CANCIÓN DE NAVIDAD. CHARLES DICKENS

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John Leech [Public domain], via Wikimedia Commons

Es el día de Nochebuena y Ebenezer Scrooge no está dispuesto ni a celebrar nada, ni a compadecerse por nadie. Aunque son las tres de la tarde, ya todo está oscuro. El señor Scrooge trabaja en su oficina. Su socio, el señor Marley, hace siete años que murió. Pero Scrooge no está solo, con él se encuentra su escribiente, Bob Cratchit, al que trata muy mal y trabaja con Scrooge por un sueldo miserable.
Scrooge es viejo, avaro y siempre está malhumorado. Odia a todo el mundo y hace mucho, mucho tiempo que ni da ni recibe cariño de nadie.
Así nos lo describe Charles Dickens ( Portsmouth 1812-1870) en su inolvidable novela breve “Canción de Navidad” o “A Christmas Carol”, escrita en 1843.

“¡Ah, pero Scrooge era un auténtico tacaño!¡Un viejo y codicioso pecador que agarraba, estrujaba, arrancaba, arrebataba y despojaba! Era duro y afilado como el pedernal, del que ningún eslabón había logrado sacar jamás una chispa de generosidad; y cauto, cerrado y solitario como una ostra. Su frialdad interior acartonaba su viejo semblante, congelaba su nariz puntiaguda, secaba sus mejillas, envaraba su paso, enrojecía sus ojos, amorataba sus labios delgados y volvía acerada su voz chirriante. Una gélida escarcha le cubría la cabeza, las cejas, la hirsuta barbilla. Siempre llevaba consigo su baja temperatura; helaba su oficina en los días de bochorno y no se deshelaba ni un grado en Navidad.”

Su sobrino entra aquella tarde para desearle feliz Navidad e invitarle a que pase el día con ellos y su familia. Scrooge, por supuesto, no accede.

“-¿Paparruchas las navidades, tío?, dijo el sobrino de Scrooge. No lo dirá en serio, ¿verdad?
-Claro que sí, dijo Scrooge. ¿Feliz Navidad? ¿Qué derecho tienes tú a ser feliz? ¿Qué motivo tienes para ser feliz? Eres la mar de pobre.
-Vamos a ver, replicó el sobrino con alegría, ¿qué derecho tiene usted para estar tan enfurruñado? ¿Qué motivo tiene para estar de mal humor? Es la mar de rico.”

Scrooge da por finalizado el día y, después de cenar en la taberna de costumbre, se dirige a su piso, que en otro tiempo había pertenecido a su difunto socio. Scrooge se queda asombrado cuando de repente, ve la cara de Marley reflejada en la aldaba. No le da mucha importancia hasta que, ya una vez en casa, mientras se come sus gachas antes de ir a dormir, vuelve a ver a Marley reflejado en los azulejos de su vieja chimenea.

“A esto sucedió un ruido metálico, procedente de abajo, como si alguien arrastrase una pesada cadena sobre los barriles de la bodega. Scrooge recordó entonces haber oído decir que los espectros de las casas encantadas arrastraban cadenas. (…)
-¡Sólo son paparruchas!, dijo Scrooge. ¡No quiero creer en esas cosas!”

Pero al final, lo visualiza, ve al fantasma, al espectro, al espíritu de Marley y comienzan a charlar.
Marley es el que, finalmente, le abre los ojos al viejo tacaño.

“-¡Ay, cautivo, encadenado y doblemente aherrojado!, exclamó el fantasma. Ignorar que han de pasar a la eternidad siglos de incesantes esfuerzos, realizados en este mundo por criaturas inmortales, antes de que todo el bien de que es susceptible alcance su plenitud. Ignorar que todo espíritu cristiano que obra con bondad en su pequeña esfera, sea la que sea, hallará su vida mortal demasiado corta para la inmensa capacidad que tiene de ser útil. ¡Ignorar que ningún arrepentimiento puede reparar el mal uso que se ha hecho de la oportunidad de una vida! ¡Sin embargo, eso me pasó a mí!”

Marley le explica que aún puede cambiar su destino y le recuerda que se le aparecerán tres espíritus. Aún tiene esa oportunidad, no como él, que, por haber sido avaro toda su vida, toda esa maldad se ha convertido en una larga cadena que debe arrastrar para siempre.

Y así dividió el gran escritor inglés su obra, por estrofas o por la aparición de los espíritus, si se puede explicar así:

Primera estrofa: El espectro de Marley
Segunda estrofa: El primero de los tres espíritus (el del pasado)
Tercera estrofa: El segundo de los tres espíritus (el del presente)
Cuarta estrofa: El último de los espíritus (el del futuro)
Quinta estrofa: Fin del cuento

Este es un libro que le recomiendo abrir tanto a jóvenes como a mayores, además de ser un clásico perfecto para leer en Navidad o en los días previos o cuando a uno le apetezca nos hace, de una forma muy ingenua pero tierna a la vez, darnos cuenta de algo que hay que tener siempre presente: hacer el bien a los demás cuando aún podemos hacerlo, en vida, mientras estemos aquí. Es la enseñanza del libro y al final, el sentido de la Navidad.
Para todos los que amamos esta época, por una u otra razón, es fantástico volver a este libro y compartirlo con nuestros seres queridos.
En el siguiente post iré desgranando las diferentes estrofas en las que el libro queda dividido. Antes me permito recomendarles, entre las miles de ediciones que hay de esta obra, una que en especial me gusta, “Canción de Navidad” de la editorial Vicens Vives, ilustrado por el gran P.J. Lynch.

“Pero, desde luego, cuando llegan las navidades (aparte de la veneración que debemos a su origen y nombres sagrados, sis es que se puede dejar aparte algo que le es tan propio), siempre me parecen una época buena: una época amable, indulgente, caritativa, agradable; la única que conozco, en el largo calendario del año, en la que hombres y mujeres parecen estar de acuerdo en abrir de par en par sus corazones, y en considerar a sus inferiores como compañeros de viaje a la tumba, y no como una especia distinta de seres camino de otros destinos.”

Me quedo con este párrafo del libro para la reflexión.

Y ahora… en el siguiente post les invito a que viajen con Scrooge y los espíritus. No se arrepentirán. Scrooge puede cambiar su actitud en la Navidad y así depurar todos sus errores pasados. ¿Tendrá esa segunda oportunidad que a todos nos gustaría tener?

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