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12Feb/16

THE TALE OF MR. JEREMY FISHER. BEATRIX POTTER

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“The Tale of Mr. Jeremy Fischer” es un cuento de la escritora e ilustradora inglesa Beatrix Potter ( Kensington, Londres 1866, Sawrey 1943) que adoro desde niña. Mucho antes de que supiese leer este relato, publicado en 1906 por primera vez, ya quedé fascinada con sus ilustraciones, también de Potter. El libro de cuentos de Potter, escrito en 1893, llegó a mi a la edad de siete años más o menos y, como digo, lo primero que me atrajo de el fueron sus dibujos ya que aún no podía leer en inglés. Pero Mr. Jeremy Fischer, esa rana convertida en caballero inglés, que sale a pescar al río, que vive en una casita entre los juncos y que come bocadillos de mariposas se convirtió desde ese mismo instante en un ser adorable para mi. Y sigo fascinada con este cuento que, sin ser el más conocido de Potter, es el que más me gusta.

Potter es mucho más conocida por su personaje Peter Rabbit, pero este post además de ir dedicado a esta gran escritora que basó sus fascinantes historias en los animales que veía durante las vacaciones que hacía con su familia a Escocia, también va dedicado, como no, a Mr. Jeremy Fischer, por alegrarme muchas tardes de mi infancia y por hacerme creer que algún día, en el río que había junto al huerto de mi padre, yo le saludaría y me invitaría a cenar con sus amigos. Les prometo que mis ojos de niña le vieron, le vieron muchas veces. Sólo la imaginación puede cumplir los deseos más bonitos, los sueños más inalcanzables.

Un par de años más tarde, una tarde de sábado, y para mi sorpresa, en la televisión pude ver una película-ballet de 1971 titulada “Peter Rabbit and Tales of Beatrix Potter” y allí estaba mi señor Fischer, allí, ante mis ojos. La película se componía de una sucesión de piezas de ballet que recreaban algunos de los cuentos más conocidos de la escritora inglesa y que daban vida los bailarines del Royal Ballet. ¡Qué maravilla de película! ¡Fascinante! Me trae tantos recuerdos ese universo fascinante de Potter…

Les invito a que lean a sus hijos estas historias maravillosa, sencillas y únicas. Los cuentos más conocidos de Potter son : “Peter Rabbit”, “Squirrel Nutkin”, “Benjamin Benny”, “Two Bad Mice” (otro de mis preferidos, y el preferido de mi hijo), “Mrs. Tiggy-winkle” o “Mr. Jeremy Fischer”, entre otros, ya que escribió 23 exactamente.

Les voy a dejar con un fragmento de las aventuras de mi adorado señor rana, pero no les puedo contar el final así es que espero que abran el libro y que lo disfruten tanto como yo lo sigo disfrutando.

“Once upon a time there was a grog called Mr. Jeremy Fischer; he lived in a little damp house amongst the ruttercups at the edge of a pond.

The water was all slippy-sloppy in the arder and in the back pasaje. But Mr. Jeremy likes getting his feet wet; nobody ever scolded him, and he never caught a cold!

He was quite pelase when he looked out and saw large drops of rain, splashing in the pond- “I will get some worms and go fishing and catch a disc of minnows for my dinner,” said Mr. Jeremy Fisher. “If I catch more than five fish, I will invite my friends Mr. Alderman Ptolemy Tortoise and Sir Isaac Newton. The Alderaan, however estas salad.”

(…)

His road was a tough estala of grass, his line was a fine long white horse-hair, and he tilde a little wriggling word at the end.

The rain trickled down his back, and for nearly an hour he stated at the float.

“This is getting tiresome, I think I should like some lunch,” said Mr. Jeremy Fischer. He punteo back again amongst the water-planta, and took some lunch out of his basket.

“I will eat a butterfly sandwich, and wait till the shower is over,” said Mr. Jeremy Fisher.

(…)

Mr. Jeremy crossed his les up shorter, out of reach, and went on eating his sandwich. Once or twice something moved about with a rustle and a splash amongst the rushes at the side of the pond.

“I trust that ist not a rat”, said Mr. Jeremy Fisher; “I think I had better get away from here.”

Y hasta aquí puedo llegar. ¿Pescará algo Mr. Jeremy?

04Feb/16

VOLVERÁ LA PRIMAVERA. CUENTO INFANTIL

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Érase una vez la primavera, con nidos en los árboles y huevos esperando abrazar la vida. Érase una vez la primavera, con su batalla de colores, porque en los jardines ya había tulipanes, jacintos, nomeolvides, margaritas… Y érase una vez la primavera con un río donde nadaban los patos con sus pequeñas crías amarillas, como pequeños algodones de azúcar, siempre siguiendo a sus madres. Y en el río había ranitas que saltaban y mariquitas rojas con puntos negros de esas que les gusta a los niños que les hagan cosquillas en las manos. Y a toda esta hermosa primavera, Ana, no la quería.

Ansiaba con todas sus fuerzas que llegase el verano, para recoger fresas, frambuesas y cerezas, para cenar tomates maduros y merendar melocotones. Para bañarse en la playa azul, de arena blanca y ver cangrejos y conchas perfectas. Para comer helados, rodajas de sandía y bañarse en el río. Para ver las mariposas y esperar aparecer a la más hermosa. Ansiaba regar el jardín, observar a las abejas y aborrecer sus pelillos amarillos y negros, jugar con los caracoles y que estos le fueran dejando un hilo de pena al pasar por entre sus dedos. Contar las estrellas por la noche en el campo de trigo y quedar hipnotizada con la luz de las luciérnagas.

Pero cuando llegó el verano e hizo todo esto que os acabo de explicar, quiso enseguida que llegase el otoño, que desapareciese el sol o que al menos brillase con menos fuerza,  que se recogiera el trigo del campo, abrir las mazorcas de maíz y asarlas con el abuelo. Cocinar compotas de manzanas, de ciruelas, de peras y quitarles a las castañas su abrigo verde. Quizás, volar la cometa si el viento les visitaba. Ayudar a la abuela a recoger las patatas del huerto y buscar con papá setas en el bosque esperando a que apareciese una familia de gnomos.

El otoño fue largo y Ana se aburrió porque lo que más deseaba era la llegada del invierno. Y el invierno llegó, como todos los años, cargado de nieve. Sintió el calor de su gorro de lana, de sus guantes y su bufanda, de su abrigo de paño. Observó que los pájaros habían llegado a las casitas de madera que mamá había puesto en el jardín para ellos. Hizo muñecos de nieve, se tiró con su trineo por la colina. Comió naranjas y avellanas y tuvo que cenar col, pero no le importaba, porque había deseado tanto que llegase el invierno…Como el lago se había helado, patinó con su hermano pequeño sobre el, y prepararon las velas de adviento con ramas de pino y cintas rojas brillantes. Partieron nueces y comieron higos secos y fueron a los Alpes a esquiar. San Nicolás llegó con mandarinas y chocolate, el niño Cristo llegó con cajas de regalos y en Nochebuena, frente al árbol de agujas verdes, cenaron salchichas. Después volvieron a la escuela y pronto llegó el Carnaval. Hicieron máscaras de colores, como las que en Venecia se ponen las mujeres elegantes, y a su hermano le disfrazaron de arlequín.

Pero, de pronto, dejó de nevar. Nunca más nevó y al salir al campo, que ya verdeaba, Ana vio la primera campanilla de nieve, la primera flor que anuncia que la primavera está a punto de llegar. Lejos de estar triste sonrió. Pensó que el invierno había sido demasiado duro y gris, y se sonrió al pensar que pronto vendría el conejo de pascua cargado de huevos de colores. Su hermano y ella los buscarían por el jardín. Si. La primavera pronto llegaría. Y se acordó entonces de que el año pasado no la quiso porque sólo pensaba en el verano. Pero este año era feliz de esperarla. Y entre la hierba vio más florecitas de primavera que se hacían paso, aún, a duras penas. Y pensó en todos los colores de las flores, en sus perfumes, en los escarabajos que hacen cosquillas y en los patitos tan dulces como el algodón de azúcar. Y pensando en todo esto fue feliz.

Y como había soñado, y porque la vida siempre nos vuelve a sorprender, un año tras otro, con las mismas cosas bellas, la primavera volvió.

24Ene/16

WINTERREISE. WILHELM MÜLLER. SCHUBERT

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En el último año de su vida, el compositor austriaco Franz Schubert (Viena 1797-1828) compuso un ciclo de lieder (canciones) sobre poemas del escritor alemán Wilhelm Müller (Dessau 1794, 1827) que tituló  “Winterreise” o “Viaje de invierno”. Esta composición, a mi parecer, refleja la perfecta comunión entre poemas y música. Se unen los trabajos de dos artistas de descomunal sensibilidad para dar al mundo una de las piezas musicales más bellas que ustedes puedan escuchar. Sencillamente maravilloso. Hay una grabación de referencia, la del barítono Dietrich Fischer-Dieskau con el pianista Gerald Moore de 1972 que encontrarán en Deutsch Grammophon y que les recomiendo y ustedes entenderán la razón.

Aquí, al ser este un blog de literatura, me centraré en algunos de los poemas que se recogen en “Winterreise” y que son, por otra parte, los que más me gustan. Se trata de las poesías o lieder número:  1, 5, 11 y 24. El trabajo consta de 24 canciones que cuentan una triste historia de amor.

En la primera canción titulada “Gute Nacht”, “Buenas noches” se nos presenta al amado que cuenta el final de una historia de amor en la que desconocemos la razón por la cual el amor se ha acabado. En las siguientes canciones-versos se nos irá narrando la historia a través de estos poemas que hacen de la pieza, una sucesión de notas desgarradoras a la vez maravillosas, a veces tiernas, a veces ingenuas, a veces dolorosas e incluso a veces algo esperanzadoras, para volver a la tristeza que el invierno se encarga, además, de aderezar.

Este primer poema es hermoso, sencillamente bello. Ese último verso lo dice todo:

“Cuando paso por ella te escribo

en la puerta “buenas noches”

para que puedas ver

que he pensado en ti”

 

Buenas Noches

“Como un extraño llegué,
parto también como un extraño.
Mayo fue benévolo conmigo
y me dio muchos ramos de flores.
La muchacha habló de amor,
su madre incluso de boda.
Ahora el mundo es tan lóbrego,
el camino está oculto por la nieve.
No puedo elegir
la hora de mi viaje,
he de encontrar el camino
en medio de esta oscuridad.
Me acompaña una sombra
que proyecta la luna,
y por los blancos campos
busco huellas de animales.
(…)
El amor gusta de vagar sin rumbo
-así lo ha hecho Dios-
de un lado para otro.
(…)
¡Amada mía, buenas noches!
No perturbaré tus sueños,
sería horrible para tu reposo,
no escucharás mis pasos.
¡Chito, chito, la puerta está cerrada!
Cuando paso por ella te escribo
en la puerta “buenas noches”
para que puedas ver
que he pensado en ti.

“El organillero”, “Der Leiermann” es la última canción del ciclo y en ella se encierra un poema desgarrador. Sublime.

“Al otro lado del pueblo
se ve un organillero,
y con dedos ateridos,
gira el manubrio como puede.
Descalzo sobre el hielo,
se tambalea a uno y otro lado
y su pequeño plato
está siempre vacío.
Nadie quiere escucharlo,
nadie lo mira,
y los perros gruñen
alrededor del viejo.
(…)
Anciano prodigioso,
¿puedo irme contigo?,
¿quieres tocar tu organillo
mientras yo canto?”

Las notas de la quinta canción “Der Lindenbaum” o “El tilo” son magistrales. Esta canción, al igual que la primera tienen un inicio embaucador. Es una de las canciones más populares del ciclo. El tilo, en la literatura romántica simboliza el hogar y la seguridad. El hombre evoca el árbol, quiere encontrar en él el reposo a su dolor.

“Junto a la fuente, frente a la puerta
se alza un tilo.
Soñé bajo sus sombras
tantos dulces sueños.
Tallé en su corteza
tantas palabra de amor;
siempre me atraía hacia él
en la alegría y en la pena.
(…)

Y sus ramas susurraron
como si me llamaran:
¡Ven aquí, compañero
aquí encontrarás reposo!

(…)
Hace  ya muchas horas
que me alejé de aquel lugar,
y no dejo de oír esos susurros:
¡aquí encontrarás reposo!”

Y terminaré con “Sueño de primavera” que ocupa el puesto número once del ciclo. “Frühlingstraum”. Me fascina este poema por muchas cosas, pero sobre todo por este verso:

“¿Se ríen del soñador

que vio flores en invierno?”

Que maravilla de verso, que belleza inigualable.

“Soñé con flores multicolores
tal como florecen en mayo;
Soñé con verdes praderas,
con el grito alegre de los pájaros.

Y cuando el gallo cantaba,
se hallaban mis ojos abiertos;
Allá estaba frío y siniestro,
Cantan los cuervos en el techo.

¿Quién ha pintado las hojas

en el alféizar de la ventana?
¿Se ríen del soñador,
que vio flores en invierno?
Soñé en el amor, sobre al amor,
en una hermosa doncella,
en corazones y en besos,
en delicia y bienaventuranza.
Y cuando el gallo cantaba,
se hallaba mi corazón despierto.
Hoy me encuentro aquí yo solo,
y recuerdo aquel sueño.
(…)”

Johann Ludwig Wilhelm Müller fue el autor de estos bellísimos poemas que inspiraron a Schubert sus ciclos de canciones “Winterreise”, publicado en 1827 y “Die schöne Müllerin”, “La bella molinera”, 1920.

Los primeros poemas del poeta alemán aparecieron en 1816 en una antología de corte patriótico titulada “Bundesblüten”, en la que publicaban varios escritores que narraban la lucha de la nación alemana contra el invasor francés.

20Ene/16

PROMESAS ROTAS. MUCHAS GRACIAS A LADY GREGORY

 

“Promesas rotas” es el más bello poema de amor que hasta ahora he leído. Creía haber leído los más sublimes versos de amor hasta que me topé con estas líneas que la dramaturga anglo-irlandesa y recopiladora de folclore, Lady Isabella Gregory (Roxborough, Condado de Galway, 1852, Coole Park, Condado de Galway 1932) tradujo al inglés desde el irlandés. Un bellísimo poema popular irlandés, de autor desconocido, que cuando lo lean no podrán olvidar jamás.

 

“Es tarde, anoche, el perro hablaba de ti;

el pájaro hablaba de ti en el profundo pantano.

Decía que tu eres el ave solitaria a través del bosque

y que, probablemente, sigas sin pareja hasta que me encuentres.

Que me diste tu palabra y me mentiste

y que estarías junto a mí cuando se reunieran los rebaños.

Te llamé con un silbido y trescientos gritos

pero allí no había más que un corderillo balando.

Me prometiste algo difícil de conseguir,

un barco de oro bajo un mástil de plata;

doce ciudades cada una de ellas con un mercado

y un bello patio blanco al lado del mar.

Me prometiste algo que no es posible,

que me regalarías unos guantes de piel de pescado;

que me regalarías unos zapatos de piel de pájaro

y un vestido de la mejor seda de Irlanda.

Mi madre me dijo que no hablara contigo ni hoy

ni mañana, ni el domingo;

pero eligió un mal momento para decírmelo;

fue como cerrar la puerta cuando ya habían robado la casa.

Tú me has dejado sin este,

tú me has dejado sin oeste,

me has dejado sin lo que había de mí

y sin lo que había detrás de mí,

tú me has quitado la luna,

tú me has quitado el sol también

y mi terror es inmenso.

Tú, incluso, me has arrebatado a Dios.”

05Ene/16

LOS MUERTOS. DUBLINESES. JAMES JOYCE

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“… siempre hay en reuniones como ésta pensamientos tristes que vendrán a nuestra mente; recuerdos del pasado, de nuestra juventud, de los cambios, de esas casas ausentes que echamos de menos esta noche. Nuestro paso por la vida está cubierto de tales memorias dolorosas y si fuéramos a cavilar sobre las mismas, no tendríamos ánimo para continuar valerosos nuestra vida cotidiana entre los seres vivientes. Tenemos todos deberes vivos y vivos afectos que reclaman, y con razón reclaman, nuestro esfuerzo más constante y tenaz.”

(Discurso de Gabriel Conroy ante los asistentes a la cena)

 

Una cena de Navidad. Probablemente se celebra la fiesta de la Epifanía. Una ciudad, Dublín y el año, 1914. Como cada año, por esta fechas, Miss Kate y Miss Julia, las hermanas Markon, organizan un baile y una cena, con ganso asado y el tradicional pudding, para deleite de sus familiares, viejos amigos y alumnos de las señoritas. Todos acuden a la sombría y espigada casa de la isla de Usher, entre ellos un famoso tenor retirado Bartule D Arcy, un protestante llamado, Mr. Browne, Molly Ivors, mujer independiente de gran personalidad,  Mary Jane, sobrina de las anfitrionas que vive con ellas, Freddy Malins, amigo de Gabriel Conroy, sobrino de las hermanas Markon y, por supuesto éste último con su esposa Gretta Conroy.

La atmósfera es ideal. Fuera nieva y dentro de la casa se respira hogar, deliciosa cocina, música, buenas costumbres, tranquilidad, fraternidad y buen humor. Pero, todos los asistentes, estarán ajenos, desde el comienzo hasta el final, de lo que ocurre entre el matrimonio Conroy, todos los personajes y nosotros, los lectores de este maravilloso cuento que les invito a abrir esta noche, víspera de reyes, titulado “Los muertos”, “The Dead”, en su título original, y que forma parte del libro de relatos escrito por el escritor irlandés James Joyce ( Dublín 1882, Zúrich, 1941) bajo el titulo “Dublineses”, 1914. Consta de quince textos, y el que a continuación les he presentado es el más extenso de cuantos conforman la obra. Este relato, del que hoy escribo, está considerado como uno de los mejores cuentos en lengua inglesa de todos los tiempos.

Es sublime, delicioso, exquisito y sorprendente hasta el final, lo que le hace único, es una maravilla literaria dentro de un género que adoro, el cuento, y en particular, los relatos ambientados en Navidad. Junto con sus novelas “Ulises” (1922) y “Retrato del artista adolescente” (1916), es “Dubliners”, las tres obras más importantes de Joyce, uno de los autores más influyentes y brillantes del siglo XX. Además de representante destacado de la corriente literaria de vanguardia denominada Modernismo Anglosajón, que cuenta también con las figuras de T.S.Eliot y Virginia Woolf, entre otros literatos.

Gretta Conroy  calla muchos secretos, quizás ha callado demasiado tiempo y quizás esto le ha hecho sufrir en numerosas ocasiones. Aunque, presumiblemente, de su parte, tiene a un marido que la adora, y unos hijos que conforman una familia, de nuevo, presumiblemente, idílica. Pero… ¿qué secreto puede guardar una mujer extremadamente sensible en su corazón? Quizás ese secreto es el que la ha dado fuerzas para continuar con una farsa, la farsa de un matrimonio con un hombre al que amaba, tal vez, pero no tanto como a otro, el hombre que nunca pudo tener, el que se fue para siempre de su lado. El poder del amor es infinito, e incluso un amor antiguo puede sacar adelante un amor desgastado por el tiempo, porque los recuerdos que da el saber que una ha sido amada, es un gran motor para sobrellevar la mentira.

Se puede vivir con este secreto hasta morir, se puede. Pero, una pequeña melodía, muy grande en el recuerdo de Gretta, hace saltar la chispa como un fósforo a punto de encenderse, sin posibilidad de vuelta atrás. Gabriel, ajeno a todo, se sumirá en una nueva realidad, ¿qué ocurrirá entonces? Tienen que leer el libro para averiguarlo.

Uno de los comensales ha cantado “La joven de Aughrim” y Gretta está llorando al recordarlo ante el asombro de Gabriel. Piensa en alguien, alguien de aquel tiempo, alguien a quien conoció en Galway cuando vivía con su abuela.

La muerte de los seres amados flota durante todo el relato sin que nos demos cuenta, ni nosotros, como les digo, ni los simpáticos personajes del relato, un crisol de personalidades magnífico que quitan tensión a lo que lentamente se está cociendo a la par que el ganso, en esa casa.

“De manera que ella tuvo un amor así en la vida: un hombre había muerto por su causa. Apenas le dolía ahora pensar en la pobre parte que él, su marido, había jugado en su vida. La miró mientras dormía como si ella y él nunca hubieran sido marido y mujer. (…) Se estiró con cuidado bajo las sábanas y se echó al lado de su esposa. Uno a uno se iban convirtiendo ambos en sombras. Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida. Pensó cómo la mujer que descansaba a su lado había evocado en su corazón, durante años, la imagen de los ojos de su amante el día que él le dijo que no quería seguir viviendo.

Lágrimas generosas colmaron los ojos de Gabriel. Nunca había sentido aquello por ninguna mujer, pero supo que ese sentimiento tenía que ser amor.”

En el año 1987, el director de cine americano John Huston dirigió con un prodigiosa maestría la película “The Dubliners”, basada en el relato del irlandés. Una película exquisita que les invito a que vean después de haber leído el cuento. El guión es fiel al texto de Joyce y, a excepción de una poesía romántica excepcional que Huston introduce en la cinta, lo demás es puro auténtico relato. De esta poesía grandiosa les hablaré en mi próximo post.

Para terminar, quiero desear, a todos los que siguen mi blog, un feliz año cargado de salud, de trabajo y amor y de buenas lecturas. Siempre, eternamente agradecida por sus visitas, Araceli Cobos.

 

 

31Dic/15

STRAUSS, EICHENDORFF, VIER LETZTE LIEDER, IM ABENDROT

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En 1946, Richard Strauss (Múnich 1864- Garmisch- Partenkirchen 1949) fue a Suiza y allí descubrió, por casualidad, un poema del poeta y novelista alemán Joseph von Eichendorff (Castillo de Lubowitz 1788, Nysa, Polonia 1857). Muchos de los poemas escritos por este autor romántico fueron adaptados por compositores tan importantes como Johannes Brahms, Robert Schumann o Mendelssohn- Bartholdy.

El poema que encandiló al alemán fue “Im Abendrot” (En el crepúsculo) y con estos versos compuso una música para soprano y orquesta que, desgraciadamente, nunca llegó a escuchar. Y tampoco pudo intuir que esta sería la última canción que formaría el conjunto de su última obra, ideada en principio como composiciones individuales y titulada “Vier letzte Lieder”.

Esta obra, que concluyó en mayo de 1948, marcó el fin de su carrera artística ya que murió meses más tarde en la localidad bávara de Garmisch- Partenkirchen.

Como el mismo nombre de la obra indica, la pieza final de su grandiosa carrera, está compuesta por cuatro canciones. Son poemas adaptados, los tres primeros pertenecen al premio Nobel de Literatura alemán Hermann Hesse ( Baden-Würtemberg 1877, Suiza 1962) y el último al autor lírico más importante del romanticismo alemán, Eichendorff, en el cual me centraré por ser, en mi opinión, el más especial de los cuatro, tanto en sus versos como en la composición musical.  Ernst Roth, el editor londinense de Strauss, consideró que la melodía de “Im Abendrot” era el colofón perfecto para los poemas de Hesse, y, por supuesto, no seré yo, quien le lleve la contraria, pero lo considero tan bello por separado que nunca lo hubiese unido a las tres primeras composiciones.

Los cuatro poemas, tanto los de Hesse como los de Eichendorff, versan sobre el momento de la muerte, de su cercanía.

Aquí les dejo algunos de los versos de este maravilloso poema en la lengua original y después una traducción, que espero sea lo más fiel posible. Pido disculpas en caso de no ser así.

Im Abendrot

Wir sind durch Not und Freude
gegangen Hand in Hand;
vom Wandern ruhen wir
nun überm stillen Land.

(…)
bald ist es Schlafenszeit,
daß wir uns nicht verirren
in dieser Einsamkeit.

O weiter, stiller Friede!
So tief im Abendrot.
Wie sind wir wandermüde–
Ist dies etwa der Tod?

 

En el crepúsculo

Hemos ido a través de la necesidad y la felicidad
cogidos de la mano;
descansamos del camino
en el campo callado.

(…)

pronto es la hora de dormir
y así no nos perderemos
en esa soledad.

Lejana, calmada paz!
Profunda en el crepúsculo.
Cansados estamos del camino,
¿Quizás sea esto la muerte?.