AQUELLOS VERANOS. GUADALUPE NETTEL

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Del día 12 al 16 de agosto de este verano, el diario El Pais publicó cinco artículos de la mexicana Guadalupe Nettel (México, 1973). Los artículos me encantaron y han hecho que me interese inmediatamente por esta escritora hasta ahora desconocida para mí.
Con esto quiero decir que, en muchas ocasiones, tanto los escritores como las obras de estos llegan a nosotros de una forma mucho más curiosa de la que podríamos llamar, ordinaria (ir a una librería, preguntar al librero por una autor, y comprar el libro). Y esto me gusta bastante, toparme con un escritor bien dentro de un artículo, dentro de una película, de una canción… Confieso, por ejemplo, que conocí a Jacques Prevert (Neuilly-sur-Seine, 1900, París, 1977) gracias a un libro abandonado de él que había en las estanterías de una pequeña boutique donde entré un día para comprarme un jersey. Una mujer elegantemente vestida, menuda y bastante guapa lo llevaba asomando en su bolso. Observé a la mujer y después la perdí de vista. Minutos después, descubrí el libro allí esperándome. Pregunté por la mujer, porque sabía que era de ella, pero ya se había ido. ¿Lo dejó queriendo? ¿Se daría cuenta de que la observaba y también a su libro? Gracias a aquella mujer conocí a este gran poeta.
Volviendo a Nettel, tengo que decir que estoy deseando leer alguno de sus libros. Su última novela se titula “El matrimonio de los peces rojos”. Ya tengo ganas de abrirlo. Mientras tanto, por si ustedes aún tampoco la conocen, dejaré un extracto de cada uno de sus artículos por si les llama la curiosidad y pueden ojearlos.

Artículo 1: “Saraswati”, publicado el lunes 12 de agosto de 2013
La entrada a este artículo explica ante que historia nos encontramos y lo que nos relatará en los siguientes.

“Durante los años setenta, una familia fragmentada se reúne por primera vez en la casa de la playa de la abuela paterna. El aislamiento da rienda suelta a la neurosis, así como a diversos sentimientos encontrados. Cada uno de estos cinco cuentos se centra en el punto de vista de uno de los personajes, en su historia personal y en su versión de aquellas vacaciones decisivas.”

Este primer artículo comienza así:

“Fui una niña sumisa y timorata. Mis hermanas y yo crecimos en una familia experimental, como las que abundaban en los años setenta. Nuestro padre, escultor de profesión, era, por paradójico que suene, un fundamentalista del hipismo. (…)
El interés por la India y su mitología lo acompañó desde muy joven, de ahí los nombres que nos distinguieron durante toda nuestra escolaridad: Uma, Saraswati y Kali. Quizás, por el hecho de vivir tan cerca de él, para mi hermana menor y para mí la personalidad de mi padre nunca representó un problema. Dicen que cuando uno se encuentra en el ojo del huracán no sufre sus estragos. A diferencia de Kali y de mí, Uma era hija del primer matrimonio de papá con una modelo francesa a la que abandonó por mi madre. (…)”

Saraswati se centra en Uma, y como todo giraba en torno a ella. De como su hermana se daba cuenta del poder que tenía y empezó a abusar de él. Su padre, al abandonar a su madre y dejarla a ella en Francia, de alguna manera había roto su vida, así es que sentía que tanto Kali como Saraswati, en ese sentido, eran unas privilegiadas, ya que habían tenido una familia que ella nunca tuvo. Al encontrarse en la playa ese verano, en casa de la abuela, todos querían agradarla, de ahí que ella abusara de todo y todos.

“En realidad, no resulta tan extraño que a una adolescente le dé por avergonzarse de sus parientes, más raro es que toda una familia se haya doblegado a ella. Las vacaciones, ese periodo extraordinario que nos aleja de la vida cotidiana y nos coloca, sin las barreras asépticas de la rutina, a merced de nuestros familiares, son el espacio perfecto para que afloren las tensiones ocultas y todos los síntomas de nuestra neurosis.”

Artículo 2: “Uma”, publicado el martes 13 de agosto de 2013
Aquí tenemos la visión de Uma, la francesa, la hermana “abandonada”.

“Durante muchos años viajé a Bacalar, una ciudad casi desconocida donde mi abuela paterna tenía una casa junto al mar. En ese entonces, yo vivía en Francia, con mi madre, quien trabajaba como jefa de prensa en una agencia de modelos. Papá, en cambio, vivía en México con su segunda mujer. Aunque dejaron muy pronto de vivir juntos, él y mi madre se tuvieron siempre un cariño profundo. Papá era escultor y pasaba por Francia uno o dos veces al año por cuestiones de trabajo. Al hacerlo, siempre se hospedaba en nuestro apartamento de la rue Sebastien Bottin. Durante ese par de semanas, se integraba perfectamente a nuestra vida familiar: compartía cama con mi madre y actuaba con ambas como si nunca se hubiera ido.”

“A diferencia de su comportamiento en Francia, donde se mantenía discreto, en México, por influencia de su nueva mujer, mi padre era un auténtico salvaje. Aunque ambos procuraban que no nos diéramos cuenta, mis hermanas y yo sabíamos que fumaban marihuana y bebían todas las noches. Criticaban con vehemencia a los vecinos del pueblo, a quienes llamaban reaccionarios o conservadores, y mandaban dinero a la selva, donde vivían sus amigos revolucionarios que luchaban en contra del Gobierno.”

“Nosotras nos queríamos ser las chicas “hippies” del pueblo. Queríamos ser como todas las demás.”

Y aquí viene lo interesante, como Uma aclara su soberbia, su presunta soberbia:

“Mis hermanas nunca habían salido de la península de Yucatán. No conocían París y tampoco ninguna ciudad europea. Por eso, y porque pensaban que yo encarnaba el estilo de vida al que aspirábamos, me sentí obligada a asumir el liderazgo de lo que en el fondo apoyábamos todas, incluida mi abuela: la revolución “anti-hippie”. Con la venia de mis dos hermanas, instalamos nuevos hábitos y nuevos modales dentro de la casa, reglas de comportamiento que todos debían seguir.”

“Como ocurre siempre que un nuevo régimen acaba de instaurarse, al principio hizo falta mano dura para defenderlo y muy a mi pesar asumí la desagradable tarea de reprimir a todo aquel que infringiera las reglas. (…) Por la sonrisa de mis dos hermanas menores y su actitud siempre dócil y cariñosa, comprendí que no lo estaba haciendo mal.”

Artículo 3: “Padre de familia”, publicado el miércoles 14 de agosto de 2013
“He vivido con muchas mujeres a lo largo de mi vida. Lo femenino ha inspirado mis esculturas desde el comienzo de mi trayectoria y está presente hasta en las más abstractas, aunque sea de manera sugerida.”

“A pesar de lo que opina la gente, soy un hombre esencialmente romántico. Estoy seguro de que, en algún lugar del mundo, existe una mujer perfecta para mí, y que, al igual que yo, ella me está esperando.”

“Los hombres somos destructores por naturaleza. Basta estudiar un poco las principales cosmogonías de la tierra para darse cuenta de que el principio masculino siempre acaba fragmentando la armonía”.

“Me hubiera gustado que, en una misma casa, vivieran mi madre y mis dos primeras mujeres con nuestras tres hijas. Hubo un tiempo en que intenté poner en marcha este proyecto. Le escribí a mamá, quien tenía una residencia en la playa en al península, y le pedí que nos invitara a pasar un verano con ella.”

“Mis hijas se entendieron perfectamente, mi madre se enamoró de sus nietas, mi mujer entabló con mi hija mayor lazos inesperados de complicidad. (…) Lo único desconcertante fue el rechazo que Uma desarrolló hacia mí durante las vacaciones.”

“Uma empezó a aparecer en mis sueños con la forma de la diosa que lleva su nombre y, al hacerlo, me aseguraba que era ella la encarnación de aquella mujer con la que siempre había fantaseado. Para entonces mi hija mayor rondaba los dieciséis. Su cuerpo era el de una mujer madura, en plena fertilidad. La duda amorosa, que tanta destrucción había causado a mi alrededor, volvió a aparecer con toda su fuerza y, lo que es peor, con mi propia hija. Fue por amor a ella, y a todas las demás, por lo que prescindí de mi proyecto de vida comunitaria y no volví a convocar jamás a la familia.”

Artículo 4: “Madelaine”, publicado el jueves 15 de agosto de 2013
“El matrimonio, y sobre todo la reproducción, deberían estar vetados para personas inmaduras. Cuando tenía veinte años cometí el error de enamorarme de Víctor, un chico mexicano apenas mayor que yo con mucho talento para las artes plásticas. Nos conocimos en París, durante una exposición colectiva que organizó el Palais de Tokyo, sobre artistas noveles del mundo.”

“Admiramos más a quienes no están junto a nosotros. Uma no había vivido de cerca el egocentrismo y la arbitrariedad de su padre, y, por supuesto, no podía sospechar todos los defectos que se derivaban de estos. Nos sabía, por ejemplo, lo malhumorado y grosero que puede ser mientras está trabajando. El hipismo de su padre la hacía soñar y, de alguna manera, determinó su carácter: Así, a los 14 años, Uma viajó sin mi consentimiento haciendo autoestop por varias ciudades de Francia, y durante ese trayecto se aficionó a la marihuana.”

Artículo 5: “Carta”, publicado el viernes 16 de agosto de 2013
En esta última entrega, es la madre de Víctor, y abuela de las niñas, la que escribe una carta a su hijo.

“Eres mi único hijo y sabes que te quiero sobre todas las cosas. Pertenecemos a dos generaciones muy distintas y entre nosotros existe un abismo ideológico. Lo que para ti es natural, para mi es simplemente impensable. Aún así apoyé tu estrambótica idea de instaurar en mi casa una comuna con tus dos esposas y sus respectivas hijas.”

“Me alarmé la primera vez que te descubrí mirándola sobre la arena con esa expresión que ya no era dulce sino de franca lujuria, pero no dije nada.”

“Fui yo la responsable de que Uma volviera antes de lo previsto a París. Llamé a su madre y, tras explicarle la situación, le pedí que adelantara su billete. Eres mi hijo y ella mi nieta. Los amo a los dos y por eso no voy a permitir que cometas ningún crimen.”

Me parece muy interesante como Nettel nos explica esos veranos de la familia en los que cada uno ha sentido algo diferente, a visto cosas muy distintas, ha callado lo que han querido o podido y ha sufrido y amado sin límites.

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