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02Jun/12

LOLITA. VLADIMIR NABOKOV

“Humbert Humbert hacía todo lo posible por ser bueno. Lo hacía sincera y honradamente. Tenía el más profundo respeto por los niños, por su pureza y vulnerabilidad, y por ninguna circunstancia habría corrompido la inocencia de una criatura de haber el menor riesgo de ser descubierto. Pero como latía su corazón cuando vislumbraba en medio del inocente rebaño a una niña demoníaca “enfant charmante et fourbe”, de ojos oscuros y labios brillantes, que podía acarrearle diez años de cárcel sólo por mirarla con descaro. Así transcurría su vida. Humbert era perfectamente capaz de tener relaciones sexuales con Eva, pero suspiraba por Lilith.”
La novela “Lolita” de Vladimir Nabokov (San Petersburgo 1899, Montreux, Suiza 1977) puede describirse de muchas maneras, una novela de amor, una novela erótica, una novela sobre el incesto,… pero ¿qué más da? Mario Vargas Llosa dice de ella lo siguiente: “Entre las más sutiles y complejas creaciones literarias de nuestro tiempo. Lo cual no significa, por cierto, que no sea un libro provocador”. Yo la describiré como una novela de amor, que se puede o no entender, pero ante todo es una novela de amor. Humbert Humbert, un profesor de cuarenta años, está obsesionado o apasionado por las nínfulas. Para apaciguar esa obsesión se casa, pero su mujer pronto le deja por otro. Entonces, el profesor recibe una herencia y decide marchar a Estados Unidos. Aquí conocerá a Lolita. El destino le lleva a casa de la señora Haze, donde alquilará una habitación. Esta tiene una hija de doce años llamada Dolores.
Este párrafo trata de cuando la ve por primera vez:
“Jueves. Día muy cálido. Desde un punto ventajoso (ventana del cuarto de baño) vi a Dolores recogiendo la ropa tendida en medio de la luz verde manzana, detrás de la casa. Salí. Ella llevaba una camisa a cuadros, tejanos, zapatillas deportivas. Cada movimiento que hacía en aquella sombra moteada de rayos de sol punzaba la cuerda más secreta y sensible de mi cuerpo abyecto. Al cabo de un rato, se sentó junto a mí en el último escalón de la escalera del porche trasero y empezó a coger guijarros de los que tenía entre los pies, guijarros, Dios mío, y después un casco de botella de leche que recordaba un labio curvado en una mueca desdeñosa, para arrojarlos contra una lata (…) ¡Maravillosa piel, oh, maravillosa!: suave y tostada, sin el menor defecto. (…) ¡Dios mío, qué paroxismo de placer me hace sentir el brillo de sus suaves patillas, que se van espesando y oscureciendo hasta convertirse en una reluciente cabellera castaña! ¡Y el movimiento del huesecillo cubierto de polvo que sobresale a un lado de su tobillo! (…) ¡Qué brillante tracería forma el vello en su antebrazo! Cuando se puso de pie para llevarse la ropa, pude admirar desde lejos los fondillos descoloridos de sus tejanos arremangados.”
Pasado el tiempo, Dolores, llamada a veces Lo, se deja llevar por la situación. Ella es una niña lista, que se sabe deseada.

“De pronto, supe que podía besar su cuello o la comisura de sus labios, con absoluta impunidad. Supe que me dejaría hacerlo, y hasta que cerraría los ojos, como enseña Hollywood. Le parecería alto tan normal como zamparse un helado de vainilla y chocolate.”

Los problemas vienen cuando la señora Haze se enamora del profesor. Humbert Humbert se casará con ella pero algo ocurre, inesperado, y el, desde ese momento será el padre de Lo. Dolores está en un campamento cuando sucede todo. Pero… hay otro problema mayor. El profesor y Dolores se gustan.

Personalmente, me encanta la teatralidad de Lolita, ese saberse irresistible y jugar con ello, esa belleza juvenil, infantil que la hace única. Su inteligencia y sus estupideces. Aquí se dirige a “su padre” de una manera perversa:

“-¡Puerco!, exclamó sin dejar de sonreírme dulcemente.
¡Criatura repugnante! Yo era una niña pura como una perla, y mira lo que has hecho de mí. Debería llamar a la policía y decirle que me has violado.¡Oh, puerco, puerco, viejo puerco!
¿Bromeaba? En sus absurdas palabras vibraba una siniestra histeria. Después, con un sonido sibilante, empezó a quejarse de dolores, dijo que no podía estar sentada, dijo que le había destrozado las entrañas. (…) En la alegre ciudad de Lepingville le compré cuatro revistas de historietas, una caja de bombones, un paquete de compresas, dos coca-colas, un juego de manicura, un despertador de viaje con esfera luminosa, un anillo con un topacio auténtico, una raqueta de tenis, (…) En el hotel pedimos habitaciones separadas, pero en mitad de la noche vino a la mía sollozando, e hicimos el amor sin prisas. Es que la pobre no tenía ningún otro sitio adonde ir, ¿comprenden?”.

Así termina la primera parte de la novela. En la segunda parte comienza el periplo por los Estados Unidos de Humbert y Lo, ya amantes, que se convierte, además, para el lector, en un interesante retrato de la cultura de la carretera, de los moteles,… de lo fácil y lo barato, de la mano del profesor y su niña. Sin duda, Nabokov es uno de los más extraordinario escritores del siglo XX.
En mi opinión, la segunda parte es tan brillante como larga, quizás demasiado.
Lolita abandona la Escuela para Señoritas de Beardsley y convence a su padre para comenzar una nueva vida:
“En realidad, acariciaba la idea de escurrirme por la frontera mexicana, ya era más valiente que un año antes, y decidir allí qué hacer con mi pequeña concubina, que medía ya un metro cincuenta y pesaba cuarenta kilos. Recurrimos de nuevo a nuestras guías y mapas turísticos. Lo trazó el itinerario con cuidado infinito.”
Pero como bien escribe Nabokov en su libro: “Un cambio de ambiente es la falacia tradicional en la que confían los amores, y los pulmones condenados”. Estoy totalmente de acuerdo. ¿Y ustedes?
Un día Dolores abandonará a su papá para iniciar ella una nueva vida. Años después, el profesor la encontrará emparejada y embarazada. Aún está enamorado de Lo y quiere ayudarla, pero ella le rechazará, sólo quiere dinero.
Aún así, a pesar de todo, él la ama:
“Poco importaría que sus ojos se marchitaran hasta convertirse en los de un pez miope, que sus pezones se hincharan y se agrietaran, que su pubis delicado, encantador, aterciopelado, joven, se ensuciara y desgarrara…aún así enloquecería de ternura con sólo ver tu querido rostro pálido, con sólo oír tu voz juvenil y ronca, mi Lolita.”
Y hasta aquí puedo llegar. Les invito a que abran este maravilloso libro, y no se crean que termina así, hay un final imprevisible, ya lo verán. Por amor…uno hace locuras. La vida, en ocasiones, se vive demasiado rápido.