UN POETA DE PORTUGALETE, MARIO ÁNGEL MARRODÁN

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Fue hace catorce años, en el número 48 de la calle Portugaluja, en Portugalete, en el piso de Alberto Iglesias, por aquel entonces un antiguo profesor de filosofía que yo había tenido en el instituto Dolores Ibarruri de Gallarta. Ya estaba en la Universidad, estudiando Periodismo, pero manteníamos aún la amistad y me invitó a una comida inolvidable. Aquella tarde no acudí a las clases de Historia del Periodismo que nos daba el gran profesor, y después rector de la Universidad del País Vasco, Manuel Montero pero mereció la pena, hasta él me lo dijo: “Si no has acudido a mis clases pero has tenido la oportunidad de conocer a Mario Ángel Marrodán, estás perdonada”, afirmó con tono irónico y simpático.
El piso, de techos altos y vistas al Puente Colgante, animaba a la tertulia, en aquella tarde calurosa, en aquella cocina desordenada y terriblemente confortable. Allí sentados alrededor de una mesa se encontraban, un pintor de apellido Grifell, el profesor de filosofía y cantautor Alberto Iglesias, el escritor Mario Ángel Marrodán y yo. Y era yo la única que me preguntaba que hacía allí porque me sentía muy afortunada por poder compartir mesa y tertulia con aquellos hombres tan interesantes e inteligentes. Alberto Iglesias me dijo que Marrodán podría leer y dar su opinión sobre algunas de mis poesías, y lo hizo. Por eso me había invitado, para que me animara a seguir escribiendo. Alli me regaló el primer libro que tuve de él, “El duende de Geminis”. Aún recuerdo que orgullosa me sentía de tenerlo firmado por él. Cuando cogí el Puente Colgante, para pasar a Las Arenas y tomar el autobús hacia Leioa, comencé a leerlo, no podía esperar más.
Años después, haciendo el Máster de Periodismo del Grupo Correo, volví a contactar con Marrodán. Me apetecía volverle a ver y charlar con él. Era el momento perfecto y así podría presentar la entrevista en el máster para un trabajo que me habían mandado. Marrodán, como siempre, encantador, me dijo que no había ningún problema. Nos encontramos en su piso, repleto de libros y de algún ratoncillo de peluche que dormía en algunas de las esquinas de aquel lugar donde se respiraba años, olor a papel y paciencia. Porque fue Marrodán un escritor con mucha paciencia, hermosa y grande como su inteligencia.
Esta fue la última vez que le ví. Charlamos sobre muchas cosas. No tenía prisa, yo tampoco. Lo único que nunca me gustó de Marrodán eran sus ojos tristes, pero es que era muy realista el poeta portugalujo, muy consciente, y creo que la vida se los había transformado.
Quiero rendir mi homenaje al “poeta universal de Portugalete”, con algunos de sus textos y sus poesías. Fue autor de más de 400 libros de ensayo y crítica de arte, aunque su pasión siempre fue la poesía. Sus poemas han sido traducidos a doce idiomas y entre su correspondencia se encontraban nombres tan ilustres como Camilo José Cela, Barandiaran, Oteiza o los integrantes de la generación del 27 Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso.
En 1950 publicó su primer libro de poesía “Ansia en vida”.
Murió en 2005 a los 73 años de edad. Se le concedieron muchos premios a lo largo de su vida y como recuerdo, además de todo su trabajo literario, está el premio de poesía que lleva su nombre.

De “El duende de Géminis” me gustaría destacar las siguientes poesías, entre ellas: “Pese a todo, el hombre”.

“El hombre está aquí
El hombre de la tierra
El hombre mal parido
El hombre abandonado
El hombre en libertad
El hombre de rodillas
El hombre de la fe
El hombre irreflexivo
El hombre sobre el barro
El hombre sin ayuda
El hombre que tropieza
El hombre muerto de asco
(…)
El hombre condenado
El hombre pese a todo
El hombre de la vida
El hombre de verdad.”

De “Solitario, ¿Es cierto lo que digo?, me gustaría señalar los siguientes versos:

“Sé fiel y sigue humilde
por la sencilla arena
que te es dado pisar.
No eres más poderoso
porque así lo creas.
Junto a la senda frágil
y en soledad, implora
el perdón a la fábula
fría y breve en la niebla
de octubre. Todos somos
ramas del mismo árbol.
Tras millones de años
el sembrador no es otro.”

Del precioso poema “Infeliz rincón”:

“Te necesito, sí, te necesito
para empezar de nuevo,
para saber que existes
rasgando el mismo sueño,
para saber que existo,
para beber el viento,
para sentir la vida,
para ordenar mi tiempo,
para hacerte preguntas,
para escribir requiebros,
para llorar a solas,
para sellar con besos,
(…)
para saber que vienes
muerte, a recoger mis versos.”

Dejó un librito Marrodán escrito, en mi opinión, de muchísimo valor, titulado “Chequeo al corazón del poeta” y publicado por la editorial “La Hamaca”, donde se recogen una serie de aforismos que fue escribiendo a lo largo de su vida. Me gustaría escribir alguno de ellos para compartirlos con todos ustedes.

“Poetas, haced los poemas cual los queréis y queredlos cual los hacéis.”
“En poesía nunca se siente la satisfacción de haber llegado. (¿Ádonde?).”

“Los poetas somos creadores de inutilidades, por eso desconfían de nosotros. (Y nosotros de ellos).”

“No puede ser que el pueblo pase sed de espíritu teniendo la fuente de la poesía en perpetuo funcionamiento para calmar la sed de los hombres.”

“Abomino del escritor contaminado, exalto al escritor contaminante.”

“Para las gentes tan mercantilistas no cuentan ni la poesía ni los poetas, te desconocen o riñen, te confunden con los horrores de errores, te tratan con su mismo apodo de energúmenos, atribuible a la falta de fama de un poeta. Lo que cuentan con los clientes, como en las viejas casas de putas, el número de clientes, siempre y cuando sea cliente más que nominal. Sabemos por ello que la poesía es minoritaria y por nosotros que esa virtud es, encima, muy selectiva: los poetas se encargan de seleccionar a sus poetas. Eso de ser poeta famoso no quiere decir que todos los famosos sean auténticos poetas, los mejores. Lo importante es serlo. Y serlo de verdad.”

© 2009 Araceli Cobos

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