CONCIERTO BARROCO. CARPENTIER

VIVALDI-Y-CARPENTIER
¿Tienen ganas de hacer otro viaje con Alejo Carpentier? Aquí les ofrezco otra propuesta, esta vez por Europa. Un viaje lleno de música y de divertidas anécdotas. Les dejo con un principio insuperable, de una historia preciosa también, “Concierto barroco”.
El argumento de “Concierto barroco” está basado en un hecho histórico: la composición y estreno en Venecia, en 1773, de una ópera de Vivaldi sobre Montezuma. Es una historia divertidísima que narra las peripecias de un indiano que en compañía de su criado, llega a Europa para buscar instrumentos musicales. Siempre que he leído esta “nouvelle” me ha recordado, de alguna manera, a Don Quijote y Sancho Panza.
El principio de la obra resume muy bien el desarrollo de la misma, elegante y divertida a partes iguales. Así comienza el escritor cubano a describir los preparativos del viaje:

“De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata labrada en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados; de plata los platos fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata; de plata los jarros de vino amartillados por los trabajadores de la plata; de plata los platos pescaderos con su pargo de plata hinchado sobre un entrelazamiento de algas; de plata los saleros, de plata los cascanueces, de plata los cubiletes, de plata las cucharillas con adorno de iniciales…Y todo esto se iba llevando quedamente, acompasadamente, cuidando de que la plata no topara con la plata, hacia las sordas penumbras de cajas de madera, de huacales en espera, de cofres con fuertes cerrojos, bajo la vigilancia del Amo que, de bata, sólo hacía sonar la plata, de cuando en cuando, al orinar magistralmente, con chorro certero, abundoso y percutiente, en una bacinilla de plata, cuyo fondo se ornaba de un malicioso ojo de plata, pronto cegado por una espuma que de tanto reflejar la plata acababa por parecer plateada…”

Otro párrafo de la obra, en el cual ya están de lleno disfrutando de su viaje. Parada: Madrid:

“Una noche, fueron de putas a una casa donde los recibió un ama obesa, ñata, bizca, leporina, picada de viruelas, con el cuellos envuelto en bocios, cuyo ancho trasero, movido a palmo y medio del suelo, era algo así como el de una enana gigante. Rompió la orquesta de ciegos a tocar un minué de empaque lagarterano, y, llamadas por sus nombres, aparecieron la Filis, la Cloris y la Lucinda, vestidas de pastoras, seguidas por la Isidra y la Catalana, que de prisa acababan de tragarse una colación de pan con aceite y cebolla, pasándose una bota de Valdepeñas para bajarse el último bocado.”

© 2009 Araceli Cobos

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