LOS SECRETOS DE ELIOT WEINBERGER

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Siempre habrá un libro que no dejará de sorprendernos. El escritor Eliot Weinberger, de nacionalidad “neoyorquina” y nacido en 1949, lo consigue con su obra “Algo elemental”.
No se puede clasificar claramente este trabajo. Que, si ciertamente es un ensayo, nada tranquilamente por las aguas más sensuales de la prosa y la poesía, haciendo del libro un diamante mágico de la literatura.
Publicado por la editorial Atalanta, en la obra convergen los más variados temas: los aztecas, la antigua cultura china, la figura de Empédocles, la vida de Mahoma, las estrellas,…
Abrir este libro nos va a llevar a lugares desconocidos, preciosos y mágicos. El viaje es imprecindible.

En el capítulo segundo titulado Changs, el escritor nos hace un recorrido histórico por los diferentes hombres llamados Changs, y donde se pueden leer frases como esta:

“Chang Ch ao, en el siglo XVII, afirmó: “Las flores deben tener mariposas, las montañas, arroyos; las rocas, musgo; el océano, algas; los árboles viejos, enredaderas; y la gente, obsesiones”.

En el capítulo seis se relata un bello cuento titulado “El árbol florido”. Este cuento, además de ser delicioso, guarda un secreto al final del libro que no puedo desvelar. El cuento habla de una joven que tiene la capacidad de convertirse en árbol y dar las flores más bellas y con el olor más intenso y dulce que jamás antes haya sido conocido

“La joven le dio instrucciones precisas que él siguió, y entonces ella desapareció y un árbol magnífico se alzó en la cámara nupcial de la torre. Él recogió con cuidado las flores y las esparció por el suelo hasta que la habitación estuvo cubierta de pétalos multicolores y una extraña y embriagadora fragancia inundó la estancia. Luego la joven volvió a ser ella misma e hicieron el amor toda la noche sobre las nubes de pétalos.”

Otro cuento digno de destacar es el que se recoge en el capítulo quince titulado “El asno de Abu al-Anbas”. En el se relata la relación entre un hombre y su asno, animal muy querido para él, con el cual entabla una conversación.

“Mi corazón se estremeció por una burra
mientras esperaba a mi amo
en la puerta del boticario.
Ella me esclavizó con su tímido comportamiento
y con sus suaves mejillas
del color de shanqarini.
Morí por ella, pues si hubiera vivido,
mi pasión no habría hecho más que empeorar.”

Otros capítulos sorprendentes son: “La música del desierto: sur”, “Hielo”, “El Sáhara”, “Lacandones” y muchos otros. Por ejemplo el titulado “Empédocles”. En él se recogen varios pensamientos del filósofo.

“Él creía que el amor y la discordia forman un ciclo eterno: el mundo se mantiene unido durante el periodo de amor creciente, hasta alcanzar la condición de una esfera perfecta que se mantiene unida por amor, una especie de dios sin rostro, un órgano de pensamiento que tiene una vida longeva pero no inmortal, que “se regocija en su soledad”. Luego se destruye de nuevo en la otra mitad del cielo, el periodo de la discordia creciente.”

“Creía que en el momento de la unión no de diferencian los sexos. La reproducción sexual pertenece al periodo de discordia; reafirma la separación de los sexos y de dos crea muchos, y hace mayor la desunión. El amor humano es un esfuerzo fútil en un periodo en el que no hay amor cósmico. Él prohibía a sus discípulos mantener relaciones heterosexuales, aunque daba dinero a las mujeres pobres para la dote.”

“Cuando le preguntaban por qué algunos niños no se parecen a sus padres, contestaba que los fetos están formados por aquello que la mujer visualiza en el instante de la concepción. Una mujer que piense en una estatua o en una pintura o en otra persona tendrá un hijo parecido a ellas.”
“Evidencias anecdóticas” es otro capítulo curioso por los pequeños relatos que en él se cuentan. Por ejemplo el quinto, que cuenta algo sobre el gato de Mallarmé.

Por último destacaré el capítulo titulado “Las estrellas”. En él se intenta definir que son y se leen cosas tan bellas como éstas:

“(…) Son trozos de hielo que reflejan el sol (…) son las almas de los bebés muertos convertidas en flores del cielo; son aves cuyas plumas arden (…) son esferas de cristal cuyo movimiento crea música en el cielo (…) son las luces de los palacios donde viven los espíritus (…) son una especie de queso celeste batido hasta hacerse luz; son, simplemente son (…)”

Eliot Weinberger es uno de los ensayistas y traductores más reputados en su país. Es editor de la selección de poesía estadounidense más importante de las últimas décadas, ha traducido la poesía de Borges, Octavio Paz, Huidobro, Villaurrutia o Bei Dao. Es autor de tres ensayos: “Invenciones de papel”, “Outside stories” y “Rastros kármicos”. Fue finalista del Premio de la Crítica de Estados Unidos.

© 2010 Araceli Cobos

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