EL MAR DE IGUANAS. SALVADOR ELIZONDO

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Publica Ediciones Atalanta un interesante libro titulado “El mar de iguanas” de Salvador Elizondo (Ciudad de México, 1932-2006) donde se recogen algunos de los trabajos de este gran escritor. Quizás algo desconocido, por ese motivo, este libro, es un buen regalo editorial para empezar a conocerlo.
Elizondo fue considerado como el escritor más vanguardista de la generación de los 60 en México. Su estilo, abierto, original, cosmopolita, chocaba con el de las corrientes realistas y nacionalistas que imperaban en la época. El mexicano, de padre diplomático, pasó parte de su infacia en Alemania, antes de la Segunda Guerra Mundial y también en California.
En “El mar de iguanas” hay una serie de cuentos magistrales que nos trasladan a su infancia. Hoy quiero destacar e invitar a abrir el cuento “Ein Heldenleben”. Es el que más me ha sorprendido de todos. Una curiosa y preciosa obra donde podemos darnos cuenta de la huella que la guerra deja en los niños, en sus comportamientos, en sus corazones. Personajes pasivos en la gran locura de los mayores.
Elizondo nos presenta su colegio el Deutsche Oberrealschule zu Mexiko y a su compañero, “el ruso”, Sergio Kirof. A partir de aquí, todo se convierte en una metáfora infantil llena de sentimientos ocultos, de inocencia y de ironía.

“-Mis queridos niños…, dice en alemán con voz entrecortada por la emoción y juntando las manos como si fuera a rezar, tengo una muy buena noticia que darles y que el señor director acaba de conocer por la radio de onda corta directamente desde Alemania…, y nos dio la noticia memorable.
Sin entender una sola palabra de lo que nos había dicho Fraülein Fritz, yo era la primera vez en mi vida que oía hablar de Russland, pero a juzgar por el semblante risueño de la maestra supimos que se trataba de una buena noticia y prorrumpimos en jubilosas aclamaciones. Fraülein Fritz pidió orden: se hizo silencio. Vivamente conmovida agregó:
-Estoy vivamente conmovida, además, porque como Lehrerin de esta clase me siento muy orgullosa y estoy segura de que todos ustedes compartirán mi orgullo de contar entre los alumnos de la Décima A-Einz a un compañero que es hijo de la Grande Rusia, aliada y amiga de la Grande Alemania: nuestro compañero Kirof, Sergio…
Todos nos volvimos hacia él. Era como si lo reconociéramos por primera vez durante ese año escolar como uno de nosotros, pero bajo su condición específica de “ruso”, y, otra vez, sonó la ovación estruendosa para nuestro camarada. Como se declaraba asueto el resto de la mañana, entonamos apresuradamente “Deutschland über alles…” acompañados al devencijado piano por nuestra Lehrerin. Sonó la campana. La apoteosis de Kirof se prolongó, siendo llevado varias veces a hombros alrededor del patio de recreo, fresco y sombreado, del viejo Colegio Alemán de la Piedad.”

La locura de la guerra, de cómo los mayores se desvivían por sus ideales mientras los niños eran ajenos a todos, se puede comprobar en este cuento. Este párrafo que escribo a continuación y el anterior, son la viva imagen de la estupidez adulta. Elizondo no lo podía haber escrito mejor.

“Esoy vivamente agitado…además…porque como Lehrer de la Octava A-Einz me siento avergonzado y no puedo dejar pasar esta ocasión heroica, mis queridos niños, para denunciar la presencia del enemigo entre nosotros…-todos nos miramos sin entender, hasta que tomando nuevo aliento Herr Krüger prosiguió: …Ahora que el Reich emprende la más grande guerra para salvar al mundo del cochino bolchevismo sería traición a la Patria Inmortal no señalar al alacrán asiático que se ocultaba entre nosotros, el asqueroso eslavo bolchevique: el ruso Kirof, Sergio.
Entonces sonó el timbre eléctrico. Nadie se movió de su lugar. Todos nos volvimos hacia el fondo del salón donde el Ruso, de pie con su mochila a la espalda mira a un lado y a otro como un animal acorralado. Alguien le empuja por atrás al tiempo que otro le mete una zancadilla por delante. Kirof pasa dando tumbos y traspiés bajo una nutrida lluvia de bofetadas de las que trata de protegerse bajo su mochila. Cuando llega al frente del salón es derribado y luego llevado a rastras por el corredor hasta el patio, donde según supe después, los altoparlantes difunden la “cabalgata” de La Valkiria.”

© 2010 Araceli Cobos

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