vuelta
ese barco de papel.

Comenzó a llover.
Nos fuimos.
Adiós barco, dijo él.
Mañana,
si aún no has llegado a China
te veré.

Al día siguiente,
el estanque,
había tragado
el barquito de papel.

-Mamá, dijo, mira.
El barco ya se ha ido a China.

-Si, se fue,
se fue.

-Pero mira mamá, dijo.
El tripulante cayó.

La flor dormía mojada,
flotando en aquel estanque.

La miraba algo extrañado,
y algo apenado también.
Y cuando iba a decirle
que aquella no era su flor,
por no verle yo tan triste
y con ganas de llorar,
el se adelantó y me dijo,
pero no hay porque llorar,
ella no quiso ir a China,
ella prefirió jugar
aquí sola, en el estanque.
Pero el barquito vendrá
volverá pronto a buscarla,
¿a qué si, mamá?
¿a qué si, mamá?

05Oct/11

NIÑOS ASESINADOS EN HONDURAS, FUTURO MUERTO

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Hace unos días el períodico El Mundo, en su edición digital, publicaba una noticia triste y preocupante. Según el diario, cada día es asesinado un niño en Honduras, uno de los países con mayores tasas de crímenes de América Latina.
En los tres últimos meses habían sido asesinados 76 niños en el país. Es decir, un niño muere al día en el país. Por lo visto, esta es una cifra constante desde 1998 según da a conocer la ONG Casa Alianza.
En los últimos 13 años la organización ha contabilizado 6.599 menores asesinados en el país. Además explica que la mayoría de niños son atacados en las cercanías de sus hogares. Son atacados por sujetos encapuchados y fuertemente armados, que se desplazan en vehículos o motos, que a veces los torturan antes de matarlos. Esto sucede así frecuentemente.
Cuando uno lee noticias como éstas no puede dejar de pensar que significa, entonces, vivir en un Estado que dice ser democrático, que supuestamente está sujeto a un sistema de Derecho donde se garantiza la seguridad ciudadana. ¿Qué está pasando? Hace tiempo que en muchísimos países la muerte de los niños no conmueve, hace tiempo que es algo normal, hace tiempo que parece ser que todo da igual. ¿Cómo puede avanzar un país que no mima, no protege, no educa y no se preocupa por sus futuros ciudadanos? No sólo se gobierna para ahora, para los que están, se gobierna para el futuro. Pero sin niños el futuro no existe.
Desgraciadamente estos homicidios también parecen ser frecuentes en El Salvador, donde este año, según datos de la policía, y siempre basándome en lo leído en el periódico, han sido asesinados ya 76 niños.
Creo que además de los libros, hay que abrir también los periódicos para que el mundo no nos sea indiferente.