TOLSTÓI. LOS COSACOS

TOLSToI-HISTORIA-DE-AMOR-EN-EL-CaUCASO

El olor a Kiziak, a Kasha y a Kaimak, que palabras, por cierto, tan bonitas, impregnan la novela “Los cosacos”, una preciosa obra de Lev Tolstói.
En 1851, cuando Tolstói tiene vientidós años, realiza un viaje al Cáucaso para participar como cadete en la línea defensiva rusa en la guerra contra los turcos. Esta experiencia le servirá de inspiración para sus primeras novelas, entre ellas esta que hoy presento.
El personaje de esta novela se llama Olenin, un joven que aburrido de su monótona vida en Moscú decide seguir la carrera militar. La naturaleza del Cáucaso, la vida sencilla en la stanitsa (aldea cosaca) y un amor que surge sin esperarlo, le abrirán un mundo nuevo lleno de sopresas, alegrias y malos momentos también.
Lúkashka, apodado “El arrebatador”, es un joven cosaco que lucha para que los chechenos hostiles, los abreks, no crucen la orilla rusa del río Terek con el objetivo de robar y saquear.
El joven cosaco y Olenin se enamoran de la misma mujer, Marianka.
Tolstói, que hace varias descripciones de ella a lo largo de su obra, en una de estas la presenta así:

“Marianka (…) era una auténtica belleza. Sus facciones habrían resultado demasiado masculinas y toscas de no haber sido por su tipo, alto y esbelto, por su pecho y sus hombros robustos y, sobre todo, por la expresión severa, pero tierna, de sus rasgados ojos negros, envueltos en una oscura sombra bajo sus negras cejas, y por el gesto cariñoso de su boca y de su sonrisa. Aunque no sonreía a menudo, cuando lo hacía resultaba siempre cautivadora.”

Las descripciones y los diálogos son directos y cuidados en esta obra. Por ejemplo cuando se describe la vida cotidiana en la aldea o los momentos de fiesta como en el capítulo XXXV, preciosa descripción la que hace el escritor ruso.

En muchas ocasiones Olenin admira la vida en el Cáucaso y recuerda su vida anterior, vacía para él.

“A cada día que pasaba allí se sentía más libre y humano. El Cáucaso era totalmente distinto a como se lo había imaginado. No había hallado nada que se pareciera a sus sueños ni a las descripciones que había oído y leído. “Aquí no hay ni caballos zainos, ni precipicios, ni ningún Ammalat- Bek, ni héroes ni villanos”, pensaba. “Los hombres viven en armonía con la naturaleza: mueren, nacenm se reproducen, de nuevo nacen, luchan, beben, comen, gozan y de nuevo mueren, sin más condiciones que aquellas normas inmutables que la Naturaleza estipuló para el sol, la hierba, la bestia, o el árbol. Ésa es la única ley que conocen”. Y, por esa razón, aquellas gentes, a su lado, le parecían hermosas, fuertes y libres, y le bastaba con mirarlos para sentir vergüenza y lástima de si mismo. A menudo se planteaba seriamente la posibilidad de abandonarlo todo, convertirse en un cosaco, comprarse una cabaña y ganado, casarse con una cosaca (aunque no con Marianka: ésta era para Lúkashka) y vivir con el tío Yéroshka, ir de caza y de pesca con él y a las campañas con los cosacos.”

El tío Yeróshka es otro personaje entrañable de esta novela. Es vecino de Lúkashka, y es a éste joven al único que no desprecia de entre toda la generación de nuevos luchadores. A lo largo de la narración también entabla una estrecha amistad con Olenin.

Se dice de esta novela que es mitad estudio etnográfico, mitad cuento moral, pero a mí también me parece que esta novela guarda una preciosa historia de amor, por todas estas cosas hay que abrir el libro y disfrutarlo.

© 2009 Araceli Cobos

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