LA ROSA BLANCA Y LA NUBE GRIS

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Llevaba algunos días sin llover, pero apareció de repente la nube gris y gordinflona que todos esperaban en el jardín.
La rosa blanca le dijo a la nube:
-¡Qué bien que has llegado! Me muero de sed.
La nube le contestó:
-¿Qué has hecho con las últimas gotas que te di? Te advertí de que guardases algunas y no lo bebieras todo de una vez.
La rosa blanca le explicó:
-Me quedaban sólo tres gotas y las regalé. Una se la di a la mariquita, otra a la abeja y la otra al escarabajo.
La nube exclamó:
-¡Qué tontorrona eres!¡Eres bella, si, pero rematadamente tontorrona!
La rosa se quedó extrañada y algo enojada y preguntó:
-¿Por qué dices eso?
La nube, socarrona, le advirtió:
-Nunca vuelvas a hacer eso. Le has dado de comer a tus enemigos. La mariquita siempre está encima de ti, el escarabajo, cuando menos te lo esperas, te roe tus preciosos pétalos, y la abeja todo el día se pasa libando en ti. ¿Ves que tontorrona eres?
La rosa le intentó explicar que ella no pensó en nada de eso. Ellos le pidieron agua y ella, simplemente, la regaló, sin importarle todo lo demás.
-Peor aún, contestó la nube sorprendida. Tienes que darte cuenta de quién te rodea y quienes son tus amigos de verdad.
-Todos somos amigos, aclaró la rosa. Estoy segura de que si alguna vez yo necesitara ayuda de verdad ellos me ayudarían.
-Además de tonta, ingenua, ¡en fin!, dijo la nube. Me voy.
-No, no te vayas, suplicó la rosa. Necesito agua.
-Pues pídesela a tus amigos.
-Ellos no tienen, aclaró la rosa. Ellos, al igual que yo, te estaban esperando.
-Pero yo no tengo que descargar el agua hoy aquí, me esperan en otra parte, dijo la nube algo altanera.
-¡No seas tan egoísta!, pidió la rosa angustiada. Sólo un par de gotitas.
La mariquita, la abeja y el escarabajo estaban escuchando toda la conversación entre la nube y la rosa desde el principio. Dolidos en su amor propio, se reunieron al lado de la rosa y le susurraron algo en sus pétalos.
En cuestión de segundos, un enjambre de abejas, un puñado de escarabajos, y montones de mariquitas, revoloteaban al lado de la nube.
-Quitaos de aquí, pidió la nube molesta. Me estáis haciendo cosquillas, y no puedo aguantar. Voy a tirar todo el agua aquí por vuestra culpa.
Las mariquitas con sus alas, las abejas con sus antenas, y los escarabajos con sus patas no paraban de rozarse con la nube una y otra vez, hasta que pasó lo que la nube se temía.
En un ataque de cosquillas empezó a perder el agua que llevaba y todo el jardín quedó repleto de agua. Todas las plantas y todos los animales disfrutaban del frescor de la lluvia. Y en el cielo, la nube gruñona y ahora menos gordinflona se iba corriendo para otra parte.
Pero a la rosa blanca le dio tiempo de explicarle a la nube gris que debemos ayudar a los demás sin importarnos y sin tan siquiera pensar que recibiremos de ellos, porque esa es la verdadera bondad, algo que no tiene nada que ver con el egoísmo y algo que tiene mucho que ver con la verdadera amistad.

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