30Ene/15

UN POEMA DEBERÍA SER. ALTAZOR. VICENTE HUIDOBRO

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“Un poema es una cosa que nunca es, pero que debería ser”.

Vicente Huidobro (Santiago de Chile, Chile 1893, Cartagena, Chile, 1948) fue el padre del creacionismo. El creacionismo es un movimiento poético de vanguardia del primer tercio del siglo XX, que me apasiona y les invito a abrir cualquiera de las obras de este gran autor chileno porque disfrutaran de cada uno de sus versos.
¿Que guarda este movimiento? La posibilidad que tiene el poeta de crear su propio mundo independiente del mundo en el que vive, de la realidad que le rodea. Para ello puede inventar juegos de palabras, palabras nuevas, metáforas irracionales y puede saltarse la linea narrativa, la sintáxis y hasta la puntuación.
La obra cumbre de Huidobro y emblemática del creacionismo, “Altazor” (1931) recoge todo esto y mucho más. Tan compleja como interesante, este trabajo sería el último escalón, a mi parecer, que habría que subir, para conocer al poeta.
Primero y, para comprender todo lo que es el creacionismo, sería suficiente con dejarnos seducir por dos cosas que quiero reflejar en este post: Su manifiesto titulado “Non servia” y el poema “Arte poética”. Aquí están las claves de todo lo que viene después.

En el manifiesto se expresa así:

“No he de ser tu esclavo, madre Natura; seré tu amo (…) Yo tendré mis árboles que no serán como los tuyos, tendré mis montañas, tendré mis ríos y mis mares, tendré mi cielo y mis estrellas. (…)
Yo te responderé que mis cielos y mis árboles son los míos y no los tuyos y que no tienen por qué parecerse.”

El poeta asume el papel de “un pequeño Dios” como el mismo deja claro en su poema “Arte poética”:

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
Hacedla florecer en el poema;
sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.

El poeta es un pequeño Dios.

Disfruten del principio y después de “Altazor”. Les conquistará.

Algo de “Altazor”:

“Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga
por todas partes,
iluminando sus consumaciones con estremecimiento de
placer o de agonía”.

“Se debe escribir en una lengua que no sea la materna”.

“Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte”.

“Un poema es una cosa que será”.

“Un poema es una cosa que nunca es, pero que debería ser”.

“Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá
ser.”

15Ene/15

UNA MUJER QUE SEPA VOLAR. OLIVERIO GIRONDO

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Que difícil, pero qué difícil es elegir un par de poemas del gran Oliverio Girondo (Buenos Aires, 1891-1967), por falta de espacio, y que rabia da no poder ponerlos todos. Todos increíbles, todos con encanto, todos inquietantes, todos duros y tiernos, todos demasiado verdaderos, demasiado todo. Tanto todo cabe en cada verso que uno se encuentra indefenso y a la vez protegido por la verdad de la palabra, por la lealtad al pensamiento del poeta.
Admiro la obra de Girondo profundamente. Girondo es inteligente, tremendamente inteligente, y detrás de cada ironía, de cada nota de humor, hay una reflexión tan suave, tan tierna… Les invito a que abran su obra, a que la lean y la disfruten.

¡TODO ERA AMOR!

¡Todo era amor…amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla,
amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche…
lleno de prevenciones, de preventivos;
lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M
mayúscula,
chorreando de merengue,
cubierto de flores blancas…

(…)

Amor con sus accesorios, con sus
repuestos;
con sus faltas de puntualidad, de
ortografía;
con sus interrupciones cardíacas y
telefónicas.

(…)

Amor que es, simplemente amor.
Amor y amor…¡y nada más que amor!

NO SE ME IMPORTA UN PITO…

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas
de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento
afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí!- y en esto soy irreductible- no les
perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

(…)

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las
estrellas!

(…)

Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos
una mujer terrestre?

(…)

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

03Ene/15

LO QUE QUIERO AHORA. ÁNGELES CASO

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Hace tres años, la maravillosa escritora Ángeles Caso, escribió un artículo en el periódico La Vanguardia, titulado “Lo que quiero ahora”.
Me ayudó mucho leer esta columna. Hacía alrededor de dos semanas que me había tenido que despedir, para siempre, de mi madre, y me vinieron a la mente muchas de sus enseñanzas que, de alguna manera, estaban recogidas aquí.
Mi madre siempre me decía que leía mucho pero que por mucho que leyese siempre habría algo que me quedaría por leer porque no hay vida que pueda abarcar la lectura de todos los libros que buscamos, egoístamente, para encontrar la belleza que buscamos, siempre nos quedarán versos, cuentos, novelas,… que nos venían a decir algo para tranquilizarnos, para hacernos la vida más bonita. Tenía razón.
Pero lo que nos vamos encontrando por el camino ya es un regalo del destino, y este artículo para mí lo fue.
Quiero compartirlo con todas aquellas personas que aún no lo hayan leído e invitarlas a que nos sirva de reflexión para los propósitos que todos nos marcamos para el año nuevo.
Muchas gracias a Ángeles Caso por sus libros, por su humildad, por su belleza e inteligencia.

Lo que quiero ahora

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Este artículo fue galardonado con el premio Julio Camba de Periodismo.

Y desde aquí, y para terminar, quiero dar las gracias, de corazón, a todos los que siguen mi blog. Estos cinco años, que se cumplieron en noviembre, me han traído muchas alegrías. He aprendido mucho de todos. Gracias a estos encuentros a través de los comentarios que escribo he podido conocer gente realmente interesante que me han enriquecido mi vida y mis lecturas. Muchas gracias a todos y que el año que viene abramos muchas obras más y, sobre todo, que tengamos salud y acabe toda esta tristeza que se ha instalado en nuestro país por parte de unos muchos que quieren todo a costa de los demás.

22Dic/14

NOCHEBUENA. NIKOLÁI GÓGOL

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“Era la víspera de Navidad; atardecía, y al fin llegó la noche; una noche de estas de invierno, clara, espléndida. Comenzaron a salir las estrellas, y la Luna se mostró majestuosa, como si quisiese iluminar aún más que de ordinario la Tierra, dando así más brillantez a las coliadky que glorificaban a Jesucristo. Helaba más intensamente que durante el día y reinaba tal silencio que el crujido de la nieve bajo las pisadas podía irse a distancia. (…)
De pronto, de la chimenea de una de las cabañas salió una humareda que se extendió a modo de nubarrón en el firmamento, y por ella se vio subir a una bruja cabalgando en su escoba. (…)
La bruja, mientras tanto, subió a tal altura, que al poco rato sólo parecía allá arriba un punto negro. Y lo que es más particular: por donde pasaba aquel punto o manchita, se veía desaparecer una estrella, y así, fueron desapareciendo una tras otra. Ella se las iba metiendo en una manga, y cuando la tuvo llena, sólo quedaron tres o cuatro que relucían más. En esto de, improviso, apareció otro punto o marchita por el lado opuesto; fue desplegándose, creciendo, hasta que tomó forma. (…) Sólo por sus barbas de chivo, por los cuerpecitos que le apuntaban en la frente y porque todo él era más negro que un tizón, se podía deducir que no era ni alemán ni empleado, sino sencillamente el demonio en persona, a quien le quedaba la última noche para poder errar por el mundo y hacer pecar a los incautos. Al amanecer, cuando sonase el repique llamando a misa, correría a su ratonera sin mirar hacia atrás y escondiendo el rabo entre las piernas. Mientras tanto, se acercó con mucho sigilo a la Luna; y ya alargaba la mano para cogerla, cuando tuvo que retirarla rápidamente como si se hubiese quemado. Chupóse los dedos, sacudió un pie y corrió a intentar cogerla por otro lado; pero otra vez hubo de quemarse. No cejó, sin embargo, a pesar de la mala suerte que tuvo en sus intentonas y, volviendo de nuevo, la cogió de repente con ambas manos, y haciendo mohines y soplando, la pasó de una a otra, del mismo modo que hacen los mujiks con la brasa que sacan del fuego para encender la pipa. Por fin, con un gesto rápido se la metió en una bolsa que llevaba, y con toda naturalidad echó a andar.
Nadie supo en Dimanad cómo el diablo robó la Luna.”

Así comienza una de mis novelas favoritas desde que era niña y que hoy les traigo hasta aquí para que la abran y la disfruten en estos días. Llega la Nochebuena, la Navidad y esta novela titulada “Nochebuena” es la perfecta historia para leer en familia, reunidos y celebrar así la más bonito de estos días, la unión familiar en paz. Y que mejor que unirnos todos en torno a un precioso relato como este del genial Nikolái Gógol (Gubernia de Poltava (ahora Ucrania antes Imperio Ruso), 1809- Moscú, Imperio Ruso, 1852).
Esta historia que, como digo, me fascinó desde niña, tiene todos los ingredientes para hacer de ella una novela imprescindible y única, que adoro. Gógol era un experto en mezclar humor, realismo social, elementos fantásticos y tradiciones o pasajes costumbristas en sus trabajos y todo eso y mucho más está en “Nochebuena” uno de los ocho relatos que conforman la novela titulada “Veladas en un caserío de Dikanda”. Los ocho relatos son una delicia pero este es mi preferido.
Toda esta mezcla hace de esta novela un relato perfecto aunque no es tan conocida como otras obras de Gógol como por ejemplo “Almas muertas”, considerada como la primera novela rusa moderna, o “Taras Bulba”.
Es un relato delicado y simpático cargado de fantasía. El diablo quiere hacer de las suyas el último día antes de la Navidad, mientras todas las gentes del distrito disfrutan del ambiente navideño y de sus tradiciones. ¿Por qué se la ha ocurrido robar la luna justo cuando los jóvenes más contentos están cantando de casa en casa, los viejos se reúnen en las tabernas y las mujeres preparan todo en sus casas? Por venganza. Por vengarse del joven herrero Vakula, que además es un gran pintor y que ha osado plasmar imágenes religiosas para la iglesia. Eso el demonio no lo puede consentir. Así es que ha robado la luna para que el padre de la bella Oksana, el viejo Chub, no pueda reunirse con sus colegas esa noche y así el herrero, que a su vez está enamorado de Oksana, no pueda ir a visitarla. El padre de la bella joven, piensa el diablo, sentirá pereza de abandonar su casa para irse de juerga en una noche tan oscura, Oksana no se quedará sola y así el tonto del herrero se comerá las ganas de ir a visitarla. Pero no todo le sale tan bien al demonio ni siquiera a la bruja, su gran amiga.
De todas maneras, Oksana no quiere a Vakula, ella engreída, presumida y segura de su belleza, cree que el joven no está a su altura y se pavonea delante de otros e incluso le pide lo imposible para conseguir su amor. Asegura al joven herrero que si es capaz de traerle desde San Petersburgo los zapatos de la zarina se casará con él.
Es una tarea difícil, casi imposible, pero… ¿se puede llegar a pactar con el mismísimo diablo para conseguir el amor? o lo que sería aún mejor ¿se puede llegar a engañar al diablo? Tarea aún más difícil que conseguir los zapatos de la zarina. Todo eso y mucho más se cuenta en el libro. Se van a reír mucho con las historias de la bruja, una casquivana de armas tomar que deja en evidencia a varios hombres del pueblo. Pero hasta aquí puedo llegar, bueno les dejaré con un trocito del viaje a San Petersburgo pero prometo no desvelar nada más para que ustedes la disfruten con los suyos. Esta joya de la literatura les cautivará. Rica en imágenes, cargada de fantasía y humor nos hace transportarnos, una vez más, a ese especial universo literario que tanto admiro en los escritores rusos. Sencillamente inalcanzable y lleno de belleza.

“Al principio Vakula se asustó de verse elevar tan alto y de ir perdiendo de vista a la Tierra, hasta el extremo de no poder distinguir casi nada de ella. Voló con rapidez de mosca, llegando hasta la Luna que hubiese rozado con su gorro de no haberse inclinado ligeramente. Poco a poco fue desimpresionándose y cobrando ánimo, y terminó por estar de humor hasta para darle broma al demonio. Se divertía extraordinariamente oyéndole estornudar cada vez que se quitaba la crucecita de ciprés y se la acercaba al hocico para hacérsela oler. Otras veces levantaba, alardeando en la acción, la mano para rascarse la cabeza, y el diablo, creyendo que intentaba hacer la señal de la cruz, volaba con más rapidez aún. Todo era lúcido en las alturas: la atmósfera, parecida a una fina niebla plateada, era sumamente transparente. Veía todo tan claro, que pudieron distinguir a un mago que sentado sobre un puchero pasó vertiginosamente por su lado. Las estrellas, cogidas de la mano unas con otras, jugaban a la gallina ciega. Mas allá veía un enjambre de espíritus que se extendía a modo de nube. Un diablejo que bailaba cerca de la Luna, se quitó el gorro al ver pasar al herrero montado a caballo sobre el demonio. Una escoba tornaba a su destino al quedar abandonada por su dueña, la bruja que la dejó después de servirse de ella para su viaje. Mucha chusma encontraron aún. Al ver pasar al herrero, todos se paraban unos segundos para mirarle; luego seguían adelante, yendo cada cual a lo suyo.”

18Dic/14

EL BOSQUE DE LOS CUENTOS. UN CUENTO DE NAVIDAD

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1. EL VIEJO QUE BUSCABA LA MAGIA

La pobreza se había instalado desde hacía un par de años en El Pinar un pueblecito que, como su nombre indica, estaba rodeado de un bosque hermoso y espeso de pinos.La pobreza era, desgraciadamente, una situación normal en los tiempos que corrían y los habitantes de este pequeño municipio sabían lo que era pasar hambre. Ya nadie quería su madera. Las serrerías estaban cerradas. Los muebles no se vendían en las grandes ciudades. ¿Entonces?, ¿quién iba a comprar la madera que ellos tenían? Estaba claro que nadie.
Los vecinos se ayudaban unos a los otros como podían. Se cambiaban huevos por leche, mantequilla por chacinas, leña por lana,… y así, a duras penas, iban saliendo adelante.
Tres días antes de la Nochebuena ya de sobra sabían los niños que no recibirían regalos y no esperaban nada ni a nadie. Papá Noel hacía cinco años que no les visitaba e incluso fantaseaban pensando en lo afortunados que serían si en esta noche, a la que se llamaba mágica, tendrían algo especial que llevarse a la boca.
En la pequeña plaza del pueblo, los niños, como cada tarde, correteaban alrededor de la fuente jugando al escondite y a pillarse los unos a los otros. Hacia frío, mucho frío, porque un viento helado, desde hacía unos días, estaba soplando sin parar y sin piedad como queriendo ponerlo todo más triste.
Una de esas tardes, los niños se quedaron casi mudos cuando vieron aparecer en la plaza a un señor viejo, muy viejo, con una barba blanca abundante pero limpia y bien recortada, vestido con ropas verdes de lana y botas de cuero. Su cara era amable y enseguida les sonrió.
Los más pequeños, dejados llevar por su fantasía, creyeron que era el mismísimo Papá Noel, pero los más mayores se encargaron de decirles la verdad inmediatamente, eso de que este año tampoco vendría en su trineo a traerles regalos ni oirían su campanilla tintinear.
-¿Alguno de vosotros sabe donde se podría hospedar un viejo como yo?, preguntó a los niños según se iba acercando a ellos.
Juan, el más mayor, le explicó que su pueblo era tan pequeño que no tenía ni siquiera una fonda para los visitantes. Pero le invitó a llevarle hasta su casa. Allí siempre era bien recibido todo el mundo.
Los niños siguieron a Juan y al viejo, contentos porque, al fin, sucedía algo diferente en el pueblo.
Al entrar en la casa, la madre de Juan se quedó sorprendida y algo asustada de la visita que le llevaba su hijo. El anciano se percató del miedo de la señora y pronto la tranquilizó.
-No se preocupe señora, sólo soy un viejo trotamundos, explicó para calmarla. Escuché decir una vez a un viejo tan viejo como yo que el pinar que rodea este pueblo es mágico y quise venir para comprobarlo por mi mismo.
A la vez que le invitó a pasar, la madre de Juan hizo un mohín con la cara como dejándole claro a aquel señor que todo lo que le habían contado era una gran mentira.
-¿Cree usted buen hombre que si este bosque fuera mágico como le han contado estaríamos pasando hambre?
-No sabía de su situación, apuntó el viejo entristecido.
-Es la situación de todo el pueblo desde hace muchos años. Nadie quiere nuestra madera. Nadie la compra y sobrevivimos como podemos. ¿Cree que si la magia existiese de verdad los niños del pueblo no tendrían juguetes el día de Navidad?
La mujer le acercó una taza de leche caliente y un trozo de pan con mantequilla.
-Tiene usted razón señora.
Los niños escuchaban atentamente a la madre de Juan y al viejo muy viejo pero incluso algo ajenos a lo que hablaban. Los niños, aún en los peores momentos, siempre tienen un lugar donde refugiarse, su fantasía.
El viejo los miró. Aquellos eran los niños de los que hablaba la mujer, los niños del pueblo que, a pesar de todo, no perdían la sonrisa. Porque el viejo lo sabía, sabía muchas cosas, y de entre todas esas cosas que había aprendido a lo largo de su vida y en sus múltiples viajes, sabía que los niños nunca se rinden porque la fantasía les hace seguir adelante.
La madre de Juan le invitó a ir al bosque.
-¡Vaya! ¡vaya!, por favor. Y si encuentra la magia venga rápidamente por lo que más quiera y regálenos un trocito a los que vivimos en el pueblo, que falta nos hace.
-Iré, dijo el viejo, mientras apuraba el tazón de leche.
-Perfecto. Y si quiere posada para esta noche puede usted quedarse aquí. Si tiene algo con lo que ayudarme se lo agradeceré, en caso contrario de pobres no vamos a salir así es que se puede quedar de todas maneras.
El viejo le agradeció profundamente su hospitalidad y partió para el bosque con los niños siguiéndole como en aquel cuento seguían las ratas al flautista de Hamelin.
Mientras tanto, la madre de Juan fue avisando por todas las casas de la presencia en el pueblo de “aquel viejo chalado pero sin maldad”, como ella lo definió.
-¿Que va buscando magia?, dijo Celia, una de las vecinas. ¡Otro loco! ¡Lo que nos faltaba!
-¡Imagina que encuentra algo!, exclamó un vecino.
-¡Qué inocente eres!, le respondió Rosario.
-Por soñar…., soñar no cuesta dinero, apuntó Roberto.
Los vecinos ya habían hecho un corrillo en el portal de uno de ellos y cada uno tenía una opinión, como suele suceder en estos casos.
-¿Pero…, qué es lo que quiere?, preguntó María a la madre de Juan. ¿Cómo has dejado a los niños ir sólos al bosque con él?
-Mujer, tranquila, que no es un ogro. Además, los niños son más de veinte y conocen el bosque mejor que él. No les va a hacer nada.
-Eso ya se sabe, aseguró Arturo, pero también se sabe que la magia no la va a traer.
-Pues claro que no, aseveró Miguel, incluso de mal humor. Que magia, ni magia,…
-¡Lo que hay que escuchar por tener orejas!, dijo Elena.

Pero dejemos ahora a los mayores con sus charlas y sus discusiones y vayamos con los niños y el viejo al bosque, pues se va haciendo tarde.
¿Encontrarán la magia antes de llegar a casa?
Eso es algo que aún no podemos saber

2.CUANDO SE ABRAZA A UN ÁRBOL NACE LA MAGIA

-¿Por qué abrazas a los árboles?, preguntó Juan.
-¿No os habéis dado cuenta de que están muy solos?, preguntó el viejo a los niños.
-¿Solos?, dijo Celia, una niña de diez años, con ironía. Si están apelotonados aquí, todos juntos.
-Si, tienes razón le respondió el viejo, pero…. ¿no te has dado cuenta de que no se pueden tocar los unos a los otros? Quizás tengan muchas ganas de abrazarse pero no pueden. No pueden moverse. ¡Imagina que contentos se pondrían si les diéramos un abrazo!
Los niños rieron, pero inmediatamente le siguieron al viejo, en lo que ellos tenían por un juego, y fueron abrazando a los árboles sin pausa, con una algarabía y una pasión como nunca antes había visto el viejo.
De pronto un niño se paró y le preguntó al anciano:
-¿Cómo sabemos que les está gustando?
-¿Tú lo pasas bien? ¿Te sientes mejor después de haberlos abrazado?
-Si, contesto rotundamente el chiquillo.
-Pues ellos también. Te lo aseguro. Tu tienes la respuesta en tus brazos.
No sabemos si el niño entendió algo de lo que le dijo el trotamundos pero sin duda se sentía mejor y siguió abrazando a los árboles y después a sus amigos, y hasta al viejo cuando se cruzó por su camino.
Los niños y las niñas estaban locos de contentos. Abrazaban, cantaban y bailaban sin parar por el bosque, como si nunca antes lo hubieran hecho.
Por el sendero que llevaba de vuelta al pueblo, el viejo les preguntó si no habían ido nunca al bosque a jugar, pues le había sorprendido mucho lo felices que los niños habían sido aquella tarde en un lugar, que él creía suficientemente conocido para ellos. Juan le respondió que no.
-No venimos nunca a jugar aquí, ¿para qué?
-Pues lo habéis pasado bien, ¿no os dais cuenta? No os olvidéis de esto que ahora mismo os voy a decir:
-Todos los bosques son mágicos si uno quiere que lo sean. Y todos los niños del mundo que yo he conocido quieren encontrar un bosque mágico, incluso hay muchos que pasan toda su vida buscando uno.
-Si, pero… pero el bosque… es eso el bosque. Es el lugar donde trabajaban nuestros padres antes, dijo Carolina algo triste. Ahora no sirve para nada.
El viejo la miró fijamente a la cara y algo dolorido con ella le contestó:
-¿De verdad crees que no sirve para nada? Te ha hecho feliz esta tarde mientras corrías y saltabas entre sus árboles. Eso es algo mágico.
Los niños le miraron algo contrariados y también bastante decepcionados. No les parecía a ellos aquello algo mágico. Se lo habían pasado bien, pero nada más.
Cada uno volvió a su casa y Juan con el viejo a la suya. Allí la madre los estaba esperando y lo primero que preguntó con cierta sorna fue si había encontrado la magia.
El viejo calló unos segundos y asintió con la cabeza.
La mujer soltó una carcajada.
-¿La tiene usted en el bolsillo de su pantalón?, le preguntó con desdén.
-No, en realidad, le tengo que decir que siempre la llevo conmigo.
– ¡Caramba!, pues ya sabe, deje un trozo antes de irse.
– Gustosamente les dejaría un trozo antes de irme, pero ese trozo se acabaría. Tengo que ser capaz en estos tres días, antes de que llegue la Navidad, de que ustedes encuentren la magia y así nunca se les agote.
-¡Pues eso no está mal!, exclamó la mujer mientras pensaba para sus adentros que el viejo estaba más chiflado de lo que ella había pronosticado en un principio. Pero aún así le dio cobijo y le aseguró que se podía quedar el tiempo que quisiera a cambio de esa magia que prometía.
Y el viejo, antes de irse a dormir aquella noche, le prometió a la madre de Juan que así sería.
Y la madre de Juan se acordó de aquello de no dar los peces sino la caña para pescar y las enseñanzas para llevarlo a cabo pero…. era solo un viejo chiflado, sólo eso, un viejo chiflado.

3. CUANDO SE CUENTA UN CUENTO NACE LA MAGIA

Los niños volvieron con el viejo al bosque porque no tenían otra cosa mejor que hacer, pero ya no creían las cosas que decía. En dos días no había conseguido encontrar la magia en el bosque aunque el aseguraba que ellos eran los que no la habían encontrado aún.
-Este bosque es mágico y hasta que vosotros no os deis cuenta no podréis hacerlo saber a los demás. Nadie os creerá sino lo creéis vosotros mismos.
-¡Nosotros aún no hemos visto nada mágico!, exclamó enojada Patricia. ¡Díganos donde ve usted la magia!
-¡Yo también me estoy cansando de esperar!, espetó otro chiquillo. Aquí no hay magia, ni vendrá Papá Noel ni nada. Y se echó a llorar.
Entonces el viejo para calmarles empezó a contarles historias de sus viajes y eso les gustó bastante a los niños.
Les habló de piratas sin dientes que robaban oro a los reyes, de princesas encerradas en cuevas de fantasmas que eran rescatadas por ranas que se convertían en príncipes, de ogros buenos a los que nadie quería pero que se querían mucho entre ellos, de arañas que tejían los días y las noches con agujas de plata, de astronautas que iban al espacio a robar estrellas y de una luna que las rescataba a todas, de brujas que utilizaban pócimas para castigar a los malos y de malos que se volvían buenos, de islas con tesoros, y de tesoros sin plata, oro ni diamantes, de castillos embrujados con pasadizos secretos y de alfombras que volaban por el cielo.
Todo eso les contó hasta que cayó la noche. Los niños estaban fascinados con las historias del trotamundos y no querían irse del bosque. El bosque se había convertido en un lugar un poco mágico y especial donde poder escuchar esas historias tan interesantes, pero como ya había oscurecido y el viejo pensó que los padres podían estar preocupados les prometió que por la noche, alrededor del fuego y de la cena de Nochebuena les seguiría contando historias mágicas.
Y así sucedió. Aquella noche los vecinos se reunieron juntos para comer y beber y compartir la cena de Nochebuena. Consistía en lo de siempre pero intentaron hacer de la normalidad algo especial. Los niños esperaban con mucha ansia los cuentos del anciano y este comenzó a contarlos. Al de un rato, los mayores fascinados también por las historias mágicas se acercaron a los niños para poder escuchar al viejo.
Porque os diré algo, por si aún no lo sabéis, la magia es contagiosa. Os lo aseguro.
Entonces el viejo les contó un cuento de un bosque de pinos donde de las ramas colgaban cuentos. En ese bosque había hadas y duendes que escribían esos cuentos y princesas y príncipes que los leían, y brujas que intentaban poner finales tristes, y niños buenos que los corregían para que tuvieran finales felices. Un cuento de un bosque en un pueblo pequeño donde la gente no sabía que ese bosque era mágico, pero donde una vez vino un viejo a ver que sucedía y encontró esa magia. Entonces el viejo lo fue contando por todo el mundo donde le llevaban sus zapatos. La historia del bosque mágico corrió tan rápido como la pólvora. En los cinco continentes del mundo se sabía que en un pueblecito pequeño y remoto había un bosque lleno de pinos mágicos y que de las ramas de esos pinos colgaban cuentos y que hasta las ardillas abrazaban todos los días los troncos de esos árboles para darles las gracias de darles piñones y cuentos. Y todo el mundo que visitaba aquel bosque acababa abrazando a los árboles y siendo felices.
Los mayores tragaban saliva y a los niños les pareció un relato precioso.
-¡Qué felices seríamos si ese bosque fuese nuestro bosque!, dijo de pronto una de las niñas.
-Si, eso sería genial, apuntó Juan.
Su madre asintió con la cabeza, y los mayores rieron, y algunos dijo que se acabó ya de cuentos y que se acercaran a la mesa para seguir comiendo.
Pero Juan se quedó pensando en todo lo que había dicho el viejo, y fue a su casa corriendo. Cogió todo el papel que tenía, sus lapiceros y sus pinturas y les dijo a los niños que empezaran a escribir cuentos. Los niños jugaron durante toda la noche a escribir cuentos a imaginar historias, a soñar, a hacer la magia realidad. Al final, agotados de su propia imaginación, de sus dibujos y de sus ilusiones fueron donde el viejo y le dijeron lo siguiente:
-Cuando te vayas querido anciano di por el mundo que aquí hay un bosque mágico, donde de las ramas de los pinos cuelgan cuentos que escriben duendes y hadas. Que en el viven príncipes y princesas que adoran leerlos, que hay alguna que otra bruja que intenta poner finales tristes, pero que los niños que vivimos aquí los corregimos todos porque no queremos nunca finales tristes. Y que hasta las ardillas abrazan a los árboles para darles las gracias por darles piñones y cuentos. Por favor, di todo esto, así el mundo entero vendrá a visitarlo, porque los niños, como tu dijiste, se pasan la vida buscando bosques mágicos.
La gente vendrá, leerán los cuentos, disfrutarán del bosque, comprará nuestra leche, nuestra mantequilla, nuestro pan y nuestra lana y nunca más seremos pobres. Y creerán en la magia para siempre. ¿Lo harás?, preguntó Juan. ¿Contarás todo esto al mundo cuando te vayas?
El viejo le abrazó muy fuerte. El resto de los niños y los mayores estaban en silencio. Emocionados.
-Por supuesto que lo haré querido, respondió el viejo con una gran sonrisa, pero ahora que la magia está aquí ya con todos vosotros me tengo que ir. Hay más gente que necesita encontrar la magia en su vida. Vosotros ya la tenéis pero ahora escuchad todos atentamente mi último consejo, por favor, nunca la perdáis.

Estas fueron sus últimas palabras. Y desapareció. Si así. Tal y como os lo cuento. Como por arte de magia. Mientras sonreía se desvaneció en el aire de aquella habitación donde se celebraba la Nochebuena. Eso sí, lo único que se oyó fueron unas campanitas repiquetear de forma graciosa y cuando abrieron la puerta los vecinos vieron que todo estaba cubierto de nieve y sobre la nieve había unas huellas de trineo y por el cielo vieron, ya a lo lejos, a unos renos y a un hombre vestido de verde que decía adiós con su mano mientras sonreía.

07Dic/14

A HOLE IS TO DIG. RUTH KRAUSS

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A dream is to look at the night and see things

Recorriendo librerías antiguas por Múnich, encontré el otro día un libro precioso de la escritora americana Ruth Krauss (Baltimore, Maryland, 1901-1933).
Había oído hablar de él y allí estaba, esperándome. Era incluso más bonito de lo que imaginaba e ilustrado por el genial Maurice Sendak, ¿qué mas se puede pedir?.
“A Hole List to Dig: A First Book of First Definitions” es el título de la obra que data del año 1952 y el libro está publicado por HARPER & BROTHERS Publishers. En la contraportada se dice algo que define muy bien a esta gran escritora. “Miss Krauss has a wonderful imagination, and she always manages to find a focal point which comes right out of the real life of a young child.”
Y esa realidad que transmite mezclada con tanta ternura, ironía y humor hacen de ella una autora irresistible no sólo para los más pequeños sino para todos los que amamos la literatura infantil.
“The Carrot Seed” (1945) es una de sus obras más conocidas, ilustrada por su marido el también escritor de libros infantiles, Crockett Johnson.
Sendak dijo de ella que era un gigante dentro de la literatura infantil y no hay más que abrir uno de sus trabajos para afirmarlo una y otra vez.

Aquí les dejo algunas de las frases que se recogen en “A Hole List to Dig”. Simplemente maravilloso, con una ternura desbordante.

Dogs are to kiss people
A hand ist to hold up when yo want your turn
The ground is to make a garden
A party ist to say how-do-you-do and shake hands
A party ist to make little children happy
A dream is to look at the night and see things
The sun is to tell you when it is every day
Little stones are for little children to gather up und put in little piles
Children are to love
A brother is to help you
A mountain is to go to the top
A mountain is to go the bottom
A mustache is to wear on Halloween
A hat is to wear on a train
Toes are to dance on
Eyebrows are to go over your eyes
A sea shell is to hear the sea
A hole is to plant a flower
Cats are so you can have kittens
Mice are to eat your cheese
A hole is for a mouse to live in
A hole is to look through
Steps are to sit on
Hands are to make things
A package is to look inside
The sun is so it can be a great day

Me gustaría destacar dos libros de la autora, entre muchos otros, y que, casualmente, también están ilustrados por Sendak:
“Open House for Butterflies” (1960)
“Charlotte and the White Horse” (1955)

06Sep/14

LOS CLÁSICOS. JULIO LLAMAZARES

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“Tengo un amigo alemán que se extraña de que en España cada vez más la corrupción sea la norma y no la excepción y yo lo comprendo: mientras nosotros leíamos “El lazarillo”, el “Guzmán de Alfarache” o “La pícara Justina”, ellos, los alemanes, se aburrían como ostras leyendo a Goethe y a Thomas Mann.
Lo que me sorprende a mí es que aún haya españoles que se extrañen de lo mismo que mi desconcertado amigo alemán. Salvo que no hayan leído un libro en su vida. Porque el famoso patio de Monipodio, la escuela de ladrones de Sevilla a la que acuden los pícaros cervantinos Rinconete y Cortadillo, como la fabulosa tierra de Jauja, “donde se come y se bebe y no se trabaja”, que inmortalizó su paisano Lope de Rueda, o la pensión segoviana del Cabra quevedesco en la que las comidas no tenían principio ni fin porque el avaro dómine les hurtaba el tocino y la carne de la olla a sus pupilos, se diferencian muy poco de la España que hoy conocemos. Cambian los nombres de los ladrones y de los pícaros, pero es la misma en esencia.”

Ayer, les presenté uno de los artículos de opinión que este verano más me habían gustado y este, del que les acabo de escribir el principio, es otro de ellos. También está publicado en El País, concretamente el jueves 14 de agosto. Es de mi admirado escritor Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955) y se titula “Los clásicos”.
Como ven, en el principio lo dice todo. Explica muy bien quienes somos y de dónde venimos. Y como, la literatura ya lo había dicho todo antes. Por cierto, no puedo dejar pasar la ocasión de invitarles a leer, ahora en septiembre, dos joyas de la literatura española, “La lluvia amarilla” de Llamazares y “La vida del Buscón” de Francisco de Quevedo. Aquí, unidos en el artículo y unidos por la maravilla de obras que son.
Pero siguiendo con lo que me ocupa en el post, les diré que, en mi opinión, Llamazares tiene, como se suele decir, toda la razón del mundo.
Además añade que para los que se sorprenden de lo que está ocurriendo en España les recomienda leer a nuestros clásicos y cita a Cervantes, a Quevedo, a Fernando de Rojas, al Padre Isla y a Valle-Inclán. Y también nos remite a la historia de la literatura. Y así explica lo siguiente:

“Mientras que los alemanes daban a luz el romanticismo, los italianos el renacimiento, los franceses la ilustración y los ingleses la tragedia moderna, nosotros, los españoles, hemos aportado al mundo dos géneros literarios característicos: la picaresca y el esperpento. Digo yo que será por algo.”

Esta columna me parece muy interesante, la verdad. Es así, como la vida misma. Y no es algo de lo que avergonzarse pero es algo que destacar que nosotros siempre nos hemos movido por esos territorios vitales y literarios. Yo misma he disfrutado mucho más leyendo a Cervantes que a Thomas Mann o a Valle-Inclán que a Goethe. Como diría Llamazares, por algó será, digo yo.

05Sep/14

BICICLETAS. MANUEL VICENT

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En verano disfruto mucho de, sobre todo, la tranquilidad que da estar desconectado a internet, teléfonos,…y demás aparatos que invaden nuestra vida. Vuelvo a los periódicos de papel, al libro que se lee en la mecedora del salón mientras todos duermen la siesta, al dejar pasar el tiempo controlando muy bien los recuerdos, que pueden ser peligrosos, y observando, simplemente los muebles, las fotografías, los cuadros, las alfombras,…en definitiva los objetos que hay en nuestras casas familiares, de alguna manera llenas de imágenes que se apelotonan en nuestra mente. Imágenes alegres de tiempos pasados e incluso olores que nos transportan a nuestra niñez o adolescencia. Es un lujo el silencio, el tiempo, el pensar en cosas bonitas solamente mientras, como digo, todos duermen.
De este verano me quedo con dos artículos aparecidos ambos en El País que me han hecho uno reflexionar y otro dibujar una sonrisa en mi cara. Y que quiero compartir con todos ustedes.
El primero es del gran escritor Manuel Vicent (Villavieja, Castellón, 1936), y se titula “Bicicletas”. De ese hablaré hoy. Es muy tierna esta columna, publicada el domingo 17 de agosto, y dice algo en lo que yo siempre he creído, que los juguetes de nuestra infancia tienen alma. Cada vez que vuelvo a España y entro a mi habitación, siento como si todas esas muñecas que están en las estanterías se alegraran al verme como yo me alegro, y lo digo muy en serio, de verlas a ellas. Me dicen tantas cosas…
El artículo de opinión comienza así:

“Las bicicletas también tienen alma, como la tenían todos los juguetes de nuestra infancia, el caballo de cartón, el rompecabezas, el mecano, la máquina de cine Nic, los primeros tebeos. Una vez rotos o abandonados su alma se fue a su propio paraíso y puede que desde allí nos recuerde siempre. ¿Se acordará de ti aquella bicicleta Orbea con la que ibas a la playa cuando tenías 15 años?”

La bicicleta de su infancia, el recuerdo de ella, le trae otros enlazados, la vida misma. El primer amor.

“Si existe un cielo que acoge a los juguetes rotos de la infancia, aquella primera bicicleta desde su paraíso habrá seguido todos los avatares de tu vida porque desde entonces ha formado parte de tu conciencia. Sin duda habrá anotado todas tus otras caídas.”

¿Qué bonito lo que dice Vicent, no? La bicicleta habrá anotado todas tus otras caídas. Y, casi siempre, mucho más dolorosas que las que padecíamos subidos de niños a nuestras adoradas bicis. Yo tenía una BH azul y caí alguna vez, pocas, después he caído bajada y subida a la vida, a la realidad muchas veces más. Ahora, por Munich voy siempre en bicicleta, pero aquella BH azul me llevaba a lugares imaginarios, incluso a la luna, lo juro. Me daba libertad. Con mi bicicleta de adulta voy donde tengo que ir, y llego a donde tengo que llegar. Pero no la juzgo, no, porque soy yo la que maneja sus ruedas.

Y esas muñecas, que están en las estanterías, me miran si, me miran, y yo a ellas. Ellas lo saben todo, me han visto reir, llorar, sufrir, amar, odiar, pedir, suplicar, casi morir, casi nacer, discutir, bailar, cantar, estudiar,… Lo han visto todo. Y ahora ven como mi hijo duerme en esa misma habitación. ¿Qué pensarán ellas de él? ¿Se habrían imaginado alguna vez tenerle allí? Quizás, incluso, antes que yo.
La mayoría de esas muñecas me las compró mi madre, que ahora ya no está, y cuando las miro y charlamos un rato, se que ella se alegra. Se que ella está en esa conversación de la vida. Y seguramente, también le diga buenas noches a Max.
Y se que alguna vez, a esa casa familiar, llena de objetos, recuerdos, imágenes y olores, como destacaba al principio, va a ser difícil volver. Aún queda papá, que es el que mantiene todo vivo, pero… cuando se vaya con ella.. ¿cómo resistiremos el vacío aunque todo esté lleno de recuerdos?
Miro a mi hijo y recuerdo cuando yo también iba a casa de mis abuelos en verano. Ellos ya no vivían y solo estaba una tía, la mayor, la que se había quedado con la casa. No entendía que a mi madre le costase subir al desván donde yo lo pasaba genial revolviendo las cosas estupéndas que encontraba en los baúles. No entendía que se le derramase alguna lágrima cuando se sentaba en las mecedoras a la hora de la siesta. No entendía que suspirase cada vez que buscaba un poquito de fresquito en el patio de la casa, al llegar la noche. O que se quedase embelesada mirando cualquier foto o tocando cualquier objeto. Ahora lo entiendo todo. Ahora entiendo la razón por la cual no quería ir allí y todo lo hacía por nosotros, por nuestras vacaciones, aunque ella sufriese por ello en muchas ocasiones.
Y ahora entiendo que el olor a jazmínes del patio le hacía soñar como ahora ese olor me hace soñar a mí. Todo tiene alma.

20Ago/14

FÁBULAS. FELIX MARÍA DE SAMANIEGO

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EL PESCADOR Y EL PEZ

Recoge un pescador su red tendida,
y saca un pececillo. “Por tu vida,
exclamó el inocente prisionero,
dame la libertad: sólo la quiero,
mira que no te engaño,
porque ahora soy ruín; dentro de un año
sin duda lograrás el gran consuelo
de pescarme más grande que mi abuelo.
¡Qué! ¿Te burlas? ¿Te ries de mi llanto?
Sólo por otro tanto
a un hermanito mío
un señor pescador le tiró al río.”
“Por otro tanto al río? ¡Qué manía!
replicó el pescador. ¿Pues no sabía
que el refrán castellano
dice: más vale pájaro en la mano…?
A sartén te condeno; que mi panza
no se llena jamás con la esperanza.”

Quería hoy rendir un pequeño homenaje al escritor Félix María de Samaniego (Laguardia, Álava 1745-1801)
Hay escritores que me llevan en un instante a mi infancia de nuevo y él es uno de ello. ¿Quién no ha leído una fábula de este gran poeta?
Me encantan las fábulas, lo reconozco pero las de Samaniego me parecen superiores a las de Esopo, por ejemplo, porque son más divertidas, además de estar redactadas en verso. Esa simpatía me arranca siempre una sonrisa. La que les he escrito es una de mis preferidas.
Además Samaniego gozó de una vida muy interesante que, si tienen tiempo, les recomiendo leer porque así podrán entender mejor su obra. Tenía gran aficción a la crítica mordaz hacia la religión y la política. Tanto es así que sufrío la persecución de la Inquisición.
El único libro que se le atribuye se titula “Fábulas en verso castellano para el uso del Real Seminario Bascongado”, que data de 1781, donde están recogidas las que yo aquí presento y otras muchas más, como por ejemplo las conocidísimas: La cigarra y la hormiga y La zorra y las uvas.
Es muy difícil elegir entre todas las magníficas fábulas que creó el alavés. Pero esta última es otra de mis preferidas. Abran la obra de Samaniego y aprenderan de los sencillos y sabios consejos de la vida.

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Érase una Gallina que ponía
Un huevo de oro al dueño cada día.
Aun con tanta ganancia mal contento,
Quiso el rico avariento
Descubrir de una vez la mina de oro,
Y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla, abrióla el vientre de contado;
Pero, después de haberla registrado,
¿Qué sucedió? que muerta la Gallina,
Perdió su huevo de oro y no halló mina.

¡Cuántos hay que teniendo lo bastante
Enriquecerse quieren al instante,
Abrazando proyectos
A veces de tan rápidos efectos
Que sólo en pocos meses,
Cuando se contemplaban ya marqueses,
Contando sus millones
Se vieron en la calle sin calzones.

10Ago/14

EL HUEVO DEL JUICIO. CAMILO JOSÉ CELA

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Durante muchos años he estado buscando la novela del premio nobel Camilo José Cela (Iria Flavia,Padrón, La Coruña 1916, Madrid 2002) que me reconciliase con él. Les explico. El talento del escritor gallego es incuestionable pero, a mi juicio, no supo llegar nunca a sus lectores, ni a los periodistas, en definitiva, al público. En ocasiones se le tachaba de ingenioso cuando a mi me parecía que era simplemente grosero. O de espabilado cuando lo que yo veía era que cargaba un saco de timidez a sus espaldas. Y esto último es lo que me hizo, de alguna manera, creer en él. En que además de un genial escritor también fuese un hombre sensible que no quisiese que esa ternura se descubriera porque el personaje histriónico que cultivó durante su vida ya le perseguía para siempre.
Pero después de leer muchas de sus novelas clásicas, es decir, las más conocidas, llegó hasta mí, no hace mucho,”El huevo del juicio” y por fin encontré entre sus páginas lo que yo había intuído: la ternura y sensibilidad que dormían en la sombra, en la sombra de su figura, en la sombra del personaje que el creó de si mismo.
Y me he reconciliado con él y mucho.
Este libro reúne un conjunto de textos narrativos publicados en El País. Su intención la resume así el propio autor “la de contar las andanzas y malaventuras de mis casi nunca contritos y casi siempre zarandeados personajillos de humo y miseria y oropel”, ya que “historiar los héroes que jamás han sido, los fantasmas que se llaman con nombres disparatados y que acomenten empresas mínimas y demenciales, es algo que se me da bien porque siempre los miro con tanto rubor como misericordia.”
Y entre esos personajillos he encontrado auténticas joyas pero me quedo con el herrerillo porque él me trajo la ternura de Cela más que ninguno otro. Este
Aquí les dejo parte del relato que es de una belleza eterna. Una auténtica obra de arte:

MI AMIGO EL HERRERILLO

Mi amigo el herrerillo vuela llevando el compás y parece como mecerse en el aire, de rítmico y cadencioso como se presenta, para después salir huyendo en zigzag e incluso con cierto irrespetuoso descaro. ¡Qué vivalavirgen gracioso, con su cabecita azul, su lomo verde, su panza amarilla y su pico que remata en el color de la nieve! Todos los días, a eso de la media mañana, mi amigo el herrerillo viene a visitarme, golpea dos o tres veces el cristal, se posa y se columpia un poco en la enredadera, me mira con sus ojos atónitos y negrísimos y se va con su vuelo de flecha a seguir zascandilleando en busca del insecto y la lombriz. A mí me gustaría no ser tan limitado y poder hablar con mi amigo el herrerillo, quien quizá tuviera muy bellas y complicadas fábulas que contarme: había una vez una princesa de medio palmo de altura que vivía en un nido de barro colgado de la rama más alta de un rosal trepador… (…) El herrerillo no es pájaro aventurero, aunque se vista con descaro, sino avecica de hábitos mansos y paisajes de muy recoleto sosiego. Los almendros ya están en flor y el herrerillo, salpicándose de pétalos blancos y de color de rosa, anticipa un carnaval para él solo y su deleite levísimo y montaraz. ¡Da gusto verlo, gozando y derrotando las flores del aire, y saltando de copo en copo en el aire!
A veces pienso que el milagro de vivir es un premio no demasiado merecido. (…)
Las mañanicas de sol, el herrerillo se baña en el charco de las ranas, que ahora duermen su sueño del invierno y no se despiertan hasta San José. Chapuzándose entre las piedras, el herrerillo reparte el agua con dos o tres jilgueros, un cagachín minúsculo y una nube de gorriones de aburrido color y divertido y alborotador jolgorio. Un día creí ver dos herrerillos, mi amigo y un amigo suyo, pero cuando quise fijarme, ya habían volado.
Sí; mi amigo el herrerillo vuela a saltos, muy bien medidos, eso sí, y tiene más paciencia y más lealtad que nadie: todos los días golpea el cristal de mi ventana, ya se sabe, dos o tres veces y sin alborotar, y cuando supone haberme ya saludado, se larga, con su mohín gracioso y elegante, hasta el día siguiente. (…)
Cuando me voy de viaje, echo de menos a mi amigo el herrerillo y me hago la ilusión de que él también me echa en falta; a lo mejor me equivoco y al herrerillo le es lo mismo por dónde pueda yo andar o no pero, en todo caso, prefiero ni pensarlo. Uno también tiene sus sentimientos y el derecho a cuidarlos igual que a flores delicadas.
Es posible que yo no sea el único amigo de mi amigo el herrerillo, decía, pero también es probable que mi amigo el herrerillo no tenga ningún otro amigo mejor que yo.”

Recoge esta obra relatos de belleza incuestionable y sabiduría que nos hacen reflexionar, por ejemplo “La sublevación de las máquinas” donde escribe Cela cosas tan interesantes como éstas:
“Llegará un día en el que las máquinas se subleven y atenacen al hombre. (…) El hombre inventa sus trampas para gozarse después en sortearlas, y este ejercicio, sin duda, es un deporte apasionante y arriesgado; por ahora le va saliendo bien el juego, pero el día en que menos lo piense, da un traspiés y se desnuca. (…)
Cada piececita que se añade a una máquina, deja a un hombre en la calle. Aquí, en este problema de trabajo y su mecanización, se ha planteado la batalla al revés y, en lugar de producir horas ociosas y que pudieran ser muy rentables para la cultura, fabricamos hombres en ocio esterilizador y que puede acabar restándole el gran tesoro de la esperanza: el último asidero del hombre a su propia estrella en esa batalla que no cesa y que, para entendernos, llamamos la lucha por la vida.”

No tengo espacio para detallar todos los artículos que me han gustado, son muchos, pero les dejo una lista con mis preferidos. A ver si cuando abran el libro coincidimos. Feliz lectura.
“El uso matrimonial del pronombre”, “La institución de la suegra”, “El dedo meñique”, “El diálogo de la espontaneidad”, “Celebraciones domésticas” o “Las ventas por correo”, son artículos muy divertidos.
“Lluvia de mariposas” y “Los milagros poéticos” son muy bonitas reflexiones sobre el destino de la naturaleza, sobre la vida y la muerte.

02Ago/14

TU ME LLAMAS, AMOR… LUIS GARCÍA MONTERO

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TÚ ME LLAMAS, AMOR…

Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.

Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.

Pero también sabemos que sería
peor y más costoso
llevárselas a casa, no esconder su cadáver
en el humo de un bar.

Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
No hay nada que decir, pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia,
avivando los ritmos del pasado,
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.

Esta es una poesia, que como a muchas personas les ocurre con alguna canción, guardo muy dentro de mi. Forma parte de la banda poética de mi vida, junto con otros muchos versos, y me transporta inmediatamente a cierta historia lejana y cercana a la vez.
Es un precioso poema del gran escritor granadino Luis García Montero (Granada, 1958), que ya cité en el primer post del blog, cuando comencé esta aventura. Y si ya lo cité por algo será, como se suele decir.
Me gusta bastante que un poema nos hable de amor sin decir la palabra amor. Porque es muy corta la palabra amor y no sirve para mucho así sola. Es una palabra
más del diccionario hasta que se la da un sentido, se la intenta sacar sus aristas y se transforma en poema. Y este es uno de tantos ejemplos.
Disfruten de la obra de García Montero. Pueden comenzar por estos versos. Les aseguro que lo que viene después es aún más sorprendente.

31Jul/14

FRANCISCO DE QUEVEDO. ÉRASE UN HOMBRE A UNA NARIZ PEGADO

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Las cosas que leemos en la infancia, incluso me atrevería a decir que mucho más que en la adolescencia, se quedan con nosotros para siempre. Ya he señalado en este blog, algunas de mis lecturas infantiles, y hoy vuelvo a hacerlo. ¿Por qué? Porque creo que si a un niño se le da buena literatura desde niño, de mayor la busca. Poemas como “Las moscas” de Antonio Machado”, o “El lobito bueno” de José Agustín Goitysolo, o lecturas como las de “Alfanhuí”, de Rafael Sánchez Ferlosio, o “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez, “El cartero del rey” de Tagore, o el “Romance de las tres cautivas”, el “Romance de Abenámar”… que eran lecturas casi obligadas en mis años infantiles, han hecho que de mayor siga leyendo a estos autores. He ido creciendo con ellos y ellos me han dado la literatura que en cada momento necesitaba. Fomentemos la literatura desde niños en nuestras familias, pero la buena literatura, porque hay una tendencia a creer que el niño es tonto y necesita siempre de bobadas para divertirse. Ese es un grave error, en mi opinión. Si a mí de niña me gustaron todas estas cosas, ¿por qué no a las nuevas generaciones? ¿Qué estúpida idea es esa de que los tiempos han cambiado y ahora se demandan otras cosas? Claro que se demandan otras cosas pero entre lo nuevo siempre hay un hueco o debería haber un hueco para cosas tan bellas como los poemas, los romances o las novelas que antes he citado.
La lectura que les llegue a los niños, la buena lectura, hará de ellos a adultos más reflexivos, más tolerantes, más cultos y de eso no se beneficia sólo la persona que consume eso sino todos los de su alrededor, algo que me parece precioso.
Aquí les dejo otro de esos poemas que me encantaban de pequeña, sin entender muy bien la razón, pero de eso se trata. Les aseguro que muchas veces Francisco de Quevedo (Madrid 1580, 1645) me acompaña aún, y ya no soy ninguna niña.

ÉRASE UN HOMBRE A UNA NARIZ PEGADO

SONETO

“Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.”

Francisco de Quevedo tuvo una vida apasionante. Su personalidad era insolente y beligerante. Culto y profundo conocedor del castellano, manejo sus obras a su antojo dotando a todos sus trabajos de gran personalidad. Cultivó todo tipo de géneros, desde la picaresca (Vida del Buscón), que a mi personalmente me fascina, hasta los escritos políticos, ascéticos o filosóficos, también poesía burlesca, satírica, amorosa, erótica, moral,…

Junto al lado de poemas en los que se burla sin malicia de los prototipos y costumbres de la sociedad de su época, la obra poética de Quevedo tiene otro aspecto, menos amable, que se ve claramente en los poemas que intercambió con Góngora, como el que he escrito aquí, y que llevaron a una enemistad acérrima entre los dos autores. Este enfrentamiento viene de las dos tendencias del barroco donde se sitúan estos dos escritores, el “culteranismo” escuela que fundó Góngora, y el “conceptismo”, nombre con el que se conocerá años después al estilo tan particular de Quevedo, entre otros escritores, claro está.

Como anécdotas de el gran Quevedo, contaré que se pasó la vida haciendo trabajos, digamos, oscuros, para algunas de las personas más importantes de la Corte, como el duque de Osuna o el conde-duque de Olivares. Parece que el madrileño tenía pocos escrúpulos y era capaz de sobornar a los poderosos para conseguir un cargo para su señor, de conspirar para provocar su caída, y según se cuenta, de matar a un hombre en defensa de una mujer.
Era un misógino, eso sí, calificó a la mujer de un adefesio fraudulento ante el cual el hombre no puede sentirse sino desilusionado, pero vamos a perdonárselo porque seguro que era un resentido que se enamoró alguna vez y no fue correspondido, quien sabe.
También estaba convencido de que de la idea platónica según la cual la existencia no es nada más que un conjunto de engaños, y que la vida es una decadencia continua hasta la aniquilación.

25Jul/14

LUIS ALBERTO DE CUENCA. JULIA

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Mientras haya hombres que escriben estos poemas y haya hombres que te hagan sentir que estos versos pueden ser realidad a pesar del tiempo transcurrido, a pesar de la distancia, a pesar de los secretos guardados y a pesar del silencio impuesto, sin duda, seguiremos creyendo en el amor.
Por eso, gracias a Luis Alberto de Cuenca (Madrid 1950), el gran poeta, por explicar lo que no sabemos decir con palabras bonitas y por hacernos soñar con que Julia puede ser otra mujer con otro nombre y alguien nos está contando todo esto, tan hermoso como lo cuenta usted.

JULIA

“Mientras haya ciudades, iglesias y mercados,

y traidores, y leyes injustas y banderas;

mientras los ríos sigan vertiendo su basura

en el mar y los vientos soplen en las montañas;

mientras caiga la nieve y los pájaros vuelen,

y el sol salga y se ponga, y los hombres se maten;

mientras alguien regrese, derrotado, a su cuarto

y dibuje en el aire la V de victoria;

mientras vivan el odio, la amistad y el asombro,

y se rompa la tierra para que crezca el trigo;

mientras tú y yo busquemos el medio de

encontrarnos

y nuestro encuentro sea poco más que silencio,

yo te estaré queriendo, vida mía, en la sombra,

mientras mi pecho aliente, mientras mi voz alcance

la estela de tu fuga, mientras la despedida

de este amor se prolongue por las calles del tiempo.”

18Jul/14

EL CANTAR DE MIO CID: LAS AVENTURAS DE UN HÉROE DE VERDAD

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Llevo muchos días volcada y entusiasmada en la lectura del “El Cantar de mio Cid”. Rodrigo Díaz el Campeador es un héroe que me ha seducido desde niña. Volver a leer la obra, años después, me ha dado momentos muy agradables, así es que les invito a que la abran si aún la desconocen o que la reelean porque es todo un placer volver a hacerlo, lo garantizo. Lo recomendaría incluso como lectura para estas fechas, ya que tenemos por delante un largo y cálido verano.
Pero, ¿por qué me ha gustado tanto El Cid desde niña?
Entre las razones más importantes están que fue un héroe que existió de verdad y no partió del imaginario individual o colectivo.
El héroe ya, desde el principio, es un héroe sin honra, ha sido acusado de robo. Por lo tanto ha sido desterrado de Castilla por el rey Alfonso VI y desposeído de todos sus vienes en Vivar. Además de privarle de la patria potestad de toda su familia. Por eso yo me preguntaba de niña, ¿Cómo va a ser capaz de recuperar todo eso sólo con su caballo Babieca y su espada Tizona?
El Cid inicia su campaña militar en tierras no cristianas.
Tras la conquista de Valencia, en poder de los moros, y haber obtenido el perdón real, las cosas se le ponen fáciles, incluso casa a sus hijas con grandes nobles, aunque luego caerá en más desgracias. Esta lucha contínua, esta vida en forma de montaña rusa me parecía fascinante.
La pérdida de la honra de sus hijas. doña Elvira y doña Sol, que aparecen atadas en el robledo de Corpes tras ser vejadas por sus esposos, los infantes de Carrión, por cierto grandes cobardes, es otra batalla a la que tiene que hacer frente.

Este cantar de gesta, que relata las hazañas en los últimos años de la vida del caballero, es la primera obra narrativa extensa de la literatura española en lengua romance. Compuesta a finales del siglo XII o en los primeros años del siglo XIII.
Es el único cantar épico de la literatura española conservado casi completo.
Hay que tener en cuenta que se trata de una obra literaria y no de un documento histórico, y así ha de leerse.

Aquí les dejo algunos fragmentos de la obra.

EL CID PIDE EL TRIBUTO DEL MORO

“Por el val de las Estacas
pasó el Cid a mediodía,
en su caballo Babieca:
¡oh qué bien que parecía!
El rey moro, que lo supo
a recibirle salía.
Dijo: “Bien vengas, el Cid,
buena sea tu venida,
que si quieres ganar sueldo,
muy bueno te lo daría,
o si vienes por mujer,
darte he una hermana mía.”
“Que no quiero vuestro sueldo
ni de nadie lo querría;
que ni vengo por mujer,
que viva tengo la mía:
vengo a que pagues las parias
que tú debes a Castilla.”
“No te las daré yo, el buen Cid,
Cid, yo no te las daría:
si mi padre las pagó,
hizo lo que no debía.”
“Si por bien no me las das,
yo por mal las tomaría.”
“No lo harás así, buen Cid,
que yo buena lanza había.”
“En cuanto a eso, rey moro,
creo que nada te debía,
que si buena lanza tienes,
por buena tengo la mía;
mas da sus parias al rey,
a ese buen rey de Castilla.”
“Por ser vos su mensajero,
de buen grado las daría.”

ROMANCE DE LAS QUEJAS DE LA INFANTA CONTRA EL CID RUY DIAZ

“Afuera, afuera, Rodrigo,
el soberbio castellano;
acordársete debería
de aquel tiempo ya pasado,
cuando fuiste caballero
en el altar de Santiago,
cuando el rey fue tu padrino,
tu, Rodrigo, el ahijado.
Mi padre te dio las armas,
mi madre te dio el caballo;
yo te calcé las espuelas
porque fueses más honrado:
que pensé casar contigo;
no lo quiso mi pecado:
casaste con Jimena Gómez,
hija del conde Lozano;
con ella hubiste dineros,
conmigo hubieras Estados.
Bien casaste tú, Rodrigo,
muy mejor fueras casado;
dejaste hija de rey
por tomar la de su vasallo.”
“Si os parece, mi señora,
bien podemos destigallo.”
“Mi ánima penaría
si yo fuese en discrepallo.”
“Afuera, afuera, los míos,
los de a pie y de a caballo,
pues de aquella torre mocha
una vira me han tirado.
No traía el asta hierro,
el corazón me han pasado;
ya ningún remedio siento,
sino vivir más penado.”

La fecha de nacimiento del héroe no ha estado muy clara, pero parece ser que fue entre 1045 y 1049
Todo está ya escrito, sólo decir que Rodrigo el Campeador ha sido un personaje literario casi inigualable a otros. Es curioso que los textos más antiguos sobre el sean árabes.

09Jun/14

VIDA SOLITARIA. FRAY LUIS DE LEÓN

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“Faltan palabras a la lengua para los sentimientos del alma”

Esta bella cita con la que hoy comienzo mi post pertenece al gran Fray Luis de León (Belmonte, Cuenca 1527, Ávila 1591). Este poeta y religioso agustino español, me ha llamado siempre la atención. Su literatura ascética, que en ese tiempo de la segunda época del Renacimiento español, estaba inspirada, o conducida en alejarse de lo material, terrenal y poder alcanzar a Dios en su espíritu, en su paz, en su sabiduría, me ha motivado siempre a la lectura. Sus versos me han dicho siempre mucho sin ser yo una persona que se entusiasme, ni muchísimo menos, por las cuestiones religiosas ni la literatura religiosa, pero Fray Luis es una excepción.
Y claro, mientras las clases de matemáticas me parecían aburridas e indescifrables, sacaba mi libro de literatura y comenzaba a leer a esos escritores más olvidados que venían en las primeras páginas, entre ellos Fray Luis de León. Allí estaban sus poemas, algunos y entre ellos “Vida solitaria”. Les dejo con algunos versos.

“¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios, que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con su voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento,
si soy del vano dedo señalado?
¿si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!,
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompió sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves,
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

(…)

08Jun/14

LA CARTA. STEFAN ZWEIG

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“Nada proporciona tanta salud como la felicidad, y no hay dicha más grande que el hacer dichoso a otro ser humano”

Stefan Zweig (Viena, 18881, Brasil 1942) ha dejado libros muy importantes a lo largo de su carrera literaria. Su vida intensa y su marcada personalidad hicieron de él un escritor muy interesante.
Sus relatos me gustan especialmente. Y hoy aquí quiero invitarles a que abran, a que lean uno muy especial, al menos en mi opinión, titulado “La carta”. Me he decantado por este porque la cita con la que he comenzado hoy el post me parece de una verdad y una belleza extraordinarias. Cita, claro está, recogida en este relato.
“La carta” comienza con estas palabras: “Dear old Ellen”. Todos sabemos que con este inicio se trata de una misiva que la protagonista, Margarita, envía a Ellen una vieja amiga de la adolescencia con la que comparte muchos secretos, quizás no todos, pero si uno muy importante. La admiración que ambas sentían por un viejo actor de teatro. Han pasado los años, se han casado, son madres, abuelas,… y los recuerdos de aquella juventud se han difuminado e incluso borrado de sus cabezas.
Pero Ellen tiene la necesidad de enviar esa larga carta a su amiga, ¿Cuál es la razón?
El destino quiere que a Ellen, que necesita unos días de descanso, le suceda algo imprevisto, en Bolzano, en Tirol, en una pequeña hostería de una aldea perdida entre las montañas. Todas las tardes en ese hostal se reúnen los parroquianos del pueblo a tomar unas copas y claro está ella también participa.
La primera tarde alguien entra a tomar esa copa rutinaria, alguien que a ella le llama poderosamente la atención, a los parroquianos no. Y así describe a ese individuo en su carta:

“Parecía hombre de unos 75 años, era muy corpulento (…) Un ataque apolítico debía haber paralizado ligeramente una parte de su cuerpo, ya que su boca también estaba torcida hacia un lado, y el párpado del ojo izquierdo era visiblemente más bajo y débil, con todo lo cual su rostro adquiría un aspecto desfigurado y amargo. Su indumento era extravagante en una aldea de la montaña; en lugar de la típica casaca campesina, y los habituales pantalones cortos de cuero, llevaba largos pantalones amarillos y demasiado anchos, que en otro tiempo posiblemente habían sido blancos, así como una americana que, a lo que parece, le quedaba estrecha desde años atrás y brillaba peligrosamente a la altura de los codos. La corbata, mal anudada, colgaba como una cuerda negra del cuello esponjoso e hinchado. Todo su aspecto tenía algo de venido a menos y, sin embargo, no podía descartarse la posibilidad de que ese hombre hubiera impresionado alguna vez gallardamente. La frente alta y redondeada, cubierta por la maraña blanca y confusa de una cabello tupido, tenía algo de señera, pero debajo de sus pobladas cejas ya se insinuaba la decadencia: ojos vagos bajo párpados sanguinosos, mejillas fofas y arrugadas colgando sobre un cuello blanco y abultado.”

Parece que el único objetivo del ese hombre que a Ellen le parece tan misterioso e interesante, es beber. Pero pronto comienza a hablar.

“… por el maldito dinero escupen versos de Shakespeare en una máquina y estropean el arte. Cualquier perdida de la calle tiene más dignidad que ellos. La última de ellas merece más respeto que esos monos, que hacer fijar sus caras en carteles, caras de un metro y más, que apalean millones por el crimen de lesa arte, que destrozan la palabra, el verbo viviente, y gritan versos de Shakespeare en un embudo, en lugar de educar al pueblo y enseñar a la juventud. “Una institución moral” llamó Schiller al teatro, pero eso ya no tiene validez. Nada vale nada hoy, salvo el dinero, el condenado dinero, y la propaganda que uno sabe hacerse. Y el que no sabe hacerlo o no ha sabido hacerlo, ése se va al diablo. Pero es preferible irse al diablo, digo yo, y para mí merece la horca todo el que se vende a ese maldito Hollywood.”

¿Quién es este señor? Sólo les puedo decir su nombre, Pedro Sturzentaler. ¿Qué tiene que ver con Ellen? ¿Lo conoce también Margarita?

El resto de la carta la tienen que leer ustedes. No la olvidarán. Magnífica.

Otros relatos que me han gustado especialmente del mismo autor son: “Veinticuatro horas de la vida de una mujer y “Una partida de ajedrez”.

05Jun/14

LOS MAGNÍFICOS CUENTOS DE “LA FIESTA DE LAS PALABRAS” EN LA FERIA DEL LIBRO DE BILBAO

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Este próximo sábado, 7 de junio, Salvador Robles estará en la Feria del Libro de Bilbao (instalada en el Arenal) firmando ejemplares de su último libro “La fiesta de las palabras” (Revista Atticus, 2014). Un libro que está reportando al escritor muchas alegrías y grandes sorpresas de sus lectores.
“La fiesta de las palabras” ha sido el libro más vendido en la Feria del Libro de Valladolid, cosa que me llena de una enorme satisfacción y alegría.
Robles espera a todos sus lectores y a todo aquel curioso que quiera saludarle y charlar con él, en la caseta de ELKAR, de 12:00 a 14:00 del mediodía. Por supuesto firmará ejemplares y mucho más. No se pierdan esta cita porque les aseguro que la última obra de Salvador Robles, compuesta por 113 relatos y microrelatos está llena de experiencias que les harán pensar de una manera diferente.
Hace unos días, Robles concedió una entrevista a Tele 7 en la que dejo, una vez más, su oratoria fluida y llena de sabiduría.
En esta entrevista reivindicaba la narrativa oral, la lectura, la educación a través de la historias y muchas cosas más. “Falta un poco de más pausa y más reflexión hoy en día”, comentó.
“En el momento que lees puedes compartir lo que aprendes y sabes. Las historias educan. Las historias hay que utilizarlas para enseñar. La literatura es solidaria por eso me gusta leer y escribir, transmitir las experiencias que lanzo al papel”, añadió el escritor.
Y también nos dejó una frase preciosa y tan verdadera… que me hizo reflexionar y mucho: ” El verbo leer, el verbo aprender y el verbo amar no admiten el imperativo”

Aquí les dejo con dos de estos magníficos microrrelatos que componen el libro.
Este primero se titula “En el último segundo” y en palabras del escritor, lo que él nos quiere explicar es que el proceso está en el éxito.

“El entrenador solicitó tiempo muerto. Sólo quedaban cinco segundos para el final del partido y su equipo perdía por dos puntos. O encestaban en la última jugada, o el descenso de categoría estaba consumado. Un descenso que sumiría al club, abrumado por las deudas, en una crisis de imprevisibles consecuencias. “¿Quién se atreve a lanzar a canasta?”, preguntó a sus pupilos. Nadie respondió.”¿Quién?”, apremió el técnico en un grito desgarrador. “Yo”, respondió una voz susurrante desde el extremo del banquillo. “¿Tú?” Era Juan, el suplente de los suplentes, el jugador inscrito para completar el cupo de fichas nacionales “¿Alguien más?”. Silencio. Alguien era Juan, sólo Juan, el único integrante de su plantilla con redaños suficientes. El entrenador, tras escrutar los ojos del voluntario tomó la decisión más crucial de su carrera. Ordenó al pivote que, cuando sacara de fondo, le pasara la pelota a Juan. “Y que sea lo que Dios quiera”.
Juan recibió el balón, avanzó unos metros botando la pelota, sorteó a un rival y, en el último segundo, lanzó desde más allá de los 6,75 metros. Encestara o no, Juan supo en ese instante que había alcanzado la cumbre como deportista.”

Y con permiso de mi querido y admirado Salvador Robles, este último relato titulado “Algo que hacer” se lo quiero dedicar a mi padre, porque el hizo con mi madre todo eso que aún quedaba por hacer.

“- Ya no hay nada que hacer- dijo el oncólogo, con la barbilla hincada en el pecho, abatido por la nueva derrota de la Medicina.
-¿Por qué?, preguntó la mujer.
-Porque su marido no tiene curación.
-He de asearlo, he de alimentarlo, he de confortarlo, hoy y, tal vez, mañana, y pasado, y el otro, y el otro… ¿Cómo que no hay nada que hacer?
El médico alzó la cabeza y miró a la mujer con unos ojos iluminados por la ternura.
-Gracias, señora.
-Gracias, ¿por qué?
-Por enseñarme que, mientras quede un hálito de vida, siempre hay algo que hacer.”

19Mar/14

LA FIESTA DE LAS PALABRAS, EN BILBAO. SALVADOR ROBLES MIRAS

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ALGO GRANDE
Se emocionaba con las historias que leía y las películas que veía, a veces incluso derramaba alguna lágrima; pero el hombre, a sus muchos años, no recordaba haber emocionado a nadie. Como temía irse al otro mundo sin dejar casi nada suyo en éste, tomó la determinación de hacer algo grande durante el tiempo que le quedaba. Probó a escribir el guión de una película. Fracasó. Acompañado de una guitarra, pugnó por componer una canción. Fracasó. Intentó pintar un cuadro. Fracasó. Pero los fracasos no se fueron de vacío; habían dejado algo en él: experiencia, el germen del éxito. Sabía lo que tenía que hacer. Guardó la pluma, la guitarra y el pincel en un armario con doble candado, y se aprestó a vivir con el corazón en la mano.
A primera hora de una mañana gris de otoño, salió de casa sin rumbo fijo, dejando que su intuición le guiase. Ésta le condujo a las profundidades de la tierra. “Sube a un vagón del metro”, le dijo. “Yo busco la vida. ¿Qué voy a hacer ahí?” “La vida late en el corazón del prójimo. Sube”. Obedeció sin rechistar. En las siguientes horas, entabló conversación con casi todas las personas que se sentaron a su lado, que fueron unas cuantas: una anciana viuda que siempre iba acompañada del recuerdo de su marido, un estudiante repetidor que no se sentía derrotado, una mujer triste que no perdía la esperanza de recuperar la alegría, un cantante que cantaba su propia canción, un hombre feo que admiraba la belleza, una mujer bella cuya belleza decía no pertenecerle, una adolescente que se había percatado de que su primer amor no era el amor primero, un viejo que había perdido la cuenta de los años que tenía… Al llevar el corazón en la mano, el hombre conoció los corazones de otras manos. Fue un día inolvidable. Al día siguiente, repitió la experiencia de emocionar emocionando.
Una tarde, al cabo de varias semanas de fuertes emociones, al llegar a casa, el hombre se dio cuenta de que el corazón no latía en su pecho. Se había quedado en el metro. Esa noche, se durmió para siempre abrazado a la felicidad. Lo más grande que tenía lo dejaba en este mundo.

Eso es lo que va a ocurrir mañana, algo grande, porque se presenta en Bilbao el último libro de Salvador Robles Miras “La Fiesta de las palabras” (Revista Atticus, 2014). Este relato, que he incluido, en el post, es uno de los que recoge el libro que les animo a abrir, a comprar y a disfrutar. Lectura amena, profunda, delicada y divertida, todo a partes iguales.
Salvador no tiene que demostrar nada, pero esta obra es un verdadero regalo para sus fieles lectores. Muchos premios avalan los cuentos y microcuentos que en el libro se presentan, pero eso da igual, el buen hacer del escritor es suficiente.
Mañana en el Hotel Abando de Bilbao (Jardines Albia) a las 19 horas. No falten, si aún no han leído nada de él les sorprenderá. Cuando le oigan hablar y, sin tapujos, declarar su amor por la literatura, les enamorará.
Intervendrán en el acto: el editor, Luis José Cuadrado; la periodista de EITB Maider Martín y el actor Xabier Xalabardé quien leerá algunos textos.

Presentación en Bilbao

05Mar/14

LEOPOLDO MARÍA PANERO. TAN FRÁGIL COMO UN VERSO

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“Cuentan que la Bella Durmiente
nunca despertó de su sueño.”

También se fue Leopoldo María Panero (Madrid 1948, Las Palmas de Gran Canaria 2014), el último de los hermanos Panero que quedaba vivo, otro maldito, otro gran poeta, otro al que llamaban loco. A mi no me gusta esta palabra. Porque, como ya dije en el post dedicado a su hermano fallecido el año pasado Juan Luis Panero, yo le conocí en Las Palmas de Gran Canaria, en el año 2003, cuando trabajaba allí de periodista, y me pareció un hombre enfermo, pero, por momentos cuerdo, demasiado cuerdo, tanto como para volverse loco, como le llamaban.
Como comenté no le hice una entrevista pero hablamos, charlamos, porque fue un encuentro casual, y me pareció que me dijo mucho más que si le hubiese entrevistado, seguro.
Hoy es un día triste porque se han ido, con el autor de “Así se fundó Carnaby Street”, todos los Paneros, ya que quedaban todos aún en él, en este símbolo de la poesía de los novísimos, de la poesía española contemporánea, de la poesía esencial, esa que les invito a abrir de nuevo.
Fascinado por la izquierda radical estuvo en prisión por su militancia antifranquista. Estudio dos carreras, Filosofía y Letras en Madrid y Filología Francesa en Barcelona.
La película de Jaime Chávarri “El desencanto”, de 1976, es un documento único para conocer a esta familia llena de talentos y de vidas a la vez que poderosas, frágiles, tan fuertes como un poema, tan frágiles como un verso. Así eran ellos.
Aquí les dejo uno de los tantos y tantos poemas de Panero, de esos de tantos y tantos que me gustan. Se titula “Dedicatoria”.
El post ha comenzado con unos versos que conforman su poema “Érase una vez”.

“Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.”

22Feb/14

PREGUNTITAS SOBRE DIOS. ATAHUALPA YUPANQUI

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Atahualpa Yupanqui (Argentina 1908, Nimes, 1992) fue un cantautor, poeta, escritor y guitarrista argentino considerado el más importante músico de su país de folclore.
Por su afiliación al Partido Comunista, sus trabajos sufrieron la censura en la época de Juan Perón, cuando éste estaba en la presidencia. Fue detenido y encarcelado varias veces. En una ocasión cien días como él mismo contó en alguna vez por una poesía que le trajo bastantes problemas, titulada “Preguntitas sobre Dios”. Él se consideraba “dudante” no creyente, por eso compuso esta canción, poema o como lo quieran llamar, que entonó muchas veces.
Me encantaría recordar a este increíble escritor de estrofa sencilla y llana, bella y salvaje a la vez con el afán de que ustedes abran sus obras o escuchen sus canciones, que son maravillosas, a mi parecer. Aquí les dejo algunos versos de dos de sus poemas que más me gustan de él.

“El poeta”

“Tu piensas que eres distinto
porque te dicen poeta,
y tienes un mundo aparte
más allá de las estrellas.

De tanto mirar la luna
ya nada sabes mirar.
Eres como un pobre ciego
que no sabe adónde va.

Vete a mirar los mineros,
los hombres en el trigal,
y cántales a los que luchan
por un pedazo de pan.

(…)

Vive junto con el pueblo
no lo mires desde afuera,
que lo primero es ser hombre,
y lo segundo poeta.

(…)”

“Preguntitas sobre Dios”

“Un día yo pregunté:
abuelo, dónde está Dios.
Mi abuelo se puso triste,
y nada me respondió.

Mi abuelo murió en los campos,
sin rezo ni confesión.
Y lo enterraron los indios,
flauta de caña y tambor.

(…)

Mi padre murió en la mina
sin doctor ni protección.
¡Color de sangre minera
tiene el oro del patrón!

Mi hermano vive en los montes
y no conoce una flor.
Sudor, malaria serpientes,
la vida del leñador.

Y que nadie le pregunte
si sabe donde está Dios.
Por su casa no ha pasado
tan importante señor.

(…)

Hay un asunto en la tierra
más importante que Dios.
Y es que nadie escupa sangre
pa que otro viva mejor.

¿Qué Dios vela por los pobres?
Tal vez sí, y tal vez no.
Pero es seguro que almuerza
en la mesa del patrón.”