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15Ene/10

HERTA MÜLLER. EN TIERRAS BAJAS

UN-BAnO-SUABO
En una ocasión leí una entrevista a Herta Müller (Nitkzydorf, 1953) en la que explicaba que según ella la literatura describe realidades, realidades inventadas, y con ello interviene en la vida de los que leen esos libros. Me parece una frase acertadísima e insuperable para definir el poder de la literatura. El poder de transportarnos a mundos que no son los nuestros y que de repente lo son, a personas que no conocemos y que de repente interiorizamos, a problemas que no tenemos o no creíamos tener y de repente están ahí, si, ahí y son los mismos que nosotros padecemos.
Herta Müller, premio nobel de literatura 2009, creció en Rumanía. Descendiente de suabos emigrados a este país, es escritora en lengua alemana. Es única porque en sus trabajos, de forma bella e inteligente, mezcla la dulzura de la poesía con la fuerza de la prosa.
Su primer libro “Niederungen” traducido al español como “En tierras bajas” se publicó años después de estar en la editorial y con recortes impuestos por la censura rumana. El libro se compone de unas bellísimas y duras narraciones breves sobre la vida de un pueblo alemán, el suabo, el de la propia escritora, emigrado a Rumanía. Todo está contado desde la perspectiva de una niña. La niña nos relata la vida cotidiana de su gente, sus incertidumbres, sus problemas, sus temores, sus represiones, sus costumbres…
Es muy difícil elegir uno de estos relatos que llegan directamente al corazón. Como se que volveré a abrir a frau Müller, hoy me quedaré con este: “El baño suabo”. Un pequeño relato que habla de eso, del momento en que una familia de suabos se dispone a bañarse. Así de sencillo y así de hermoso lo cuenta Müller:

“La madre se mete en la bañera. El agua aún está caliente. El jabón hace espuma. La madre se restriega unos fideos grises del cuello. Los fideos de la madre nadan sobre la superficie del agua. La bañera tiene un borde amarillento. La madre sale de la bañera. El agua está caliente. El jabón hace espuma. El padre se restriega unos fideos grises del pecho. Los fideos del padre nadan junto con los fideos de la madre sobre la superficie del agua. La bañera tiene un borde parduzco. El padre sale de la bañera. El agua aún está caliente, le dice el padre a la abuela. La abuela se mete en la bañera. El agua está tibia. El jabón hace espuma. La abuela se restriega unos fideos grises de los hombros. Los fideos de la abuela nadan junto con los fideos de la madre y del padre sobre la superficie del agua. La bañera tiene un borde negro. La abuela sale de la bañera. El agua aún está caliente, le dice la abuela al abuelo. El abuelo se mete en la bañera. El agua está helada. El jabón hace espuma. El abuelo se restriega unos fideos grises de los codos. Los fideos del abuelo nadan junto con los fideos de la madre, del padre y de la abuela sobre la superficie del agua. (…) La familia suaba se instala, recién bañada, ante la pantalla del televisor. La familia suaba, recién bañada, aguarda la película del sábado por la noche.”

El relato es fantástico por su ironía, por su estructura, por las descripciones sencillas y directas. Como cambia el agua de temperatura, como la bañera se va ensuciando, y como después, todos están limpios y contentos y dispuestos a pasar la noche del sábado frente al televisor como otra familia cualquiera, de cualquier parte del mundo.

Abrir cualquiera de los relatos de Müller es una delicia. “Mi familia”, o “La oración fúnebre”, o el que da título al libro, “En tierras bajas”. Está editado por Siruela.
La escritora rumana destaca por sus relatos acerca de las duras condiciones de vida en Rumanía bajo el régimen comunista de Nicolae Ceausescu y destaca como una dictadura puede deteriorar las relaciones humanas.
Otros de los libros traducidos al español de Müller son:
“El hombre es un gran faisán en el mundo”, (“Der Mensch ist ein grosser Fasan auf der Welt”), “La piel del zorro”(“Der Fuchs war damals schon der Jäger”) y “La bestia del corazón” (“Herztier”).

© 2009 Araceli Cobos

10Ene/10

EL SUR. ADELAIDA GARCÍA MORALES

EL-SUR-DE-ADELAIDA-GARCiA-MORALES
La mirada inteligente y bella de Adelaida García Morales es, lo confieso, lo que me hizo leerla por primera vez. Simplemente su foto en blanco y negro me pareció suficiente para abrir aquel primer libro de esta gran escritora. Aunque “El sur” ya parece que le perteneciera a Victor Erice, por plasmar trazos de esta obra de una manera tan magistral y elegante en su película, lo cierto es que detrás de ese sur, duro y delicado a la vez, estaba la que fue su mujer Adelaida García Morales (Badajoz, 1945, Dos Hermanas, Sevilla 2014).
En una ocasión leí una entrevista en la cual la escritora decía que escribir “El sur” le había servido de terapia. Y añadía que siempre había admirado mucho a su padre y al entrar él en una profunda depresión se produjo un distanciamiento y cierta amargura. Según contaba la angustia desapareció con la escritura del libro.
En “El sur”, la protagonista, una niña solitaria en una tierra casi solitaria, se refugia en el cariño de su padre, un ser al que todas las mujeres que la rodean, incluida su madre, intentan mostrar como a un hombre duro y sin sentimientos. Ella lucha por seguir viviendo entre la ternura que éste le muestra. Pero el padre lleva arrastrando vivencias y sentimientos que le hacen que cada vez se distancie más de ella, del mundo, algo que ni siquiera la chiquilla puede llegar a entender. Después, el tiempo, se lo aclarará todo.
El inicio de esta novela corta arranca con una fuerza que hace ya, desde el principio, inevitable su lectura. En mi opinión, la elección de la palabra “papá”, al final de esta primera oración, es clave para entender todo el dramatismo y la ternura que se esconden después en la obra:

“Mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá. Me han dicho que la hierba crece salvaje entre sus grietas y que jamás lucen flores frescas sobre ella. Nadie te visita. Mamá se marchó a su tierra y tú no tenías amigos. Decían que eras tan raro…”

En el siguiente párrafo la niña describe al padre cuando ya no es el mismo, cuando se acerca su decadencia:

“Te recuerdo en aquel tiempo más solo que nunca, abandonado, como si sobraras en la casa. Tu ropa envejecía contigo, os arrugabais juntos. En tu rostro, sombreado con frecuencia por una barba sin afeitar, fue apareciendo una sonrisa nueva, dura, cínica. Un día te vi llegar muy tarde casi de noche. No habías venido a comer. Sin duda creerías que nadie te esperaba. Te vi entrar por la cancela. Venías tambaleándote. No andabas, sino que te dejabas caer alternativamente sobre una pierna y otra. Por primera vez sentí que me habías abandonado.”

Cuando el padre, en alguna ocasión, contesta a su hija, siempre lo hace de una forma directa, dura pero sincera. Así el vínculo entre padre e hija se va haciendo cada vez mayor:

“Una vez me dijiste mientras comíamos: “Cuando seas mayor, no te cases ni tengas hijos, si es que quieres hacer algo de interés en la vida”. Y, después, como si fuera un comentario banal, añadiste: “Aunque sólo sea para tener la libertad de morir cuando quieras.” Lo dijiste en voz más baja, como si no te dirigieras a nadie. Nunca olvidé aquellas palabras desesperadas. Claro que no pensaba nada sobre ellas, eran como golpes brutales para los que yo no tenía respuesta alguna.”

En otra ocasión el padre le dice:

“Me empujabas casi con desprecio hacia los demás. “Tienes que vivir en esta sociedad, entre gente que piensa y actúa así. Tienes que ser como ellos, si no quieres ser una desgraciada.” No sabes como me llenaban de horror aquellas palabras tuyas tan falsas y pronunciadas con rabia. Emanaban un asco infinito hacia el resto de la humanidad, y pretendías que yo estuviera entre ellos. Me imponías una resignación sin sentido, como si yo no pudiera esperar nada más de la vida.”

La prosa de García Morales, una de las mejores escritoras de su tiempo, es inmejorable. Te atrapa, te seduce, te enternece y te endurece porque así son sus personajes, reales, seductores, duros y vulnerables.
“Bene”, o “El silencio de las sirenas”, o “Nasmiya” o “Una historia perversa”, son algunos otros libros de la autora, imprescindibles.
“El sur” está publicado en la editorial Anagrama.

© 2009 Araceli Cobos

06Ene/10

SIN MAÑANA. VIVANT DENON

UN-CUENTO-ERoTICO-A-ORILLAS-DEL-SENA
El escritor francés Dominique Vivant Denon (1747-1825) dejó un único relato escrito en toda su larga vida, titulado “Point de lendemain”, publicado en 1777 y traducido al español como “Sin mañana”. Este relato, publicado de forma anónima, destinado exclusivamente a su círculo de amistades más íntimo, se considera una de las obras maestras de la literatura erótica del siglo XVIII.
Un joven de veinte años cae en el placer y la inteligencia de dos mujeres a las que no puede resistire. El final es brillante y al abrir el libro uno puede respirar desde la primera página ese erotismo tan sutil que se estilaba en aquel tiempo.
Uno de los primeros encuentros que el joven tiene con la señora de T…, una de las damas que desea locamente, se describe de esta manera:
“Sucede con los besos lo mismo que con las confidencias: se atraen, se aceleran, se enardecen mutuamente. En efecto, no bien fue dado el primero, lo siguió otro, y otro más. Se agolpaban, interrumpían la conversación, la reemplazaban; apenas daban a los suspiros la libertad de escaparse. Sobrevino el silencio, se oyó (pues a veces se oye el silencio), y nos asustó. Nos levantamos sin decir palabra y echamos a andar de nuevo”.
Las escenas se suceden en un palacio situado en una montaña que desciende en terrazas hasta la orilla del Sena. En una de las habitaciones se da rienda suelta a la pasión y el joven lo describe así:
“Nos estremecimos al entrar. Era un santuario, y era el del amor. Éste se apoderó de nosotros; flaquearon nuestras rodillas, nuestros brazos desfallecientes de entrelazaron, y, no pudiendo sostenernos, fuimos a caer sobre un canapé que ocupaba una parte del templo. La luna se ocultaba, y su último rayo no tardó en llevarse el velo de un pudor que, en mi opinión, ya empezaba a resultar inoportuno. Todo se confundió en las tinieblas. La mano que quería rechazarme sentía los latidos de mi corazón. Quería huir de mí, y volvía a caer más enternecida. Nuestras almas se encontraban, se multiplicaban; nacía una en casa uno de nuestros besos.
Aun volviéndose menos tumultuosa, la exaltación de nuestros sentidos seguía sin permitirnos recobrar la voz. Nos comunicábamos en silencio mediante el lenguaje del pensamiento. La señora de T… se refugiaba en mis brazos, ocultaba su rostro en mi pecho, suspiraba y se calmaba con mis caricias; se afligía, se consolaba, y pedía amor a cambio de todo lo que el amor acababa de arrebatarle.”
Sobre este cuento Milan Kundera ha dicho que se encuentra entre las obras literarias “que mejor parecen representar el arte y el espíritu del siglo XVIII” y según el escritor la obra comienza “con la frase más bella de la prosa francesa”. Es esta:
“Amaba perdidamente a la condesa de…; yo tenía veinte años, y era ingenuo; ella me engañó; yo me enfadé, ella me abandonó. Yo era ingenuo, la añoré. Yo tenía veinte años, ella me perdonó; y como tenía veinte años, y era ingenuo, todavía engañado, pero aún no abandonado, me creía el amante más amado, por tanto el más feliz de los hombres.”

© 2009 Araceli Cobos

03Ene/10

TRES NOVELAS EN IMAGENES. MAX ERNST

LOS-SUEnOS-DE-MAX-ERNST
“Sabed que, desde que el hombre tiene memoria, la mujer 100 cabezas nunca ha tenido relaciones con el fantasma de la repoblación. Ni las tendrá: antes macerarse en el rocío y alimentarse de violetas escarchadas”
¿Quién es la mujer 100 cabezas? ¿quién el fantasma de la repoblación? Sólo el artista alemán Max Ernst (1891-1976) nos podría dar la respuesta, o quizás no… Este párrafo, con el que se inicia el comentario, está incluido en una novela fantástica que uno no puede parar de abrir. Abrir otra vez para volver a disfrutar, para volver a entender, para descubrir por primera vez. La novela titulada “Tres novelas en imágenes” incluye los siguientes trabajos: “La mujer 100 cabezas”, “Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo” y “Una semana de bondad”. La editorial Atalanta la puso a nuestra disposición hace un par de años.
Ernst, pieza clave tanto en el movimiento dadá como en el surrealismo, fue siempre un investigador infatigable que trabajó para, sobre todo, dar a conocer la interpretación del mundo de los sueños y la imaginación.
El epílogo que recoge el libro, escrito por Juan Antonio Ramírez, además de ser perfecto y dar datos históricos muy interesantes, es ameno y ayuda a entender esas imágenes que nos dejan desnudos. Buscamos texto y no encontramos más que dos o tres frases sueltas, buscamos un significado, y no encontramos más que la angustia de una imagen tras otra. Por eso, si se quiere ir sobre seguro, es mejor comenzar por el epílogo, los más valientes y soñadores pueden lanzarse al vacío con las imágenes.
De “La mujer 100 cabezas” me quedo con varias imágenes que me han llamado la atención y que se encuentran repartidas por los nueves capítulos de los que consta. Por ejemplo una imagen del capítulo segundo que viene acompañada del siguiente texto: “¿Este mono será católico por casualidad?, o una del capítulo tercero que se titula “La yaya”. La estampa que se incluye con la frase: “El gesto elegante del ahogado” me gusta también. En este primer libro observamos la vida de un ser imaginario.
“Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo” nos presenta a una joven que experimenta a través de sus sueños, el sexo en todas sus variantes.
De cada capítulo me gustaría destacar una imagen. Del capítulo primero, la introductoria que se apoya en el siguiente comentario: “El Padre: “Vuestro beso me parece adulto, hija mía. Venido de Dios, llegará lejos. ¡Vamos, hija mía, continuad y…”
Del segundo: “Marceline-Marie, saliendo del mar antropófago: “Todas mis alegrías tienen una coartada y mi cuerpo se cubre de cien fisuras profundas.”
“…la marcha se hace penosa. La tierra es blanda y blanca”. Marceline-Marie se despierta, un poco aturdida. Corrige su atuendo que, esta vez, es verdaderamente indecente, y se duerme de nuevo sonriendo. El sueño continúa.”, así se presenta esta imagen del capítulo tercero.
Y del último capítulo: “La anunciacion hecha a papá: “No os aflijáis, padre mío: mi esposo celestial se ha vuelto loco. Pero yo guardo en mi santuario la cabeza y los brazos que han tocado el trueno.”
“Una semana de bondad” está estructurada en diferente cuadernos que corresponden a los días de la semana. Los trabajos del primer cuaderno me gustan especialmente por la combinación que Ernst plasma de animales y personas. El segundo cuaderno, titulado como “Lunes” deja unas obras muy bellas en el que el agua es el protagonista.
En el tercero todas las imágenes transcurren en lugares cerrados y tienen mucho encanto.
En el cuarto cuaderno, el artista alemán vuelve a jugar con la pareja de humanos y animales, esta vez con aves como protagonistas y el resultado es espectacular.
Los capítulos restantes no guardan una estructura tan marcada pero sus imágenes son igualmente sorprendentes.

© 2009 Araceli Cobos

31Dic/09

CONCIERTO BARROCO. CARPENTIER

VIVALDI-Y-CARPENTIER
¿Tienen ganas de hacer otro viaje con Alejo Carpentier? Aquí les ofrezco otra propuesta, esta vez por Europa. Un viaje lleno de música y de divertidas anécdotas. Les dejo con un principio insuperable, de una historia preciosa también, “Concierto barroco”.
El argumento de “Concierto barroco” está basado en un hecho histórico: la composición y estreno en Venecia, en 1773, de una ópera de Vivaldi sobre Montezuma. Es una historia divertidísima que narra las peripecias de un indiano que en compañía de su criado, llega a Europa para buscar instrumentos musicales. Siempre que he leído esta “nouvelle” me ha recordado, de alguna manera, a Don Quijote y Sancho Panza.
El principio de la obra resume muy bien el desarrollo de la misma, elegante y divertida a partes iguales. Así comienza el escritor cubano a describir los preparativos del viaje:

“De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata labrada en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados; de plata los platos fruteros, de tres bandejas redondas, coronadas por una granada de plata; de plata los jarros de vino amartillados por los trabajadores de la plata; de plata los platos pescaderos con su pargo de plata hinchado sobre un entrelazamiento de algas; de plata los saleros, de plata los cascanueces, de plata los cubiletes, de plata las cucharillas con adorno de iniciales…Y todo esto se iba llevando quedamente, acompasadamente, cuidando de que la plata no topara con la plata, hacia las sordas penumbras de cajas de madera, de huacales en espera, de cofres con fuertes cerrojos, bajo la vigilancia del Amo que, de bata, sólo hacía sonar la plata, de cuando en cuando, al orinar magistralmente, con chorro certero, abundoso y percutiente, en una bacinilla de plata, cuyo fondo se ornaba de un malicioso ojo de plata, pronto cegado por una espuma que de tanto reflejar la plata acababa por parecer plateada…”

Otro párrafo de la obra, en el cual ya están de lleno disfrutando de su viaje. Parada: Madrid:

“Una noche, fueron de putas a una casa donde los recibió un ama obesa, ñata, bizca, leporina, picada de viruelas, con el cuellos envuelto en bocios, cuyo ancho trasero, movido a palmo y medio del suelo, era algo así como el de una enana gigante. Rompió la orquesta de ciegos a tocar un minué de empaque lagarterano, y, llamadas por sus nombres, aparecieron la Filis, la Cloris y la Lucinda, vestidas de pastoras, seguidas por la Isidra y la Catalana, que de prisa acababan de tragarse una colación de pan con aceite y cebolla, pasándose una bota de Valdepeñas para bajarse el último bocado.”

© 2009 Araceli Cobos

29Dic/09

VIAJE A LA SEMILLA. ALEJO CARPENTIER

EL-VIAJE-DE-ALEJO-CARPENTIER
Les propongo un viaje. Un viaje corto, un viaje único, un viaje inolvidable. Imaginen que no van a una playa ni se sientan en la arena, ni ven los barcos al fondo, ni el horizonte, no, no, nada de eso. Imaginen todo al revés. Imaginen que ustedes emergen del agua, que incluso eran un pez, un pez chiquitito, que después se convierte en delfín y después en un humano y después su horizonte es la arena, y caminan hasta alcanzarla, y allí se tumban sin pensar en nada. Parece interesante, pero no, no lo es.
El viaje más dulce, más interesante viene de la mano de Alejo Carpentier. Sólo un genio puede escribir el cuento “Viaje a la semilla”. Publicado en 1944 en una edición de 100 ejemplares, el escrito nos transporta a la Cuba colonial del siglo XIX y allí conocemos el nacimiento y la muerte de Don Marcial, Marqués de Capellanías, además de sus vivencias y la extraña y mágica historia de los muebles y objetos de su casa.
Periodista, musicólogo, escritor de libretos para ballet, el novelista Alejo Carpentier (La Habana, 1904- París, 1980) es un escritor único. El estilo barroco de sus trabajos y su teoría de lo “real maravilloso”, son temas de sobra conocidos por sus seguidores. Su infinita imaginación te transporta a lugares fantásticos en los que, sin embargo, todo es tan real…
Es mágico Carpentier. Pueden empezar abriendo cualquiera de sus obras: “¡Écue- Yamba-O!”, o “El reino de este mundo”, o “Los pasos perdidos”, o cualquiera de sus escritos, pero yo les propongo abrir “Viaje a la semilla”, dejarse llevar, y así empezar a conocer a este maestro de la literatura si es que ustedes aún no lo han leído.
La editorial Atalanta publicó un libro en 2008 donde se recogen éste y la “nouvelle” “Concierto barroco”.
Quisiera destacar algún párrafo del capítulo XII del cuento, uno de los más bellos en mi opinión.

“Las aves volvieron al huevo en torbellino de plumas. Los peces cuajaron la hueva dejando una nevada de escamas en el fondo del estanque. Las palmas doblaron las pencas, desapareciendo en la tierra como abanicos cerrados. Los tallos sorbían sus hojas y el suelo tiraba de todo lo que le perteneciera. El trueno retumbaba en los corredores. Crecían pelos en la gamuza de los guantes. Las mantas de lana se destejían, redondeando el vellón de los carneros distantes. Los armarios, los vargueños, las camas, los crucifijos, las mesas, las persianas, salieron volando en la noche, buscando sus antiguas raíces al pie de las selvas. Todo lo que tuviera clavos se desmoronaba. Un bergantín, anclado no se sabía dónde, llevó presurosamente a Italia los mármoles del piso y de la fuente. Las panoplias, los herrajes, las llaves, las cazuelas de cobre, los bocados de las cuadras, se derretían, engrosando un río de metal que galerías sin techo canalizaban hacia la tierra. Todo se metamorfoseaba, regresando a la condición primera. El barro se volvió barro, dejando un yermo en lugar de la casa.”

¿Han leído alguna vez algo más bello?

De este cuento hay momentos inolvidables y descripciones graciosas como una referente a la infancia de Don Marcial, cuando jugaba con su perro Canelo:

“Canelo y Marcial orinaban juntos. A veces escogían la alfombra persa del salón, para dibujar en su lana formas de nubes pardas que se ensanchaban lentamente. Eso costaba castigo de cintarazos. Pero los cintarazos no dolían tanto como creían las personas mayores. (…) Ambos comían tierra, se revolcaban al sol, bebían en la fuente de los peces, buscaban sombra y perfume al pie de las albahacas.”

Y otras, más irónicas, al hablar de su padre:

“Marcial respetaba al Marqués, pero era por razones que nadie hubiera acertado a suponer. Lo respetaba porque era de elevada estatura y salía, en noches de baile, con el pecho rutilante de condecoraciones; porque le envidiaba el sable y los entorchados de oficial de milicias; porque, en Pascuas, había comido un pavo entero, relleno de almendras y pasas, ganando una apuesta; porque, cierta vez, sin duda con el ánimo de azotarla agarró a una de las mulatas que barrían la rotonda, llevándola en brazos a su habitación. Marcial, oculto detrás de una cortina, la vio salir poco después llorosa y desabrochada, alegrándose del castigo, pues era la que siempre vaciaba las fuentes de compota devueltas a la alacena.
El padre era un ser terrible y magnánimo al que debía amarse después de Dios. Para Marcial era más Dios que Dios, porque sus dones eran cotidianos y tangibles. Pero prefería el Dios del cielo, porque fastidiaba menos.”

© 2009 Araceli Cobos