AGOSTINO. ALBERTO MORAVIA

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Es Agostino dulce y como tontorrón, pero con orgullo, mucho orgullo, y después orgullo herido. Es Agostino ese típico personaje de Moravia especial y mágico que se adentra en un mundo que le ahoga.
Agostino es un adolescente que tiene idealizada a su madre. Son gente bien que veranean en un lugar privilegiado, al lado del mar. Todas las mañanas el y su mamá van en barco y allí se relajan, la madre al sol, Agostino mirándola a ella. Pero todo cambia el día en el que su madre cambia de acompañante. Su madre, mujer guapa y aún jóven, se deja seducir. El hombre será el enemigo de Agostino, él que por fin le hace ver la realidad. Agostino sufre, sufre mucho por los desprecios de su madre, que por otra parte, son algo natural que él exagera. El aburrimiento le hace topar con otros muchachos, niños curtidos en el mar que no tendrán muchos miramientos con el dulce Agostino, pero con los que aprenderá varias lecciones de la vida. Los hijos de los marineros le sacan de su burbuja burguesa y a Agostino le toca estar a la altura.
Esta novela preciosa e imprescindible del escritor italiano Alberto Moravia (Roma, 1907, 1990) es igual que muchas de las obras de Moravia, llena de ese ambiente agobiante y dulzón en el que se ven encerrado los personajes y el lector, y del cual uno no quiere salir. Este maestro de las letras es autor entre otras de “La Romana” o “Los indiferentes”.
Su obra literaria se caracteriza por una crítica frontal a la sociedad europea del siglo XX, según él bastante hipócrita, hedonista y acomodada. Su estilo es austero y directo. Sus diálogos son perfectos pero lo que borda Moravia son sus personajes, con personalidades muy marcadas y siempre adentrados en un mundo lleno de situaciones extremas.
“Los indiferentes” publicada en 1929, fue su primera novela y la que le hizo saltar a la fama en Italia. En sus trabajos recurren los temas de la sexualidad, la alienación del individuo y el existencialismo.
“Agostino” fue escrita en 1941 en Capri, donde por aquel entonces vivía Moravia con su mujer la escritora Elsa Morante.

Estos son algunos párrafos sacados del libro. En estos dos primeros se advierte la admiración que el niño siente por la madre:

“De pronto la madre abría los ojos y decía que era un placer nuevo permanecer tendida con los ojos cerrados, sintiendo el agua fluir y ondear bajo al espalda. O bien pedía a Agostino que le alargara la pitillera, o mejor aún, que él mismo le encendiera el cigarrillo y se lo diera. Todo lo cual lo ejecutaba Agostino con atención afligida y trémula. (…) La madre, que nunca parecía saciarse de sol, volvía a pedir a Agostino que remara sin volverse: para entonces, se había quitado el sostén y se había bajado el bañador sobre el vientre a fin de exponer todo el cuerpo a la luz solar. Agostino remaba y se sentía orgulloso de ese ruego, como si se tratara de un rito en el que se le concediese participar. Y no sólo no le pasaba por la mente volverse, sino que sentía aquel cuerpo, allá, detrás de él, desnudo al sol, como envuelto en un misterio al que debía la mayor veneración.”

“Llevaba una camisola de gasa que le llegaba a medio muslo. Bajo las dos turgencias desiguales y desequilibradas de las nalgas, una más alta y como contraída, y la otra más baja y como distendida e indolente, las elegantes piernas se adelgazaban en una actitud perezosa, desde los muslos largos y fuertes hasta las pantorrillas y la exigüidad del tobillo (…) Todo el cuerpo, alto y espléndido, parecía, a los ojos aturdidos de Agostino, vacilar y palpitar en la penumbra del cuarto, y como por una fermentación de la desnudez, ora se ensanchaba desmesuradamente, reabsorviendo en la rotundidad hendida y dilatada de las caderas, tanto las piernas como el torso y la cabeza; ora se agigantaba, ahusándose y estirándose hacia lo alto, tocando con un extremo el pavimento y con el otro, el techo. Pero en el espejo, en una sombra misteriosa de pintura ennegrecida, el rostro pálido y lejano parecía mirarlo con ojos lisonjeros y la boca parecía sonreírle tentadoramente.”

Los chicos con los que se reúne Agostino le van a hacer ver otras realidades a las que aún estaba ajeno. Por ejemplo la prostitución:

“El Tortima le había explicado con mucha precisión a cuánto ascendía la suma que se pagaba y a quién se le pagaba, pero él no conseguía convencerse. ¿Qué relación existía entre el dinero, que suele servir para adquirir objetos bien definidos y de calidad susceptible de comparación, y las caricias, la desnudez, la carne femenina? (…) La idea del dinero que daría a cambio de aquella vergonzosa y prohibida dulzura, le parecía extraña y cruel; como una ofensa acaso agradable para quien la infería, pero dolorosa para quien la recibía.”

© 2010 Araceli Cobos

2 comentarios en «AGOSTINO. ALBERTO MORAVIA»

  1. Estimado Manuel, yo también seguiré tu blog. Me parece muy interesante y tiene un par de libros que desconocía y tengo ganas de leer.Entre ellos “El sonámbulo de Verdún” de Eva Díaz Pérez.
    Muchas gracias por seguir mi trabajo.
    Un saludo.

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