EN EL BOSQUE DE LAS MARIPOSAS

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Una mañana, en el bosque de las mariposas, una mariposa naranja le dijo a una mariposa azul:
-Quisiera ser como tú.
-¿Cómo yo? ¿Por qué como yo?, respondió la mariposa azul.
-Te admiran todos, respondió la mariposa naranja. Cuando te observan, quedan asombrados de tu belleza, pero cuando alguien me mira lo único que ve es a una simple mariposa naranja.
-Si, eso es, una simple mariposa naranja, que por ser tan simple es tremendamente bella, respondió la mariposa azul.
-¡Qué amable eres! pero hasta tú sabes que no es así, e incluso, estoy segura, de que tú misma te sientes orgullosa del color de tus alas.
-No, no pienso en ello. Sólo me preocupa algunas veces.
-¿Te preocupa ser bella? ¡Qué tontería!
-Me preocupa porque los cazadores me buscan. Me quieren pinchar en una de sus cartulinas y mostrarme en las paredes de alguno de sus salones. En cambio tú estas ajena a ese miedo porque, recuerda lo que te voy a decir, no todo el mundo sabe distinguir la verdadera belleza, la belleza de los simple.
La mariposa naranja no estaba de acuerdo con la mariposa azul, y ni siquiera escuchaba las cosas que ésta le decía.
-Daría cualquier cosa por ser tan deseada, suspiraba la mariposilla naranja.
Tanto soñaba con ser hermosa, y tanta tristeza le producía ser una simple mariposa naranja, que ni siquiera era capaz de ver su propia belleza.
Una noche, en el bosque, se le apareció a la mariposa naranja su hada madrina.
-Te veo triste, muy triste, le dijo el hada madrina a la mariposa naranja. ¿Qué tienes?
-Me gustaría ser una mariposa especial. No me gusta el color de mis alas. Hay miles de mariposas como yo, y no destaco por nada.
-Tu sencillez es tu belleza. Tu sencillez te hace única.
-Pues yo no lo veo así. Yo quiero ser una mariposa bella, diferente.
El hada madrina debía ayudarla ya que no podía verla sufrir. Cogió su varita mágica y con ella tocó las alas de la mariposa naranja que al instante aparecieron cargadas de diminutos diamantes. En un instante sus alas alumbraron la oscura noche.
La alegría de la mariposa naranja era tan grande que no sabía cómo darle las gracias a su hada madrina. Ésta antes de despedirse le advirtió:
-No olvides que alguna vez apreciarás la mariposa que fuiste, te acordarás de esa belleza simple que te hacía única y llorarás por estar cuajada de diamantes y ser la más bella de todas las mariposas del bosque.
-Eso no ocurrirá nunca, respondió altanera la mariposa naranja.
Nunca se había sentido tan feliz, tan segura de si misma, tan orgullosa. Por fin era una mariposa única, e incluso se atrevía a decir que más bella que la mariposa azul.
La mariposa azul, al verla, sintió lástima.
-Ya no me gustan tus alas, le respondió con sinceridad. Ahora eres una mariposa cuajada de diamantes sin ningún encanto especial. Pareces una joya de esas que las señoras muy ricas se ponen en las solapas de sus abrigos.
-¡Exacto! Eso es lo que soy ahora, una joya
-Ten cuidado mariposa naranja, le advirtió su amiga. Ahora, todos los que no aprecian la verdadera belleza, la belleza de lo simple querrán pincharte en una cartulina y querrán que decores las paredes de algunos de sus salones.
La mariposa naranja no tenía tiempo para escuchar semejantes tonterías. Cada minuto se recreaba en su belleza y se paseaba de flor en flor pavoneándose.
Pero al día siguiente, unos cazadores, que tenían como objetivo apropiarse de una mariposa azul, vieron a la mariposa naranja cuajada de diamantes. Quedaron tan sorprendidos de sus alas que pronto quisieron apropiarse de ella.
La mariposa naranja se percató de lo que estaba sucediendo y con sus antenas quiso librarse de los diamantes lo más rápido posible para que vieran que ella no era ninguna mariposa especial, simplemente una común mariposa naranja. Pero era inútil su intento por librarse de los diamantes. Lo intentó una y otra vez sin conseguirlo.
La mariposa azul, posada sobre una rosa, estaba viendo todo y decidió ayudar a su amiga. Voló a su lado para protegerla y esconderla con sus alas. Pero los cazadores continuaban con el empeño de lograr a la mariposa con diamantes. Ya no la querían a ella. Pero eran tan grandes las alas de la mariposa azul y tanta la fuerza con que esta la tapaba que los cazadores no podían cogerla.
-Creo que la mejor opción es atrapar a las dos, después ya las separaremos, dijeron los hombres.
Las mariposas escucharon lo que los cazadores pretendían y entonces la mariposa naranja, le dijo a su amiga:
-¡Vete! ¡Vuela! no pienses en mí. Yo me lo he buscado. Tú me lo advertiste. El hada madrina me lo advirtió. Daría cualquier cosa por ser la mariposa que fuí en estos momentos. Pero ahora, amiga, vete y se feliz en el bosque, libre, siempre libre.
Pero la bondad de la mariposa azul le impedía dejar allí a la mariposa naranja así es que la arropó con sus alas hasta que fueron atrapadas las dos.
Desde entonces, en el bosque de las mariposas, cada vez que los cazadores vienen en busca de sus codiciadas mariposas azules una nube inmensa y preciosa de mariposas naranjas las cubren con sus alas y las protegen de todo peligro.

© 2010 Araceli Cobos

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