MIGUEL MIHURA. TRES SOMBREROS DE COPA

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Supongo que uno nunca olvida aquella primera obra de teatro que fue a ver siendo aún un niño o un adolescente. Yo recuerdo que la mía fue “Tres sombreros de copa” de Miguel Mihura en el precioso teatro Arriaga de Bilbao.
Miguel Mihura (Madrid, 1905, 1977) es, sin duda, el mejor ejemplo del buen teatro cómico de posguerra. “Tres sombreros de copa” es un hito fundamental del teatro actual. Se estrenó en 1953, sin éxito de público: su humor aún resultaba demasiado “nuevo”. Los diálogos están llenos de disparates y divertidos absurdos. Con el tiempo, el madrileño se acercó más a los gustos del público y obtuvo éxitos, que aunque no alcanzaron la altura de la obra citada, fueron deliciosos igualmente, como por ejemplo: “Maribel y la extraña familia”.
Como nadie es perfecto, durante la Guerra Civil, se refugió en San Sebastián con el bando nacional y militó en la Falange Española. Allí fue director de una revista de propaganda para los soldados del frente. Más tarde, en 1941, esta revista se convertirá en “La Codorniz”, considerada como el estandarte paródico de las convecciones sociales del momento.
A partir de la década de los cincuenta se produce ese cambio en la obra de Mihura que antes explicaba, la sátira se impone sobre el humor.
Participó en el guión de la película “Bienvenido, Mister Marshall en 1942 junto a Bardem y Berlanga.
Pero dejando a un lado sus amores políticos, nos centramos en el escritor y en su obra. Aquí les dejo un fragmento de “Tres sombreros de copa”. Si la abren se divertirán.

Dionisio es un joven bastante tímido que vive en un ambiente clásico y algo aburrido. Pronto va a casarse de una forma, convencional, como tiene que ser. Pero algo inesperado le va a suceder. La noche anterior, en el hotel donde se hospeda, coincide con una estrafalaria compañía de “music- hall”. Y surge lo que nadie podría imaginar, al lado de Paula, una bailarina de la compañía que le descubre otra forma de vivir, otro mundo. ¿Tendrá Dionisio valor para seguir a Paula?
El fragmento que les escribo a continuación pertenece al acto III, poco después de que Paula se haya enterado que Dionisio está prometido y va a casarse.

“DIONISIO: ¿Has tenido muchos novios?
PAULA: ¡Un novio en cada provincia y un amor en cada pueblo! En todas partes hay caballeros que nos hacen el amor… ¡Lo mismo es que sea noviembre o que sea en el mes de abril! ¡Lo mismo que haya epidemias o que haya revoluciones… ! ¡Un novio en cada provincia…! ¡Realmente es muy divertido…! Lo malo es, Dionisio, lo malo es que todos los caballeros estaban casados ya, y los que aún no lo estaban escondían ya en la cartera el retrato de una novia con quien se iban a casar…. Dionisio, ¿por qué se casan todos los caballeros…? ¿Y por qué, si se casan, lo ocultan a las chicas como yo…? ¡Tú también tendrás ya en la cartera el retrato de una novia…! ¡Yo aborrezco las novias de mis amigos…! Así no es posible ir con ellos junto al mar… Así no es posible nada… ¿Por qué se casan todos los caballeros…?
DIONISIO: Porque ir al fútbol siempre, también aburre.
PAULA: Dionisio, enséñame el retrato de tu novia.
DIONISIO: No.
PAULA: ¡Qué más da! ¡Enséñamelo! Al final lo enseñan todos….
DIONISIO: (Saca una cartera. La abre. Paula curiosea.): Mira…
PAULA (Señalando algo): ¿Y esto? ¿También un rizo de pelo…?
DIONISIO: No es de ella. Me lo dio madame Olga… Se lo cortó de la barba, como un pequeño recuerdo… (Le enseña una fotografía) Éste es su retrato, mira…
PAULA (Lo mira despacio. Después.): ¡Es horrorosa Dionisio…!
DIONISIO: Sí.
PAULA: Tiene demasiados lunares…
DIONISIO: Doce. (Señalando con el dedo). Esto de aquí es otro…
PAULA: Y los ojos son muy tristes… No es nada guapa, Dionisio…
DIONISIO: Es que en este retrato está muy mal… Pero tiene otro, con un vestido de portuguesa, que si lo vieras…(Poniéndose de perfil con un gesto forzado) Está así…
PAULA: ¿De perfil?
DIONISIO: Sí. De perfil. Así.
PAULA: ¿Y está mejor?
DIONISIO: Sí. Porque no se le ven más que seis lunares.
PAULA: Además, yo soy más joven…
DIONISIO: Sí. Ella tiene veinticinco años…
PAULA: Yo, en cambio… ¡Bueno! Yo debo de ser muy joven, pero no sé con certeza la edad mía… Nadie me lo ha dicho nunca… Es gracioso, ¿no? En la ciduad vive una amiga que se casó… Ella también bailaba con nosotros. Cuando voy a la ciudad siempre voy a su casa. Y en la pared del comedor señalo con una raya mi estatura. ¡Y cada vez señalo más alta la raya…! ¡Dionisio, aún estoy creciendo…! ¡Es encantador estar creciendo todavía…! Pero cuando la raya no suba más alta, esto indicará que he dejado de crecer y que soy vieja… Qué tristeza entonces, ¿verdad? ¿Qué hacen las chicas como yo cuando son viejas…? (Mira otra vez el retrato.) Yo soy más guapa que ella…!
DIONISIO: ¡Tú eres mucho más bonita! ¡Tú eres más bonita que ninguna! Paula, yo no me quiero casar. Tendré unos niños horribles… ¡y criaré el ácido úrico…!”

© 2011 Araceli Cobos

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