LA SUMA DE LOS NÚMEROS

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Cierto día el número 2 fue a visitar al número 1.
Le dijo así:
-Si te unieras a mí dejarías de ser un insignificante número 1 y te convertirías en un precioso número 3.
-No me interesa ser un número 3, contestó orgulloso el número 1. Yo aspiro a algo más.
Después vino a visitarle el número 3.
-Hola número 1, le dijo el número 3. ¿Quieres que hagamos una suma tú y yo? ¡Imagina! Dejarías de ser un simple número 1 para convertirte, nada más y nada menos, que en un respetable número 4.
-No me interesa ser un número 4, un simple número 4, contestó altanero. Yo aspiro a mucho más.
Pasado un rato, el número 4 llamó al número 1. Le dijo que si quería sumarse a él. Intentó convencerle diciéndole que, gracias a la suma de los dos, llegaría a ser un respetado número 5.
Pero el número 1 le hizo saber que no tenía ninguna gracia ser la mitad de un diez ya que lo que el quería llegar a ser era precisamente eso, un diez.
Se decidió el número 6 y fue a visitar al número 1 para así explicarle las razones por las cuales la posible suma de los dos sería perfecta.
-Sería maravilloso poder llegar a ser un siete, le argumentaba. ¡El número de la suerte!
Al número 1 no le causó ninguna impresión la ilusión del número 6 por llegar a ser un número 7.
El número 7 se acercó al número 1. Pero antes de que pudiera decir algo, el número 1 le dijo que no le interesaba ser un número 8, por si venía con las intenciones de crear una suma con él.
-El número 8 tiene forma de bizcocho, explicó con desprecio el número 1.
Esperaba el número 1 con ansia la visita del número 9. Este era su sueño. Por fin vendría el número 9, se sumarían y llegarían a ser un magnífico número 10.
Pero el número 9 no llegaba, así es que el número 1 decidió ir a buscarle.
Encontró al número 9 tan tranquilo, echado en su sofá, sin importarle lo más mínimo su presencia.
El número 1 se acercó a él y le dijo:
-¿A qué esperas para sumarte a mí?
-¿A ti? ¿por qué debería hacer yo eso?, preguntó vanidoso el número 9.
-¡Para llegar a ser un magnífico número 10!, respondió asombrado el número 1.
-No me interesa ser un número 10, contestó altivo el número 9 antes la mirada atónita del número 1.
-¿Qué significa eso de que no quieres ser un número 10? ¡Ser un número diez es grandioso! Y sólo tienes la posibilidad de conseguirlo conmigo, si te sumas a mí.
-Quizás para ti es algo grandioso ya que simplemente eres un número 1, respondió el número 9 sin moverse del sofá. Yo soy el número más poderoso de todos los números de una sola cifra, entonces, ¿por qué renunciar a mi posición?
El número 1 se fue muy triste. Nunca llegaría a ser un diez. Por el camino, se acordó de todos los números a los que había rechazado por ser tan orgulloso. Ahora no podría hacer sumas con nadie. Ahora sería para siempre un simple número 1.

© 2010 Araceli Cobos

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